Para Martel, la idea de cupo es “patética”, pero “ha resultado ser una solución”.(AFP)
Para Martel, la idea de cupo es “patética”, pero “ha resultado ser una solución”.(AFP)

Venecia-Enviado especial. El Hotel Excelsior parece una fortaleza medieval . Sus torres, sus interminables paredones de ladrillos enormes, sus arcos por ventanas, y sus escoltas de seguridad, que durante el Festival de Cine de Venecia se multiplican y alejan a los curiosos que otean esperanzados para que una casualidad los coloque cerca de una celebridad, transmiten esa sensación de otra época. De allí sale Lucrecia Martel, directora argentina y presidenta del jurado del certamen de cine más antiguo del mundo, y camina despacio, junto a la encargada de prensa, hasta un punto de encuentro, el bar Leone d'Oro, enfundada en un trajecito y sus inconfundibles gafas.

El calor, como en toda ciudad mesopotámica, en la que el agua borra el horizonte con un capa de vapor que se confunde por neblina o smog, es abrasador. Y así, como en una charla de ascensor, comienza un diálogo informal. "25 grados, pero parece más", dice Martel. "Es que aquí no inventaron la sensación térmica", respondo. Y reímos. Reímos porque en la glamorosa isla de Lido hay algo que consigue transportarnos al país sudamericano de donde provenimos y quizá también porque hay algo onírico, de irreal, en toda la escena, como sucede en sus películas, donde el tiempo y el espacio parecen responder a reglas que a los otros, los que nos sentamos a mirarlas, se nos escapan.

Ya sentados en una sala -más fresca- del edificio principal de La Mostra, Martel asegura que haber sido nombrada para liderar el jurado del festival se siente "como un reconocimiento a la trayectoria". Rápidamente reflexiona y agrega: "Pienso que también hay razones mundiales de tratar de tener en estos lugares de decisión, como el jurado o el grupo de selección de películas, otras miradas, distintos tipos de directores: mujeres".

-De hecho, de los cinco presidentes jurados en las distintas categorías, cuatro son mujeres, ¿cree que ese es el camino para que haya una mayor diversidad, una apertura de miradas?

-Para mí la idea de cupo femenino es patética, pero me parece que en la transición que hay de un modelo muy excluyente de las mujeres, a un modelo más inclusivo del varieté que es la humanidad, el cupo ha resultado ser una solución. De hecho ayer recibí un mail, después de los comentarios que hice en la conferencia de prensa que hubo algún escandalete, sobre todo de gente que no escuchó lo que dije. Me escribió Kathleen Kennedy, que es presidenta de LucasFilms, la empresa que fundó George Lucas, y es productora de Star Wars y lo fue de E.T. Me escribió y me agradeció por lo que defendí y me dijo "porque yo soy productora gracias a que en 1973 hubo una ley de cupo, sino yo no hubiese tenido acceso a los lugares que después ocupé". El cupo es una medida que a nadie le gusta, imaginate la desconfianza que genera saber si estás siendo elegida por tus cualidades o si es realmente por otra razón. Esa desconfianza sucede en un principio, pero muy rápido esa situación revierte otras. Yo le decía al director del festival (Paolo Baratta) que hiciera un experimento por dos años de tener un 50/50 y ver si bajaba la calidad de la muestra y por supuesto que no va a bajar, simplemente porque si planteás eso, una gran cantidad de inversores van a buscar mujeres para producir.

-Justamente ese es uno de los argumentos principales que esgrimen los que están en contra de una mirada más diversa, que se pierde de vista la calidad, que no sería por mérito.

-Bueno, al principio veremos. Es una medida transitoria, hay muchas medidas políticas, económicas que son de transición, que son imperfectas, que a nadie le gustan, y que se aceptan porque van camino hacia algo. Esto es lo mismo. En Salta, el hecho de que se busque incorporar a personas trans en las funciones públicas, bueno, eso genera un cambio de mentalidad. Hay toda una cantidad de chistes y de prejuicios que se terminan simplemente por la proximidad. Con el tiempo, además se elegirán los méritos. Pero hay veces, cuando la sociedad es tan primitiva, que necesitás tener medidas imperfectas que generen aperturas. Después están los que dicen "Lucrecia, que llegó adonde llegó sin cupo", pero yo soy una excepción que es triste en todo caso y no se puede tomar la excepción como regla.

-Uno de los temas referidos a eso es la escasa cantidad de directoras que compiten. De 21 películas, solo hay dos dirigidas por mujeres. He leído en la prensa italiana cierta ironía crítica, diciendo que no hay que quejarse cuando se aumentó el 100%.

