
Desde fines de los 80, cuando Jaime Roos comenzó a actuar con asiduidad en Buenos Aires y luego en diversas ciudades del interior, cada vez con más incondicionales seguidores, había hecho –fiel a su estilo– algunas pausas, pero nunca una tan prolongada. Su última presentación en vivo data de marzo de 2015, en Ciudad Cultural Konex. Pero el silencio que en los últimos años hubo en torno a su figura, y puntualmente en cuanto a la posibilidad de que retornara a los escenarios (porque en Uruguay también lleva un buen tiempo sin tocar en vivo) se rompió días atrás con dos noticias en paralelo: el anuncio de que en el segundo semestre de 2020 presentará un nuevo espectáculo para celebrar medio siglo de trayectoria musical y la aparición del libro Brindis por Pierrot, del periodista y escritor Mauricio Rodríguez, que a fin de año podrá adquirirse en varias librerías porteñas.
Los planes de Jaime y la productora AM son de montar primero en Montevideo un gran show (previo a una gira por el interior), con unos veinte músicos en escena, que podría ser en el Antel Arena (un espacio multipropósito de primerísimo nivel, con capacidad para 15 mil espectadores, inaugurado en noviembre de 2018) o sino varias presentaciones en el Auditorio Nacional del Sodre Adela Reta (espacio céntrico de excelente acústica, reinaugurado hace una década), opción esta por la que se inclina el músico.

La idea primaria era regresar al ruedo en la capital uruguaya y después “cruzar el charco” para realizar una gira por Argentina que, con suerte, recién se cristalizaría a fines de 2020. Pero la situación de inestabilidad que hoy vive Argentina repercute también en estos temas. “Estamos monitoreando cómo evoluciona la cuestión económica allá, quizás después de las elecciones tengamos un panorama más claro”, aseguró a Infobae Cultura una persona allegada a la producción, algo que no suena para nada ilógico teniendo en cuenta lo costoso que es montar un espectáculo de Roos en el exterior debido a su numeroso equipo de artistas y técnicos, a quienes lógicamente hay que costearle viajes, hospedajes y alimentación.
La plaza es grande y fans, con muchas ganas de volver a verlo de cerca y de escuchar sus temas con colores y aromas montevideanos, hay de sobra. Y fundamentalmente con el boca a boca, según pasan los años y las ausencias, se siguen sumando. De hecho, alguna vez Marcelo Tinelli percibió ese crecimiento exponencial y lo tentó para tener una super visibilidad en su show variopinto, invitación que Jaime -con buen tino- declinó, por no sentir ninguna relación y/o afinidad con ese mundo. Digresión aparte, y salvo algún imponderable, seguramente tras algunos ajustes (cantidad de artistas en escena y la billetera de la gente para dar en el clavo con el precio de las entradas), la particular voz del autor de Amándote volverá a escucharse de este lado del Plata, a esa altura, tras casi seis años de silencio.

En cuanto al libro Brindis por Pierrot, editado por el sello Estuario, su autor visita a Jaime en su casa de La Floresta (55 km. al este de Montevideo), donde está instalado desde 2015, y logra conversar varias con él sobre la placa homónima, aparecida en 1985 en plena apertura democrática. Brindis… fue un LP rupturista dentro de su trayectoria discográfica, principalmente porque las nueve canciones tienen una fuerte impronta de candombe y murga, y porque le dio visibilidad a Washington el canario Luna, aquella voz aguardentosa que a poco de comenzar entonando, con fuerza insuitada, el hoy clásico Me voy…. Como se han ido tantos… y que hasta ese momento solo era conocido en el ámbito carnavalero. El disco, además, tuvo gran aceptación del público en general (hasta el momento, con 25 mil copias es el más vendido de la historia de la música popular uruguaya) que palpó en él el sonido de la calle y llevó a los murguistas a no avergonzarse en ciertos círculos y a partir de ahí sí poder decir, con la frente en alto, “¡que eran murguistas!”.
El hilo del texto es la voz de Roos explicando en detalle la concepción de los temas (Brindis por Pierrot, Los Olímpicos, Aquello, Retirada, Cometa de la Farola, Durazno y Convención, Murga de la Pica, Los futuros murguistas y Adiós juventud), a la que Rodríguez suma, con tacto, material de archivo y testimonios de otros músicos.

