Magda Szaboó,. una autora para descubrir y disfrutar
Magda Szaboó,. una autora para descubrir y disfrutar

Cuando se piensa en grandes autores húngaros los nombres de Imre Kertész, premio Nobel en 2002, y Sándor Márai aparecen en la mente con facilidad, ya que -merecimientos aparte- sus obras fueron profusamente publicadas en español. Esa suerte de justicia literaria no puede aplicarse a Magda Szabó, una de las autoras más importantes del país magiar, de la quien no es nada sencillo encontrar su obra en papel por lo que aquellos que desean leerla deben en general acudir a una librería de usados, encontrar ejemplares editados en España traídos por algún librero, leerla en otro idioma, quedar a la espera de un milagro, o directamente acercarse a ella en formato digital (hay títulos publicados por Random House).

Magda Szabó fue una autora prolífica, a pesar de que por casi una década renunció a la literatura. Su legado supera los 60 títulos, entre novelas (para adultos y juveniles), poesía, teatro y hasta guiones; sin embargo, apenas 4 de sus obras atravesaron el difícil camino de las traducciones: El corzo, La balada de Iza, Calle Katalin y La puerta.

Szabó publicó más de 60 títulos, solo 4 llegaron al español
Szabó publicó más de 60 títulos, solo 4 llegaron al español

Szabó nació en Debrecen, la segunda ciudad más poblada del país, en el seno de una familia acomodada, el 5 de octubre de 1917, hace ya 101 años. Tuvo una formación académica en filología latina y húngara y una vez recibida dictó clases en diferentes escuelas de la zona. En 1947 publicó su primera obra poética, Bárány (Cordero), y se casó con Tibor Szobotka, también escritor, quien se destacó más como traductor de JRR Tolkien y James Joyce, entre otros autores.

Hasta allí, una vida acomodada, sin grandes conflictos. Todo cambiaría en 1949 con la salida de Vissza az emberig (Regreso a lo humano), que le significó la obtención de la última edición del Premio Baumgarten, hasta ese momento el galardón literario más importante, y que le fue negado el mismo día de la entrega por parte del gobierno comunista-estalinista de Mátyás Rákosi, que había llegado al poder tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La (sin) razón esgrimida fue que el trabajo de Szabó no cumplía con las normas del realismo socialista, al contrario, era más bien crítico, por lo que se la declaró una enemiga del Partido y, al poco tiempo, también fue despedida de su trabajo en el Ministerio de Religión y Educación.

Su marido también cayó en desgracia y ambos sobrevivieron con lo que ella conseguía como maestra. Fueron poco más de ocho años de silencio, en los que su unió al grupo disidente Nueva Luna, que a modo de protesta había decidido no crear arte, sea literatura, pintura o música como tampoco tener hijos: era la negación de la propia existencia la manera que encontraron de no darle nada, absolutamente nada, al gobierno comunista.

La autora es una de las más importantes de su país, por eso tiene su estampa
La autora es una de las más importantes de su país, por eso tiene su estampa

Llegó la "primavera húngara" de 1956, salió a las calles junto a los estudiantes, abrazó el sueño de una democracia, pero la esperanza no llegó a durar un mes y Szabó se replanteó su decisión: ¿tenía sentido callar?, ¿no es una manera de hablar, aunque no se diga nada? Porque los silencios, comprendió, también pueden expresar mucho. Y para hacerlo, para finalmente revelarse, abandonó la poesía -por el momento- y se convirtió en novelista, necesitaba -dijo en una entrevista- "abandonar las interpretaciones y ser más directa".

En 1959, diez años después de que le arrebataran el Baumgarten y luego de publicar dos novelas y un libro de poesía, salió la novela El Corzo, la historia de una exitosa actriz que repasa una vida llena de odio, envidia y resentimiento hacia una compañera, que tiene -y por eso representa- todo aquello a lo que ella jamás accederá, aunque su "rival" nunca se asuma como tal.

El libro, que guarda una crítica soterrada al régimen político, se publica en su país, en el escenario del llamado comunismo goulash, un régimen con una economía de libre mercado y que había avanzado en el reconocimiento de los derechos humanos con respecto al estalinismo. Sin embargo, no obtiene publicidad, apenas tiene repercusión en círculos muy cerrados por lo que su publicación no causa mella alguna hasta que Hermann Hesse, Nobel de Literatura en 1946, lo descubre y mueve sus influencias para que se publique en alemán. Y es un éxito de ventas. Y ella, que fue acallada, que luego eligió el silencio, se convierte en la voz de la disidencia.