-Claro. Ahora yo como directora tengo que ver esta muestra, ¿eso va hacer que decida rápidamente por las mujeres?, claro que no. Eso es otra cosa, acá estamos en otra situación, pero para que ingresen más directoras se pueden tomar un montón de medidas en el camino, para abrir más ese horizonte. Es incomodísimo, a nadie le gusta, y a las que menos les gusta es a las mujeres. Pero ¿con qué medidas se logra una transformación? Si tenemos que esperar la paulatinidad de esto, pasa dentro de 20 años. Entonces, para acelerar las cosas…

-En su caso personal, ¿le costó mucho crecer dentro de la industria?

-Capaz que hubo una especie de no haberme dado cuenta a veces del maltrato al que habré estado sometida y estaba tan entusiasmada con lo que hacía que muchos obstáculos los saltée. Pero, ¿por qué vamos a pretender que todas las mujeres tengan esa personalidad? Si no entonces, finalmente, la gente más desquiciada o agresiva es la que logra hacer las cosas. ¿Si yo sentí violencia? Sentí cosas, pero también yo soy una mujer  latinoamericana, blanca, de clase media; nunca me faltó para comer ni dónde dormir, tuve acceso a una educación, a información, a medios. No soy tampoco cualquier mujer, no me puedo poner en el lugar de la pobrecita.

-De todas maneras, ser latinoamericana en Europa tampoco es un valor, no es lo mismo que ser francesa o alemana.

-Eso es si querés trabajar acá, pero yo nunca tuve interés en trabajar en Europa o Estados Unidos.

-Y justamente en EE.UU. se habló mucho sobre un posible acercamiento suyo a Hollywood, a partir del proyecto de Wonder Woman, ¿cómo se siente con respecto a esa industria?

-Hubo otros, aparte. Yo fui a un casting de directores, sabiendo las pocas chances que tenía porque me interesaba esa conversación y jamás voy a ser yo la que diga 'no' hasta que me digan que no a lo que yo quiero hacer. Nunca voy a ser yo la que diga que no a una oportunidad antes de saber cuál es. Y simplemente rompí esa confidencialidad porque me pareció que era importante discutir sobre las películas de acción. Ahora que estamos discutiendo sobre todo los temas con un poco más de profundidad, sustituir un héroe por una heroína no es suficiente; es el género lo que hay que repensar, la concepción de qué es acción, de si es posible pensar un género de acción sin enemigos o si siempre hay que construirlo. Ayer, hablando con Pablo Baratta, me decía que en la tragedia griega el destino era el enemigo, no sé, tendremos que revisar un poco a los griegos, pero una empresa no puede levantar la bandera de reivindicación de las mujeres si ha reflexionado tan poco sobre eso. Hoy es alarmante, vas a ver una película y en los trailers de repente son todas protagonistas y ya se siente que ahí han dado un paso, pero en algunos casos es oportunismo sin ninguna reflexión.

(AFP)
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-¿Pero ese oportunismo vacío no cree que en un sentido es como lo que hablábamos recién, que es un paso para romper un poco con el molde de la industria?

-Sí, tiene sentido en un punto, es un pequeño paso, pero tenemos que preguntarnos: ¿dónde nos vamos a quedar tranquilos? Quedémonos tranquilos cuando estemos pensando cosas más interesantes.

La presencia de esa película y de Polanski es muy buena para que pensemos en esa relación entre el hombre y la obra, en cuándo prescribe un crimen; para que pensemos ¿qué hacemos con un hombre que ha cometido una falta?, ¿lo ejecutamos y así nunca más tenemos que hacer las mismas preguntas?

-Es muy interesante lo que está sucediendo y lo que manifestó con respecto a Polanski revela un cambio. Que el cine no solo hay que pensarlo solo por lo que produce artísticamente, sino también por lo que genera socialmente, que era algo que al cine quizá le estaba faltando.

