Franz Kafka, uno de los autores emblemáticos de la literatura universal
Franz Kafka, uno de los autores emblemáticos de la literatura universal

Kurt Wolff se hizo famoso por ser el primer editor del escritor checo Franz Kafka (1883-1924). Según cuenta en Autores, libros, aventuras lo conoció gracias a Max Brod, a quien le había aceptado un manuscrito. Sin embargo, Wolff era novato en estas lides, no era el editor que después se convertiría, así y todo tuvo el olfato de que Brod, Franz Wefel y Kafka fueran los primeros autores que publicara en su editorial.

"El hecho de que entonces existiera una nueva editorial abierta a la joven generación y en la que se publicaba a Kafka, Werfel y Hasenclever", recordaba el editor en este libro, "instó a innumerables escritores, con talento y sin él, a enviarnos sus manuscritos". Por supuesto esto hizo que otros escritores que no fueron publicados por él se quejaran y atacaran a esta nueva camada de autores. Entre los riesgos que corría este editor, y cualquier otro a decir verdad, estaba en que luego de un primer libro el autor se fuera a otra editorial. Sin embargo, Wolff lo consideraba parte del oficio y Kafka no fue uno de ellos.

Franz Kafka
Franz Kafka

A través de la correspondencia con su editor se puede observar cómo el mito de que no le interesaba publicar se desvanece, tal vez no le interesaba publicar sus novelas, pero con sus cuentos estaba muy atento, incluso en lo que debía o no debía ir en la tapa. Por ejemplo, cuando estaba por salir La metamorfosis (1915) le escribe a Wolff que para la tapa "el insecto en sí no puede ser dibujado", cosa que a lo largo del tiempo tienen el 95% de las tapas, y sugiere escenas como "los padres y el procurador ante la puerta cerrada o, mejor aún, los padres y la hermana en la estancia iluminada mientras se ve la puerta abierta que da al cuarto vecino, completamente a oscuras".

Finalmente, la primera edición fue en el tono que sugería. El resto de la correspondencia entre autor y editor va en el sentido de tener el mayor control de lo que iba a ser publicado: Kafka va cambiando el orden de los cuentos de sus libros y después reclama por el retraso de la publicación de Un médico rural, que él ya tenía listo en 1917, pero que sólo aparece en 1919. La espantosa inflación y la Primera Guerra Mundial fueron las razones para la dilación.

Lo que sí es cierto es que, pese a lo obsesivo que era con su obra, publicó muy poco en vida. La mitad de los Relatos completos, que editó Losada hace un tiempo, aparecieron de manera póstuma, al igual que sus novelas. En vida publicó tres libros de relatos breves, término que a él le gustaba: Contemplación (1913), Un médico rural (1919) y Un artista del hambre (1924), más cuatro relatos: La condena (1913), El fogonero (1913), En la colonia penitenciaria (1919) y la mencionada Metamorfosis. El célebre cuento Ante la ley que analizó exhaustivamente el crítico e intelectual Walter Benjamin aparece en Un médico rural y tiene escasas dos páginas pero múltiples significados.

Esta obsesión por escribir y dejar un testimonio lo establece Luis Gusmán en Kafkas, donde señala que tanto en sus Diarios como en su correspondencia esto queda muy en claro, ya que incluso dejó escritos sus sueños con mucho detalle; y es que siente "esa necesidad quizá ignorada de dejar todo por escrito para dar más volumen al carácter póstumo, testamentario de su escritura".

Dibujo realizado por Kafka
Dibujo realizado por Kafka

Pero Kafka no sólo se queda con la escritura de cuentos, novelas, diarios y correspondencia, sino que además incursiona en los aforismos, en el dibujo. Incurre además en divertidas paradojas cuando en sus Diarios consigna que no puede escribir y responsabiliza al insomnio por no poder hacerlo, pero a la vez la escritura es causa del insomnio: "Creo que este insomnio sólo se debe al hecho de escribir. Porque por poco y mal que escriba, esos pequeños estremecimientos me vuelven cada vez más sensible". Lo cierto es que Kafka vivía en una ensoñación permanente, producto del insomnio o de los efectos del sueño. Según Gusmán, "es un proceso onírico que sucede al revés, no es el efecto del resto diurno sobre el sueño, sino -dice Kafka- el poder que los sueños irradian en la vigilia".

