La crisis política en el Reino Unido es fenomenal. Hace más de dos años, sus habitantes votaron en un referéndum salir de la Unión Europea (UE). El 29 de marzo de 2017 se hizo la presentación oficial del pedido de salida (conocido como Brexit) que debía cumplirse a los dos años, de manera ordenada y con acuerdo con la UE.

Ese plazo venció hace unos pocos días pero el Parlamento no pudo ponerse de acuerdo con ninguna de las propuestas para la transición de su Primera Ministro, Theresa May, ni tampoco con la posibilidad de salir sin acuerdo o de cancelar el Brexit o convocar a un nuevo referéndum. La nueva extensión del plazo otorgada por el organismo europeo determina que el viernes 12 de abril, si no se alcanza algún consenso en el Parlamento británico o si no se consigue otra extensión del plazo, el Reino Unido sufrirá una salida dura de la UE, sin acuerdos.

De un día para otro la frontera entre las dos Irlandas (una quedaría dentro de la UE y la otra no) volverá a ser una frontera controlada -con la posibilidad de reabrir viejas heridas- y la condiciones de migración y de comercio entre los países europeos y los del Reino Unido dejarán de ser fluidas y sin controles. Las consecuencias políticas y económicas son incalculables.

Diarios británicos que revelan la crisis del Brexit
Diarios británicos que revelan la crisis del Brexit

¿Cómo se llegó a esa decisión? ¿Cómo fue que los habitantes de un país desarrollado y con altos niveles de educación y bienestar decidieran iniciar un proceso político tan controvertido y que dos años después no encontraran la forma de instrumentarlo? Una respuesta ambigua, doble, muy entretenida y apasionante la de la película Brexit, producida por Channel Four y emitida por HBO, con Benedict Cumberbatch como protagonista absoluto.

Cumberbatch (conocido por la serie Sherlock Holmes) interpreta a Dom Cummings, el líder de la campaña por el leave (salir) en el referéndum. Cummings simboliza dos cosas: la comprensión de la frustración de un sector de la población, que se siente amenazado por la globalidad y la inmigración, y el entendimiento de que las campañas políticas ahora pasan por el uso de big data, con avisos direccionados al perfil de cada uno de los votantes.

El personaje de Cummings articula toda la película. Es un outsider de la política, que desprecia a los viejos lobistas y a las prácticas tradicionales. Su actitud corporal es manifiesta: camisa afuera del pantalón, mochila, mangas arremangadas, toda una cuidadosa desprolijidad que contrasta con los trajes cruzados de los políticos de derecha y de los trajes rectos de los políticos eurófilos. Cummings es un genio de la comunicación política y tiene todos los tics de los genios: es antisocial, escucha ruidos en su cabeza, se encierra en un armario para escribir y desprecia a todos sus semejantes.

Brexit, interpretada por Benedict Cumberbatch
Brexit, interpretada por Benedict Cumberbatch

Brexit desarrolla en paralelo, sin dejar en claro si uno de los dos le parece más importante, dos motivos por los cuales ganó la opción de salir de la UE en el referéndum. Uno es conspirativo: un nerd, experto en información, le revela a Cummings el secreto de Internet, que no es otro que poder identificar las preferencias de los votantes, con la potencia de los big data, de acuerdo a su actividad en las redes sociales. La propaganda dirigida, mezclada con alguna cuota de fake news puede hacer lo suyo.

El otro es mucho más interesante y tiene que ver con la estructura social, no solo del Reino Unido, sino de todo el mundo. El escritor David Goodhart (editor durante años de Prospect, una revista de corte progresista y liberal) lo define muy bien en el libro The Road to Somewhere: The Populist Revolt and the Future of Politics. Allí, Goodhart dice que el Brexit (y el triunfo de Trump en EEUU, más el crecimiento del populismo xenófobo en el mundo) revelan una fuerte división en la sociedad. Por un lado están los que ven el mundo desde algún lugar (los somewhere), con raíces sólidas en una comunidad determinada, respeto por las tradiciones. En general son de clase media, blancos, de educación media o baja y probablemente la economía post industrial los dejó con algunos problemas laborales.

Los otros son los que ven el mundo desde cualquier lugar (los anywhere), más educados, confiados en la globalización, dispuestos a dejar su lugar de nacimiento para trabajar en otra parte. Goodhart se define como anywhere pero compasivo, y buscando un punto de contacto con los somewhere. Esto es muy interesante porque (esto lo digo yo, no necesariamente Goodhart) uno de los motivos de la rebelión populista que encumbró a Trump y dejó a el Reino Unido al borde del descalabro, es una irritante sensación de superioridad moral de unos sobre otros.

Esto en EEUU se ve claramente en las elites de las costas: el New York Times y el New Yorker, pero también los actores progres de Hollywood y los conductores de late night shows. Sus imitaciones despectivas a Donald Trump no han hecho más que reforzar a la tropa propia con sus convicciones y alienar a quienes encontraron en el excéntrico presidente una voz que les haga expresar su descontento. No hace falta considerar a Trump una persona respetable para entender en ese reclamo una necesidad legítima.

La película Brexit lo expresa en una escena un poco forzada pero muy ilustrativa. Los partidarios del remain (quedarse) hacen unos estudios de focus groups, con cámara Gesell. Harto de las insensateces que decían dentro del grupo estudiado quienes proponían la salida de la UE, el líder de la campaña por el remain, Craig Oliver, irrumpe en la sala de discusión (un comportamiento disparatado que el espectador tiene que aceptar porque sí) para explicar los motivos para quedarse en Europa y las falacias y mentiras de la campaña rival.

La conversación se torna áspera y violenta hasta que una de las partidarias del Brexit estalla en llanto, harta de ser tildada de racista simplemente por expresar sus miedos e inseguridades. La escena (muy elogiada por la crítica) tiene todas las características del psicodrama y se sale un poco del tono humorístico de la película, pero ilustra con enorme precisión el punto de David Goodhart. Hay un reclamo que de alguna manera hay que escuchar porque si no, lo capitalizan las fuerzas más retrógradas.

Es difícil, si no imposible, saber cómo se va a resolver la cuestión de la salida del Reino Unido, ahora que sus habitantes y legisladores se encontraron con la realidad de que instrumentar un grito de enojo es más complicado que proferirlo. La película, con sus trampas y su ambigüedad, es enormemente entretenida y razonablemente didáctica. El proceso es aterrador y fascinante. Brexit muestra su gestación.

 

*Brexit (Brexit: The Uncivil War), Reino Unido, 2019, 93', dirigida por Toby Haynes sobre libro de James Graham, está disponible en HBO GO.

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