-A todo el arte le está faltando. No hay casi manifestación artística que genere una incomodidad en la sociedad. Y de hecho un festival como éste es un privilegio para que una pequeña parte de la humanidad, la que puede tener acceso, converse sobre cosas y para que las películas y los eventos en torno al festival nos generen un diálogo. Si eso no sucede, ¿qué es esto?, ¿un cine club? Y es que si no sucede, un cine club es más políticamente interesante que un festival y es una pena.
Y hay otra cosa: yo primero acepté ser presidenta del jurado, sin saber quiénes competían y sabiendo que no tengo ninguna injerencia sobre eso. Cuando supe que estaba la película de Polanski –a quien como director yo admiro y que ha sido fundamental, sobre todo en sus primeras películas, cuando yo era estudiante de cine– me incomodaba porque sabía que las preguntas iban a ir hacia mí. Y de hecho, en la conferencia, las preguntas sobre la presencia de Polanski eran hacia mí y es así, es razonable. Y yo pensé, ¿qué hago?, ¿renuncio? Con la mano rota era genial (NdR: tuvo un accidente practicando deporte), mucho más cómodo era estar en mi casa. Y pensé justamente que una asume esto el festival te está abriendo un lugar de poder y de reflexión y, pensé, ¿me voy a ir de ahí porque me incomode, porque sé que voy a tener que contestar preguntas difíciles? De ninguna manera. Y creo que la presencia de esa película y de Polanski es muy buena para que pensemos en esa relación entre el hombre y la obra, en cuándo prescribe un crimen, para que pensemos ¿qué hacemos con un hombre que ha cometido una falta?, ¿lo ejecutamos y así nunca más tenemos que hacer las mismas preguntas? Es compleja la transformación del mundo. Entonces, asumiendo esta cualidad política que tiene el rol, de ninguna manera iba a renunciar por Polanski y me iba a bancar todas las preguntas difíciles que vengan. Lo que yo no puedo hacer es estar en la sala aplaudiéndolo, aunque después me enteré que no puede venir porque tiene pedido de captura. Es un derecho que tengo, voy a ver su película con la misma fascinación que me han producido sus películas de antes, pero por lo que estamos luchando en Latinoamérica no puedo tener ese gesto odioso para con las víctimas.
Por otro lado, ponernos a expurgar la vida de todos los grandes artistas y prohibir las obras es una barbaridad. Jamás prohibiría ninguna obra, ahora hay gente que hasta dice que hay que sacar tal o cual cuadro, y no. Justamente esas son las cosas que nos hacen pensar, si sacamos los conflictos vamos a estar todos como unos bebés en un mar de leche. ¿Vamos a borrar toda la obra de Leni Riefenstahl porque apoyó al nazismo? No, veamos las películas y pensemos cómo es posible toda esa belleza con todo ese horror detrás. Y otra cosa que se dijo con respecto al tema Polanski, eso de que hay que separar a la obra del autor. Eso va en contra del hombre, porque él es sus actos en su vida privada y sus actos en sus películas. Si yo lo separo es como si dijera 'este hombre es un canalla, pero esta película es una belleza'. Yo creo que este tipo es complejo, ha hecho grandes reflexiones sobre la humanidad y ha hecho cosas terribles. Entonces, separar la obra del hombre sería condenar o la obra o al hombre. En cambio, si lo asumimos como la complejidad humana es mucho más interesante para pensar. Lo que hay que hacer es conversar, no juicios sumarísimos en la prensa. No escrachar y que eso ya sea todo. Yo no escraché a Polanski, simplemente dije que no iba a aplaudir por solidaridad con todas las víctimas con las que estoy en contacto en Argentina. Entonces lo que necesitamos como comunidad es conversar, no esquivar las preguntas difíciles. Es ver qué hacemos, porque no es fácil.

Roman Polanski no está en Venecia pero una película suya compite en el Festival
Roman Polanski no está en Venecia pero una película suya compite en el Festival

-Y cada vez aparecen más casos de denuncias de artistas, muchos músicos, generalmente con las redes sociales de por medio.

-¿Y qué hacemos?, ¿no tocan más?, ¿todo presos? ¿Una persona que dice una cosa y ya con eso hacemos un juicio sumarísimo? Y a la vez, ¿cómo hacemos con una Justicia que no ha escuchado los reclamos de las mujeres por muchísimo tiempo? Es tan complejo lo que tenemos que debemos encontrarle la vuelta, que lo que menos tenemos que hacer es evitar el conflicto.

La directora argentina Lucrecia Martel lidera el jurado del festival
La directora argentina Lucrecia Martel lidera el jurado del festival

Sobre el cine argentino y las nuevas plataformas

-Hace poco tiempo el cine nacional tuvo una gran pérdida con la muerte de José Martínez Suárez, quien un par de meses antes, en una nota con Infobae hizo unas declaraciones que generaron cierta polémica, en las que decía que el estreno de 4 películas por semana en el cine argentino era demasiado. Lo que se planteó entonces fue, ¿se debe bajar la producción o se debe aumentar la exposición? En ese sentido, los filmes suelen ir al Gaumont o a algún festival y luego desaparecen, ¿cuál es tu visión de este conflicto?