Argentina debe ser el país de lengua castellana donde más se lo ha traducido y estudiado, fenómeno que sólo ocurre con James Joyce, otro revolucionario de la lengua, aunque en su caso fue la inglesa, no la alemana. Borges lo tradujo y escribió el ensayo Kafka y sus precursores, César Aira tradujo La metamorfosis y planteó una lectura de este relato muy singular en un ensayo, y es que se trataría de un insecto que una mañana se despierta "en un cuerpo extraño, enorme, rosado, sin caparazón, con dos piernas, dos brazos… Un hombre. Y, a partir de ahí, la saga de los problemas sin cuento, los terrores de la pesadilla, de ser un hombre". Hace poco además se volvieron a traducir sus aforismos y el ensayo de Walter Benjamin sobre él. La presencia de este autor en las letras criollas es contundente. En la compilación Galaxia Kafka, de Edgardo Cozarinsky, hacia el final aparece una frase atribuida a Carlos Mastronardi o Adolfo Bioy Casares: "Si Kafka fuera un autor argentino, sus novelas serían catalogadas como costumbristas".

Y por si todo esto fuera poco acaba de aparecer una nueva antología de sus cuentos, a cargo de Diego Erlan, con traducción de Ariel Magnus. Tal vez la principal particularidad de estos Cuentos selectos es que aparece incluido la Carta al padre, es decir Erlan opta por considerar este texto dentro de la ficción y dentro de ella como un relato. Lo cierto es que efectivamente funciona como un relato autobiográfico o de autoficción. No está de más recordar de qué se trata esta carta, que arranca de este modo: "Queridísimo padre: Hace poco me preguntaste por qué afirmo que te tengo miedo. No supe qué contestarte, como de costumbre, en parte precisamente por el miedo que te tengo, en parte porque para fundamentar ese miedo se requieren más detalles…". De ahí se larga a detallar las relaciones establecidas en su familia, a recordar episodios de su vida -"Fui un niño temeroso; a pesar de eso seguramente era terco", – y a hacer severos juicios a su padre –"tenías una confianza ilimitada en tus opiniones"-, todo esto va formando parte del mito de Kafka, un sujeto atormentado por la figura de su padre.

“Kafka” por Andy Warhol
“Kafka” por Andy Warhol

Como bien observa Erlan en el prólogo, "toda memoria es una ficción", entonces toma esta carta desde otro lugar. Así afirma que toda carta representa un intento de "construcción del yo", es decir deja al género epistolar abierto a la autoficción, ya que "el escribiente intenta verse a sí mismo o lo que describe con sus propios ojos y, a la vez, con los ojos del receptor, cuya reacción imagina". ¿Pero cómo se percibía Kafka? Según Erlan, como un niño que, de no mediar el mediocre sistema escolar, pudo haber sido un gran artista plástico. Sin embargo, los dibujos que pudieron rescatarse "poseen una carga expresiva alucinante. En pocas líneas, esos dibujos logran escorzos que parecen gritos, inquietantes sombras de bastón y sombrero que deambulan en los rincones".

