“La favorita”, candidata al Oscar
“La favorita”, candidata al Oscar

Gimnasia artística, simulacros de asesinato, operaciones a corazón abierto, humanos que se transforman en perros, sexo mecánico, aviones que caen en el jardín y carreras de patos componen el universo cinematográfico de Yorgos Lanthimos, el director griego que luego de filmar durante 20 años en su país natal conquistó Hollywood con sus historias enrevesadas que reflejan a una sociedad que sólo puede vincularse a través de relaciones de poder. La autoridad y la sumisión componen el código de convivencia en sus siete largometrajes dirigidos en solitario, desde 2005 con Kinetta hasta La favorita, su reciente película que, luego de ganar el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia, obtuvo diez nominaciones a los Oscars.

Protagonizada por Olivia Colman, Emma Stone y Rachel Weisz, La favorita sitúa un conflicto amoroso lésbico -y las disputas por la toma de control- entre tres personajes femeninos a principios del siglo XVIII. Mientras Inglaterra y Francia están en guerra, en el interior del palacio estalla una batalla entre cuatro paredes: una ambiciosa sirvienta, Abigail, enfrenta a Lady Sarah, mano derecha y amante de la reina, para convertirse en la mujer preferida de una monarca con baja autoestima. ¿Cómo vencer a una persona que no tiene nada que perder? Poniendo en práctica estrategias de guerra para ganar o defender el territorio íntimo de la reina, que vive con 17 conejos, reemplazando a cada uno de sus descendientes muertos.

Guionada por Deborah Davis y Tony McNamara, la octava película de Lanthimos carga de erotismo los volados de las cortinas y los empapelados rococó, fusionando el universo simbólico de Alicia en el País de las Maravillas con los códigos de un melodrama pasional que le da lugar al humor en los momentos más inesperados. Pero detrás de esa decoración sobrecargada, en la profundidad de las pelucas blancas y abultadas que se usan en la corte, las características de la particular mirada áspera de Lanthimos sigue intacta como en sus humildes comienzos.

Lanthimos filmando “La favorita”, con Emma Stone
Lanthimos filmando “La favorita”, con Emma Stone

Con gran influencia de Robert Bresson y John Cassavetes, Lanthimos entendió que el secreto de un autor no es inventar la pólvora, sino encontrar formas propias para fabricarla. Modos de representación que lo vuelvan reconocible al ojo del espectador. Cosechando fanáticos y odiadores por partes iguales; amor y rechazo en su máxima intensidad, el director de 46 años edificó una obra obsesiva, junto a su dupla guionista Efthymis Filippou, para retratar el comportamiento humano de maneras tan extrañas que nos obliga a redescubrir las miserias cotidianas. Ver nuestro mundo como si fuéramos turistas recién llegados al planeta Tierra. Marcianos que observamos por primera vez los rincones más oscuros ajenos para conocer los propios.

Yorgos Lanthimos
Yorgos Lanthimos

A través de escenarios cercanos revelados como sátiras o relatos de ciencia ficción, desde un lugar tan lúdico como perturbador, Lanthimos dibujó con gracia y sin tapujos las respuestas a preguntas que no nos animamos a formular. "Nunca nada es tan claro como se ve en el cine. La mayoría de las personas no saben lo que desean o lo que sienten. Solamente en las películas se sabe bien cuáles son los problemas y cómo resolverlos", decía John Cassavetes. De eso se trata el cine de Lanthimos: de distanciarnos lo más posible del espejo para comprender de qué estamos hechos por dentro. Sea de nuestro agrado o no.