-Me parece que un país tiene que asumir su capacidad productiva en todas las áreas. Esa capacidad tiene que ser suficientemente variada, lo que es otro peligro. Porque decís 'vamos a reducir las películas', pero de qué punta. ¿Qué reducimos, la punta de las películas pobres o las de la ricas? Esto es así sin dudas, pero lo que es incuestionable es que nuestro país tiene abandonada la zona de la exhibición. EE.UU. pelea por su posición de pantalla como si fuera una guerra, con fuerza. Nosotros estamos todo el tiempo pidiendo disculpas para no alterar el libre mercado poniendo medidas que generen un mal vínculo. También hay otro argumento, que el público argentino no mira sus películas y es un argumento traicionero. Si a un chico lo alimentás hasta los 14 años con bife y huevo frito, andá a hacerle comer otra cosa después. El ser humano tiene hábitos y a lo que tenemos que exponer a nuestra comunidad es a la diversidad, es la mejor forma de que aparezcan nuevas ideas.

-Con respecto a la diversidad, ¿cree que en la industria argentina es más diversa que otras?

-Pienso que sí, no sé las cifras, pero tengo la sensación de que sí. También soy tan parte de la cosa que capaz que estoy juzgando por mis amigos y vecinos, pero sin dudas más que México o Brasil. Lo que sí sé es que si vemos la proporción de mujeres en las escuelas de cine, no tiene nada que ver con lo que pasa en la industria. Eso se va ir modificando.

-¿Sería entonces interesante tener cupo en Argentina?

-Yo pondría cupo para eso y para películas que sean de personas no blancas, indígenas, sino ¿cuándo van a aparecer? Imagináte todos los productores que irían a buscar a nuevas personas si eso sucediera. El mercado y la cultura se transforma de muchas maneras, no de una sola.

Las dificultades para financiar el cine

Hace ocho años que Martel trabaja en un documental sobre Javier Chocobar, un miembro de una comunidad indígena asesinado, pero entre tantos viajes debió interrumpir el proceso en dos oportunidades: "Es lo más difícil que hice en mi vida, todavía no lo terminé. Pensar el punto de vista es muy difícil cuando te acercás a otro mundo; hasta que entendí qué era lo que yo necesitaba o quería, me llevó mucho tiempo, años".

-Un poco es lo que le pasó con Zama, poder encontrar el punto de vista.

-Ese proceso en Zama me costó dos o tres años, creo que es lo normal, lo que sí fue largo fue encontrar el financiamiento y después fue brutal acortarla.

Ya no es tan fácil encontrar plata cuando querés hacer algo cuyo objetivo número uno ya no es llenar la sala, sino generar una obra que tenga alguna reflexión

-Siendo una directora premiada y de prestigio, ¿por qué cuesta encontrar financiamiento?

-Tan premiada no soy; hay una fantasía con eso, pero sí me gané cierto prestigio en el tiempo. Lo que pasa es que la dificultad de la industria es en todo el mundo, han cerrado muchos circuitos de cine que eran para otro tipo de películas, se ha puesto más torpe la oferta, demasiado parecida y donde las plataformas dan la sensación de que ofrecen una mayor diversidad, pero dentro de un esquema que no es tan diverso. Si analizás proporcionalmente la oferta de Netflix o Amazon, no hay diversidad. Y naturalmente esa retracción en el mercado hace que todo sea más difícil. Desde Lars Von Trier hasta los Coen, tienen dificultades. Esto lo sé por sus productores, ya no es tan fácil encontrar plata cuando querés hacer algo cuyo objetivo número uno ya no es llenar la sala, sino generar una obra que tenga alguna reflexión, que le genere algún tipo de experiencia al espectador que no sea el entretenimiento comercial.

(AP)
(AP)

-La lógica hace pensar que para este nivel de directores era mucho más sencillo.

-Yo también creía lo mismo, que iba a ser mucho más fácil. Y seguro es mucho más fácil para mí que para un director que recién empieza. En el Festival de Rotterdam, el año en que estaba presentando La Ciénaga, estaba Aleksandr Sokúrov que ya había hecho ocho películas, buscando financiamiento,al lado de un chico de 25 años, otro de 30. Con Zama tenía ya 47 años, tenía tres películas y estaba en Rotterdam buscando financiamiento. Me acordé de Sokúrov y me dije 'ah, claro, no es nada fácil'.

-Teniendo en cuenta el cambio que se está produciendo en la industria, con el ingreso de las plataformas, ¿le gustaría ingresar a ese mundo si pudiera llevar adelante un proyecto que le gustara?

-Para mí las plataformas no son un problema; el problema que veo es que sean una o dos empresas dominando la distribución del material, como antes pasaba con el sistema de estudios que producían el cine que veía el 80%  del mundo. Eso me molesta y también que hay una falsa oferta de diversidad. No es que están en lo experimental, es bastante mentiroso eso cuando ves la proporción. Está David Lynch, pero ¿cuántos hay como él? Y de golpe generan fenómenos como pasó con Roma, que parece que el idioma español dejó de ser una traba para ellos para elegir proyecto. No hay nada malo, malo, malo.

 

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