Para Erlan el elemento epistolar "articula toda esta antología. Desde La condena pasando por Un mensaje imperial hasta la Carta al padre". Y para ello recurre al ensayo de Luis Gusmán, donde este autor "entendió que ese uso del plural convierte a la figura de Kafka en una sala de espejos donde el reflejo y su distorsión se multiplican hasta el infinito". La mirada de Erlan, escritor y editor de Ampersand, es consistente; incluyó cuentos emblemáticos como Ante la ley, Informe para la academia, Un artista del hambre, En la colonia penitenciaria, La transformación (título más correcto en castellano que La metamorfosis), son en total doce cuentos, tres son textos largos, que en su momento fueron publicados de modo independiente, cinco pertenecen al libro Un médico rural, dos a Un artista del hambre, dos son póstumos (de los que Carta al padre es uno). Para organizarlos otros antologadores han usado otros criterios: por la cronología de sus libros publicados por ejemplo, pero también tratarse de relatos donde sus protagonistas son animales; de estos últimos se echan de menos algunos muy buenos como Chacales y árabes y Josefine, la cantante, o el pueblo de los ratones. Pese a ello estos Cuentos selectos funcionan y la traducción de Ariel Magnus es buena, dando una idea bastante ajustada de lo que es la narrativa breve del autor checo.

Ilustración de Robert Crumb
Ilustración de Robert Crumb

Otro libro que apareció hace poco fue la biografía ilustrada de Franz Kafka, a cargo del famoso dibujante Robert Crumb y de David Zane Mairowitz en el relato. El libro, traducido por Leandro Wolfson, es sencillamente hermoso: independiente del valor documental que tiene, aquí subyace un valor artístico, porque Crumb es un artista que podía dialogar de tú a tú con Kafka. Zane Mairowitz, por otra parte, tampoco es cualquiera, ya que antes publicó la novela gráfica del El Castillo, del mismo autor checo.

No sólo estos libros han venido a reactualizar a Kafka en Argentina. Este año el escritor Ricardo Strafacce empezó a dictar un curso sobre él. Strafacce ya había escrito pequeños textos sobre escritores y uno de ellos, inédito, se titulaba Kafka en la sastrería, que cuenta cuando la madre del escritor decide que tome clases de baile, imprescindibles para cualquier evento social de la época; para ello antes tenía que ir a la sastrería, la madre quería encargar un frac, pero "convenció entonces al sastre y a su madre de que era más apropiado un smoking. Su preferencia se debía (obviamente, se calló estas razones) a que encontraba en el smoking un aceptable parecido con una campera americana común". En definitiva quería un traje que no fuera tan traje ni tampoco dejara de serlo. Al respecto Strafacce reflexionaba sobre qué significaba esta elección tan particular y concluía que "quizás se pueda extrapolar, sin demasiados forzamientos, esta escena para proponer un eje en la obra de Kafka: Nada es estrictamente lo que es; todo es eso que es y además es otra cosa".

Este hermoso y pequeño texto de Strafacce es tan efectivo que casi no habría que decir nada más, salvo que las redes sociales guardaban una insospechada sorpresa. Al igual que #Dante2018, iniciativa llevada a cabo por el escritor argentino Pablo Maurette para leer día a día La divina comedia en Twitter, algo similar está ocurriendo con #Kafka2018. Aunque con menor difusión, Diego Cano, que también participó de la lectura de La divina comedia, se le ocurrió la idea de hacer lo mismo con la obra del autor de La transformación. La lectura sigue su curso y ya tiene una primera conclusión que señala que esa imagen de "un Kafka de lectura angustiosa era falso, y reveló por sobre todo un Kafka de un humor trágico muy divertido y lleno de peripecias que incentivan mucho la lectura". De las cosas curiosas que le ha pasado a este grupo de lectores es la actitud hostil de ciertos perfiles y el bloqueo de la cuenta de su organizador por dos días, porque Twitter entendió que era un bot. Todo, como sugiere Cano, muy kafkiano.

*Franz Kafka. Cuentos selectos, selección y prólogo de Diego Erlan. Traducción de Ariel Magnus. Editorial Edhasa.
Kafka, biografía ilustrada, dibujos de Robert Crumb, texto de David Zane Mairowitz, traducción de Leandro Wolfson. La Marca Editora.

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