En orden cronológico de los títulos que se consiguen en español continúa La Balada de Iza, de 1963. Allí se cuenta la relación de una doctora, Iza, con su madre, Etelka. Otra vez la confrontación entre dos figuras femeninas, que representan no solo los conflictos intergeneracionales, sino el choque entre dos mundos que están en constante cambio y que, por momentos, parecen enfrentarse, como el rural y el urbano. Las añoranzas y valores del pasado, contra los deseos y el dinamismo del futuro.

La prosa se desarrolla suave, cadente, mientras los silencios, la incomprensión entre los personajes, se vuelve cada vez más sofocante, llevando al lector a momentos de desesperación, de indignación, que surgen a partir de un enfrentamiento que revela cómo hasta las relaciones más cercanas están rodeadas de incomprensión y que, a veces, resulta muy complicado saber amar a aquellos a quienes verdaderamente se ama.

Si bien, lamentablemente, todavía no fueron traducidos, se deben nombrar dos títulos que, aquellos que puedan conseguirlos en otro idioma deberían hacerlo, en especial si tienen niños y jóvenes en el hogar. Tündér Lala o El hada Lala (1965) es uno de sus libros más populares para público infantil, mientras Abigél o Abigail, de 1970, fue elegido como el sexto mejor libro de la literatura húngara.

La escritora se miró a sí misma, para observar a los demás
La escritora se miró a sí misma, para observar a los demás

En este libro, Szabó regresa a su pasado, a todo aquello que vivió durante la última gran guerra y así lo explicó alguna vez: "Durante la Segunda Guerra Mundial me equivoqué en casi todo, y ni siquiera tengo la justificación de no saber cuál era la verdad, porque sabía mucho más que la gente común. Abigail quería mostrar que no hay una comunidad que no sea afectada por la guerra, y solo de manera secundaria la representación de una escuela confesional femenina en el momento de Hitler. En Abigail escribí todo lo que había presenciado y debería haber hecho, y en lugar de eso solo fui una observadora con un sentimiento de culpa".

En 1969 sale Calle Katalin, donde regresa a indagar en la culpa, esta vez colectiva, a partir del comportamiento de los habitantes de una calle de Budapest, quienes tienen diferentes respuestas cuando una joven vecina desaparece durante la guerra.

La obra de Szabó, publicada en más de 40 países, se mueve en los márgenes de la autobiografía, no puede escapar a su historia, pero sobre todo a los sucesos que marcaron a fuego a su sociedad y los efectos que dejaron.

En ese sentido también se encuentra La Puerta (1987), sin dudas, su novela más importante y que tuvo una adaptación a la pantalla grande en 2012, con la actuación de Helen Mirren y bajo la dirección de István Szabó -el cineasta y la escritora no son familiares-, el más grande director de cine magiar desde los '60, ganador de un Oscar en 1981 por Mefisto.

En La Puerta, Szabó  vuelve a plantear la relación entre dos mujeres, una señora y su criada en la que, como en la obra El sirviente de Harold Pinter, ganador del Nobel de Literatura en 2005, se invierten las relaciones de poder.

La novela -que ganó el premio francés Prix Fémina a la mejor novela extranjera en 2003- comienza en el prólogo con lo que parece una reflexión final: "Es necesario que declare de una vez por todas que yo maté a Emerenc. Yo quería salvarla, no destruirla, pero eso no cambia nada".

La historia, de corte autobiográfico, recorre la amistad entre la escritora Magda y su criada Emerenc, una mujer de carácter fuerte, que no deja que nadie cruce el umbral de la puerta de su casa, por lo que su figura está envuelta por el misterio.

Escrita cuando tenía 70 años, es un ejercicio de literatura notable, sin espacio para los golpes bajos, a pesar de ser un relato intenso, ni tampoco trucos. La trama se revela de a poco, generando esa ansiedad por lo oculto, por descubrir lo inenarrable que puede encontrarse detrás de ese umbral inaccesible.

Magda Szabó falleció a los 90 años. Dejó una obra profusa con una pluma que merece ser recuperada -o mejor dicho, traducida- y más en épocas donde, finalmente, se revaloriza la obra de las grandes autoras. Quizá sea el momento de abrir definitivamente la puerta.

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