
En una de las primeras escenas de la película Nosferatu, el vampiro aparecen cadáveres secos colgados de las paredes: son nada menos que las momias de Guanajuato, que en 1978 sirvieron de escenografía para la filmación de la cinta del director alemán Werner Herzog.
Fue la única escena filmada en ese estado del centro de México, con el apoyo de la productora Luz María Rojas. "Tuvimos bastantes problemas porque no querían sacarlas de las vitrinas", recordó ella en una entrevista con el diario La Jornada en 1996. "Finalmente, logré que lo hicieran, las filmó y para celebrar nos fuimos a echar unas chelas (cervezas) a San Miguel de Allende".
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Esta no era la primera vez que Herzog estaba en México ni sería la última. El director alemán tiene un profundo vínculo con México desde su juventud, que lo une a personajes como el escritor y fotógrafo Juan Rulfo, autor de El llano en llamas y Pedro Páramo. "Es el libro al que regreso siempre; puedo repetir sus pasajes de memoria", dijo el cineasta alemán en una charla pública en 2011, cuando visitó de nuevo este país a propósito del Festival de Cine de Guadalajara.

El alemán de la frontera
Dónde y cómo nació la relación de Herzog con México es anécdota poco conocida. El mismo ha hablado poco de aquella etapa de su juventud, cuando tuvo que trabajar de payaso en un rodeo de Estados Unidos y cruzar ilegalmente la frontera para evitar que lo deportaran. Había llegado a Pittsburgh a estudiar cine con la beca Fullbright y terminó abandonando la escuela.
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Aquella experiencia la narró él mismo a la revista de cine Toma en 2011. "…comencé a trabajar en Estados Unidos, pero el estado de mi visa no me permitía trabajar allá, así que estaba al borde de la expulsión. Por eso, antes que me deportaran y me mandaran de regreso a Alemania, literalmente huí a través de la frontera hacia territorio mexicano".

Así aprendió español y conoció el norte de México: atravesando constantemente la frontera. Primero por Laredo y luego por Reynosa y McAllen, las ciudades vecinas de Tamaulipas y Texas. Era la década de los sesenta y "en ese tiempo no había controles fronterizos tan rigurosos", recordaba Herzog. Como hacían muchos mexicanos que vivían de lado mexicano y viajaban todos los días al otro lado para trabajar, el director alemán consiguió una calcomanía que en ese tiempo otorgaban a quienes tenían permiso de trabajo (green card) y la pegaban en sus autos para cruzar. Sólo que él se la robó. "Lograba pasar la frontera sin tener que identificarme, simplemente saludaba con la mano a los guardias desde el auto y cruzaba".
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Así "el alemán", como le llamaban, aprendió español y conoció mucho de la cultura mexicana. Incluso, tuvo entre sus planes filmar una faraónica película sobre la conquista de México, que no pudo concretar porque no hubo quien quisiera financiarla, dado el alto costo que representaría recrear el imperio azteca. Pero en sus visitas a México siempre vuelve al tema y ha asegurado que no renuncia al proyecto.
"Esto siempre se ha quedado en proyecto, porque quería basarla en la perspectiva de los aztecas, que de repente conocen a los españoles… se les debe haber hecho como si ahora nosotros conociéramos a los alienígenas", dijo en una entrevista con La Jornada.
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"Con gusto la haría mañana si mi película recaudara 200 millones en Estados Unidos y 500 en el resto del mundo, creo que sólo así me llegarían ofertas para financiarla".
Herzog se involucró tanto en ese proyecto, que se le ocurrió a principios de este siglo, que a sus alumnos de cine los obliga a leer Crónica verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, libro publicado en 1632.
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La guía de Rulfo y Buñuel
Aunque fallido, el proyecto de la conquista de Tenochtitlan le sirvió de base para filmar en 1999 Cristo y demonios en Nueva España, un documental que filmó en el sur de México y Guatemala, en que la que refiere a las profundas heridas que dejaron la evangelización y el colonialismo en Latinoamérica.
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Otra ruta de Herzog para llegar a México han sido películas como Los olvidados, una de las más reconocidas del cineasta español Luis Buñuel y la favorita de Herzog de este director. "Siempre trató de descubrir la condición humana y de leer el corazón de las personas", dijo en Guadalajara. "De alguna manera, aunque es tan diferente de lo que hago, al mismo tiempo resulta familiar; está muy cercano a mi corazón, y creo que quienes intentan hacer películas tienen que hacer algo básico: ver el cine de los grandes como Buñuel para tener una visión amplia".

Pero en el centro de relación con México está Rulfo, a quien le reconoce "una visión única". Ha dicho Herzog: "Hay que leerlo para saber cómo desarrollar personajes, yo lo leo antes de calentar motores para escribir".
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