Qué ocultan los museos. Cuál es la razón por la que la gran mayoría de las piezas que componen su acervo nunca tienen la oportunidad de ser apreciadas por el público y por qué el canon decide qué es lo apto para exhibirse.

Desafiando, quizá, algunas de estas premisas, la autoridades del Museo Kunsthistorisches (de Historia del Arte) de Viena, Austria, convocaron al gran director de cine Wes Anderson, quien junto a su esposa, la autora y escenógrafa Juman Malouf, presentaron Momia de musaraña en un ataúd y otros tesoros, una muestra única e irrepetible en el mundo.

Wes Anderson y Juman Malouf (KHM-Museumsverband, foto Rafaela Proell)
Wes Anderson y Juman Malouf (KHM-Museumsverband, foto Rafaela Proell)

Lo que hace a la exposición especial no es solo la participación del director de Vida acuática, Los excéntricos Tenenbaum y Viaje a Darjeeling, sino el metodología curatorial: la pareja tuvo acceso a lo largo de dos años a todo el inventario del museo, más de 4.5 millones de pieza, de las que seleccionaron 450 objetos- 350 fueron rescatados del olvido y 200 de ellos jamás habían abandonado sus sótanos- y construyeron, a partir de allí, ocho salas sin ningún tipo de continuidad, ni título, ni conección, priorizando patrones, tonalidades, mixturando épocas y orígenes de las piezas.

Sarcófago para un ratón del siglo IV aC
Sarcófago para un ratón del siglo IV aC

Entonces, para componer Momia de musaraña en un ataúd y otros tesoros, Anderson y la libanesa Malouf, quien además tiene un Master en Bellas Artes e Historia del Arte, tuvieron a su disposición las catorce colecciones del museo: pinturas de los maestros de la antigüedad; piezas egipcias, griegas y romanas; el tesoro, la armería y el carruaje imperial; el gabinete de monedas, y otras como instrumentos musicales, parafernalia teatral y libros, como así los objetos del Kunstkammer (Cuartos de maravillas).

En esencia, una gran muestra que rompe con la relación binómica clásica entre el observador y el objeto a ser apreciado, enraizado en un contexto histórico, y que abre el juego hacia una propuesta donde lo estético y lo extraño, aunque no es una puesta basada en la "rareza" per se, generan un nuevo escenario, una obra de arte coral que dispara la subjetividad sin anclas temporales.

El recorrido comienza con dos pinturas del siglo XVII de los fastuosos banquetes imperiales de la corte de los Habsburgo, quienes con su afán de coleccionistas contribuyeron en gran medida al patrimonio del museo.

Por supuesto, aquellos que busquen Boy with apple, la pintura desaparecida en El Gran Hotel Budapest tampoco podrán encontrarla aquí. Sin embargo, hallarán además de un sarcófago para un ratón del siglo IV aC a los célebres retratos de Petrus Gonsalvus (Pedro González), el gentilhombre que fue regalado siendo niño a Enrique II de Francia y que padeció la enfermedad de la hipertricosis, lo que le valió el mote de El Salvaje Gentilhombre de Tenerife o el Hombre Lobo Canario y que fue la inspiración para La Bella y la Bestia.

Otra de las joyas es un autoretrato de Sofonisba Anguissola, de 1554, la primera pintora italiana de éxito del Renacimiento, que había sido clasificada como "curiosidad" en el patrimonio.

El concepto del Kunstkammer o Wunderkammer, esa colección de extrañezas de todos los rincones del planeta anterior a la Ilustración, -que fueron la semilla no solo de este museo tal como se lo conoce en la actualidad, sino de de los grandes museos europeos en general- son una parte esencial de la muestra. En aquella era, anterior al siglo XVIII, las piezas sin importar procedencia o temática se agrupaban según vectores estéticos como la forma o el color, sin importar si era una pintura, una papiro o un insecto embalsamado.

Así, la estética Anderson se hace presente en cada rincón. Dueño de un estilo cinematográfico tan específico y reconocible, que ya se podría hablar de un carácter de imagen Andersoniano, su simetría extrema y la elección de paletas de colores también distinguen a la puesta en el Kunsthistorisches.

En Momia de musaraña en un ataúd y otros tesoros los espacios se agrupan por tonalidades verdes, rojas u ocres. El co-curador del museo, Jasper Sharp, comentó en la apertura que el "universo privado" creado por la pareja "recuerda las exhibiciones originales, que no estaban destinadas a la vista del público".

Por ejemplo, en uno de los exhibidores pueden apreciarse un estuche para cigarrillos verde lima junto a jarrones de la dinastía Qing color turquesa y un escarabajo verde; en otro, una de las esmeraldas más grandes del mundo -esculpida en forma vasija por el maestro joyero del siglo XVII Dionysio Miseroni- hace juego con un colgante maorí esmeralda hecho de nefrita y un vestido de la misma tonalidad.

Esta es la tercera expo de este tipo propuesta por el Kunsthistorisches, luego de Los Antiguos robaron todas nuestras grandes ideas, del pintor e ilustrador estadounidense Ed Ruscha en 2012, y la de cuatro años después, Durante la noche del alfarero, del escritor británico Edmund de Waal. La muestra, Momia de musaraña en un ataúd y otros tesoros permanecerá abierta hasta el 28 de abril.

Fotos: Gentileza KHM-Museumsverband 

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