Además de relatar situaciones precedentes, tanto de la trayectoria vital como artística de Jaime, o hablar sobre fuentes en las que abrevó para concebir con los años este fonograma, Rodríguez, no omite ahondar en el kilómetro 0 del músico y en su temprana experiencia europea.
Si bien comenzó a tocar y cobrar por ello a los 15 años, el autor de Colombina asegura, sin embargo, que su debut profesional fue, con la banda Los Robbers, en febrero de 1970 en “la fiesta de los paperos”, una celebración multitudinaria vinculada a la agricultura que se celebraba en un club del barrio Paso de la Arena. Cuenta que había bastante público y aún recuerda cómo le temblaban las piernas al subir al escenario.
Cuando partió a los 22 años al Viejo Mundo, en “Uruguay no podía más”, dice. Y recuerda, hoy riéndose, que encontró a muchos uruguayos y latinoamericanos que “no eran ni refugiados políticos ni refugiados económicos, sino que pertenecían a una categoría que yo inventé y a la que bauticé ‘refugiados mentales’. Un día estaba con un amigo y le digo: ‘ustedes son una manga de refugiados mentales. Y yo no sé qué soy, pero seguramente también’.”

En el libro, Jaime se explaya largo y tendido sobre la génesis de la canción Brindis por Pierrot. “Me llevó un año y nueve meses terminarla. Quería tomar una fotografía del mostrador. Del mostrador del boliche. Era difícil porque en ese lugar, además de grapa, hay espíritu. En el mostrador de un boliche de Montevideo que se precie hay inexorablemente dos elementos superiores: la muerte y la soledad. Son dos fantasmas inherentes al ser humano y que, por lo tanto, también flotan sobre la vida de otros individuos en otros lugares y quizás en cualquier época. Pero en nuestros boliches, la muerte y la soledad adquieren un volumen muy especial y muy difícil de describir. Fue una canción que yo pensé para el Canario Luna y el tema debía estar vinculado a su personalidad, a su lenguaje, sin olvidarme del sentido de la música. La letra de la canción es más larga de lo que suelen serlo las canciones populares y está basada en la figura de Pierrot, el payaso que llora. Llora a su manera porque no son precisamente lágrimas las que derrama. Llora a través de su canto”.
Habla también de la enumeración de nombres que “hace el personaje con la gente que lo rodea en el boliche, con su entrada abrupta, como me la imagino a nivel teatral diciendo: ‘¿No lo vieron a Molina?’, es el discurso desesperado de un borracho que siente que se le viene encima la muerte, que ya la ha vivido con sus amigos, y que está solo. Sin embargo, en medio de ese panorama aterrador, pega un grito final de coraje cuando dice: ‘Esta noche no tengo ni tumba, sin embargo el que canta soy yo’.”
Esta idea Jaime la reforzó años después, en una entrevista que dio a la revista montevideana Guambia, en 1994. Y luego de comentar que Susana la Tana Rinaldi hizo una versión “desastrosa” de Brindis por Pierrot, agregó: “A los argentinos no les importan los personajes. Porque yo no sabía quién era ‘Lovely Rita’ cuando escuchaba Sargent Pepper’s. Después me enteré que ‘Lovely Rita Meter Maid’ es la policía de tránsito allá, la que pone multas en los parquímetros. Y Mc Cartney le escribió esa canción a una mujer policía de tránsito… Dentro de mi repertorio hay un par de canciones que soportan un poco esa carga, como diciendo “Bueno, fuera de Uruguay es imposible que esas canciones se comprendan”. Cuando fuimos a tocar en Varadero (en 1988), en el festival cubano, elegían para pasar por radio Durazno y Convención y Brindis por Pierrot. En Buenos Aires pasa exactamente lo mismo. Son muy fáciles de comprender. Yo comprendo muy bien Penny Lane cuando la escucho y nunca estuve en Liverpool”, remata.
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