1-Bailar es perder el miedo al ridículo

En el cine contemporáneo, lamentablemente, se baila poco. Poder estudiar en pantalla grande el mecanismo de los cuerpos cuando responden con movimientos a un conjunto de compases es una de las razones más fuertes por las que la existencia del cine cobra una necesidad vital. Lanthimos hace bailar a sus personajes como si fueran marionetas que se escapan de su show habitual para estrenar pasos nuevos. Coreografías jamás experimentadas. "Envío mensajes con mis pies.", contaba el bailarín Fred Astaire. Los personajes de Lanthimos envían mensajes con todo el cuerpo. De la nariz al dedo gordo del pie. De la rodilla derecha hasta la oreja izquierda. Danzan hasta los músculos quietos, los órganos que solo se ven en ecografías. Todo el cuerpo se vuelve visible en las películas del director griego. De afuera hacia adentro, y de adentro hacia afuera. Recordándonos todo el tiempo qué perdimos al no bailar. La danza en las películas de Lanthimos es un recurso para el vínculo entre personas. Pero también es una forma de liberar la tensión que provoca sostener el sistema de reglas de disciplina para ser parte de una sociedad. El protocolo y ceremonial que nos permiten ser aceptados y, en el mejor de los casos, queridos por el otro.

Imagen de “Alps”
Imagen de “Alps”

La dirección de actores es muy singular: los personajes se mueven y reaccionan como si ellos también hubieran sido invitados a ver el mundo con ojos marcianos. Bailando de maneras inusuales y pronunciando palabras con determinada entonación que las vuelve vírgenes al oído. Las sílabas son lanzadas con la fuerza de una bala porque el lenguaje es la mayor arma en el cine de Lanthimos. Invitándonos a cuestionar la pasividad individual y colectiva al aceptar las reglas del juego en un mundo que necesita que no pensemos por nosotros mismos. Que simplemente obedezcamos por miedo a ser desalojados. En todas sus películas la realidad es un castillo de arena que se construye en medio de una playa desolada. La verdad como artificio y el aislamiento son algo primordial para señalarnos quiénes somos y dónde estamos parados.

Con una carrera extensa, cargando más de 50 personajes sobre sus espaldas, Colin Farrell halló en Langosta (2015) y El sacrificio de un ciervo sagrado (2017) una manera de actuar no transitada por él hasta ese momento. Lo conocido otra vez se refleja de manera deformada. El director griego contó en una entrevista que lo primero que trabaja con los actores, mucho antes de practicar la letra, es pedirles que hagan acciones ridículas para perder el miedo a verse así. Y eso es justamente el poder del baile: exorcizar el temor al ridículo.

“El sacrificio de un ciervo sagrado”
“El sacrificio de un ciervo sagrado”

2-La desesperación no toma atajos

El vínculo entre los personajes de los siete largometrajes de Lanthimos es vertical. Los protagonistas se definen por las relaciones de poder que establecen con el prójimo. Y la competencia es cuestión de vida o muerte, sea por dinero, prestigio, o simplemente por obtener un par de stickers. El único placer que conocen es ganarle al otro. Una pulseada tan reñida que a veces es necesario involucrar al cuerpo entero para culminar la batalla. En Kinetta, su primer largometraje dirigido en solitario luego de filmar junto a Lakis Lazopoulos en 2001 O kalyteros mou filos (My Best Friend), presenta un grupo de personas intentando resolver en una pequeña ciudad de Grecia, casi vacía, una serie de asesinatos. Para ello, un hombre y una mujer luchan una y otra vez sobre el suelo, recreando lo que jamás podremos ver. La rivalidad es física. En Canino (2009), la película que le abrió la puerta a los festivales más importantes del mundo, el vínculo de poder está arraigado en la familia. Un padre somete a sus hijos a vivir encerrados en un cofre con forma de casa, sin contacto con el mundo exterior. Educándolos a través de métodos manipuladores y mentiras poderosas para que jamás abandonen el hogar, ni el respeto a la autoridad. Alps (2011) exhibe la fragilidad que puede provocar en una persona la pérdida de un ser querido, y cómo esa debilidad recién estrenada despierta la fortaleza de quienes son capaces de aprovecharse de la situación. Un grupo llamado "Los Alpes" se ocupa de reemplazar a los muertos para tapar el vacío que dejaron en la mesa o en la punta de la cama. Hay un pacto entre los locatarios y locadores de este terreno perverso en donde los sistemas no deben quebrarse. Y si el destino pretende romperlos, solo queda aplicar una curita para unir los fragmentos rotos. Dentro del grupo "Los Alpes" también hay una pirámide de puestos altos y bajos. Cada uno con su apodo de montaña. De la más pequeña a la más grande.

