A pesar de ser un país de avanzada en muchos aspectos, Inglaterra ha tenido hasta muy entrado el siglo XX una dificultad enorme en reconocer los derechos de su población homosexual. Hasta 1967, un acto sexual consentido entre dos varones adultos estaba en contra de la ley. (La posibilidad de que dos mujeres tuvieran sexo entre sí ni siquiera era posible de mencionar en una ley). Algunos casos conocidos resultan especialmente impresionantes.

En 1953, el gran actor shakesperiano John Gielgud, fue arrestado y condenado a pagar 10 libras por cometer "actos obscenos" en un baño público. Gielgud pensó que su carrera estaba terminada pero en la siguiente presentación teatral fue largamente ovacionado, lo que mostraba que los tiempos estaban a punto de cambiar. La historia de Alan Turing (contada en la película nominada al Oscar Descifrando Enigma) es aterradoramente reveladora: el genial matemático, que participó en el desciframiento de las claves alemanas en la Segunda Guerra Mundial y que desarrolló las ideas más adelantadas sobre las posibilidades de la computación, fue acusado en 1952 de homosexual y condenado a una castración química. Dos años después se suicidó. Más de un político inglés en la década del 50 vio cercenada su carrera al ser descubierto en sus preferencias sexuales.

Miniserie “A Very English Scandal” con el protagónico de Hugh Grant
Miniserie “A Very English Scandal” con el protagónico de Hugh Grant

Sobre el trasfondo de estas tragedias se entiende que la vida del homosexual británico estaba cargada de secreto, humillación e hipocresía. Quienes ejercían algún tipo de poder podían establecer alguna pantalla protectora (que podía incluir hasta un matrimonio heterosexual) mientras que los menos afortunados vivían entre el secreto y el repudio.

El título de la miniserie que realizó la BBC contando el caso del político Jeremy Thorpe pone esta característica de la nación con mucha claridad: A Very English Scandal, un escándalo muy británico. El título es revelador: el asunto es tratado con todas las letras pero al mismo tiempo hay algo jocoso, de comedia. El veterano director Stephen Frears decidió contar esta historia sórdida y deprimente de manera ágil y divertida. El tono está más cercano al grotesco que al realismo costumbrista y el montaje es veloz, trepidante. Ayuda mucho la música: una alegre marcha instrumental a cargo de Murray Gold, que solo eventualmente, en algún momento especialmente grave, baja su tono y aligera su ritmo.

Jeremy Thorpe detenido
Jeremy Thorpe detenido

Los hechos son simples: en 1962, en plena ilegalidad de la homosexualidad, Jeremy Thorpe, un político inglés, líder del partido Liberal, entabla una relación con Norman, un muchacho varios años más joven de una clase social más baja. Cuando Thorpe da por terminada la relación clandestina, el joven Norman queda dolorido y resentido. Su corazón está roto y su vida se hace precaria. Norman quisiera recuperar el amor de Jeremy pero por sobre todas las cosas quería que le otorguen el carnet de la National Security sin la cual en la época era muy difícil conseguir trabajo y beneficios sociales.

La historia continúa a lo largo de más de una década. No daremos detalles en beneficio de la sorpresa continua que ofrece la miniserie pero los condimentos tienen casamientos, cambios de apellido, carreras como modelo, un juicio, suicidios e intentos de asesinatos. Algunas de estas cosas suenan tremendas, y lo son, pero en A Very English Scandal se las presenta como si de una brutal autoparodia nacional se tratara.

Si alguien tiene credenciales para burlarse de esa manera de Inglaterra, ese es el director Stephen Frears. Arrancó su carrera con películas independientes y un poco sórdidas, como Ropa limpia, negocios, sucios, (1985) y Sammie y Rosie van a la cama, (1987). Pasó por Hollywood donde tuvo algunos puntos altos (Héroe accidental, 1992; Alta fidelidad, 2000) y volvió a retratar a su país con la figura máxima en La Reina (2006). Es una carrera extraordinaria donde ha hecho de todo: películas grandes, chicas, guiones originales, adaptaciones literarias, documentales, especiales para televisión, etc. Entre las películas no mencionadas para no aburrir con la enumeración hay algunas sencillamente magistrales y otras pequeñas y encantadoras. En muchas de ellas dibuja el rostro de su país en las últimas décadas y A Very English Scandal es como su culminación.

Ben Whishaw en “A very English scandal”
Ben Whishaw en “A very English scandal”

Los dos personajes en pugna son sobresalientes. Hugh Grant compone a un Thorpe repugnante y encantador al mismo tiempo, como sólo un político inglés puede serlo. Pero la verdadera revelación y el que marca el pulso de la miniserie es Ben Whishaw como Norman. Arranca como un personaje patético, ridículo y sin brillo. A lo largo del recorrido va ganando en encanto y carisma y termina reivindicado con el aspecto de un David Bowie sin plata. En su recorrido ascendente se puede revisar la historia oculta y acomplejada de Inglaterra y la homosexualidad.

*A Very British Scandal, Reino Unido, 2019, dirigida por Stephen Frears, ofrecida en tres capítulos de aproximadamente una hora cada uno, está disponible en la plataforma Flow.

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