“Canino”
“Canino”

Langosta (2015), la primera película de Lanthimos filmada lejos de Grecia, expone, con ayuda de una voz en off, una sociedad donde la soledad no es una opción. Estar en pareja es obligatorio. Quienes duermen sin necesidad de compartir las sábanas deben permanecer en un hotel particular con el objetivo de encontrar pareja. Los hospedados son vigilados y castigados por quienes dirigen el experimento en caso de no respetar las condiciones del establecimiento. El sacrificio de un ciervo sagrado (2017) muestra la contracara de Canino: un padre que al no poder dar órdenes en su casa, construye la voz de autoridad en su profesión, la medicina, y EN el vínculo de poder que ejerce un doctor sobre su paciente, quien pone su vida en las manos de un otro. El personaje de Colin Farrell pierde sus privilegios cuando el hijo de un paciente al que operó venga la muerte de su padre manejándolo como un títere, logrando que pierda el control de su propio sistema.

Afiche de “Langosta”
Afiche de “Langosta”

La favorita (2019), su más reciente película -ya sin su dupla Efthymis Filippou- que traza un relato liderado por corsets, enaguas y peinetas, establece los vínculos de poder de la forma más explícita, sin metáforas ni mensajes encriptados. Una reina que pierde los estribos al pensar que Lady Sarah puede dejar de quererla, sin importar que sobre su corona pesa la decisión de cesar o continuar una guerra con Francia. "El amor tiene límites", le dice Lady Sarah a la Reina Anne. "No debería ser así", remata la mujer, que tiene más sirvientes que conejos. En esa diálogo contundente reside la esencia de los vínculos  enfermizos entre los personajes esculpidos por Lanthimos: no es el amor lo que los mueve sino la desesperación.

“Alps”
“Alps”

3-Las reglas se inventaron para trasgredirlas

Si bien las películas de Lanthimos han cambiado a lo largo del tiempo, y sobre todo como consecuencia de las modificaciones de los modos de producción, hay una característica que jamás abandonó: la perdición por el juego. Literal y simbólico. En Canino los personajes juegan a ver quién aguanta más minutos sin respirar debajo del agua; en Alps, juegan al Dígalo con mímica, interpretando a cantantes o a héroes de acción; en Langosta los hospedados tienen que cazar con escopetas a los individuos solteros que se esconden en el bosque; en La Favorita practican tiro al pichón como deporte recreativo. El aspecto lúdico se desata para tolerar cierta crudeza que empapa a los relatos de Lanthimos, permitiéndonos experimentar un movimiento constante de emociones inquietas. Mudarnos de la risa al espanto, y del placer a la culpa. La comedia no quita el horror, y el miedo no invalida la carcajada. Un conjunto de sentimientos que compiten entre sí como si fueran los protagonistas de una película del director griego.

“La favorita”, la última película de Lanthimos
“La favorita”, la última película de Lanthimos

Pero los juegos están presentes también porque las reglas como receta de adoctrinamiento son parte fundamental de la obra de Lanthimos. Su cine se basa en vislumbrar clanes que funcionan como un reloj hasta que se trasgreden las condiciones de convivencia. Ya sea arrancándose el colmillo derecho a martillazos para poder huir de casa, rompiendo un pacto sagrado; confundiendo la profesión de usurpadora con sentido de pertenencia; escapando al bosque antes de estar atado a una persona por obligación. Más o menos extremo, las consecuencias de pretender violar las reglas de juego se hacen tangibles en la pantalla en forma poética o bajo la luz visceral de la tragedia griega. Quedando en evidencia dentro del plano todo aquello que tenemos que atravesar para lograr deshacer las normas que nos permiten ser partícipes de una oficina, una familia o una corte. Una crítica social que enuncia una y otra vez, a partir de distintos escenarios, lo dormidos que a veces decidimos estar con tal de no animarnos a patear el tablero de ajedrez, o a jugarlo con reglas nuevas. Y si Lanthimos nos hace ver nuestro mundo a partir de ojos marcianos es justamente para darnos la posibilidad de habitar la Tierra de otra manera. Abandonando viejas costumbres tranquilizadoras para hallar formas desconocidas. Con la liberación y el peligro que eso implica.

“La favorita”
“La favorita”
 

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