
Como lo explica ella misma, cansada de las críticas habituales a artistas como ella -enfermos, exhibicionistas, masoquistas- decidió hacer un espectáculo en el que todo lo hiciese el público.
El experimento fue muy perturbador por lo que revela sobre la naturaleza humana. La "performance", llamada "Rhythm O" duró seis horas. Y pronto las cosas se salieron de cauce…
PUBLICIDAD
El sitio fue la galería Studio Morra de Nápoles (Italia), donde la artista serbia, entonces de 28 años, se sometió a sí misma y al público a una prueba insólita que actuó como revelador de la psicología humana.
El principio era muy simple: en el estudio, la artista está de pie, inmóvil. Sobre una mesa hay 72 objetos, con los cuales, según reza un cartel, "pueden hacerme lo que quieran".
PUBLICIDAD

El afiche decía además: "Soy un objeto. Me hago responsable de todo lo que pueda suceder en este espacio de tiempo. Seis horas. De 20 a 2hs."
Esas eran las consignas bajo las cuales Marina Abramovic se entregó a las pulsiones del público por espacio de seis horas. Como una muñeca con la que podían jugar a su antojo. Y la finalidad era justamente observar cómo reaccionarían esas personas frente a la posibilidad de disponer de un ser humano como de un juguete, sin límites ni responsabilidad. Y el resultado fue aterrador.
PUBLICIDAD

Los objetos disponibles sobre la mesa estaban divididos en dos categorías. Una de "objetos de placer", y otra, de "objetos de destrucción". Los primeros son totalmente inofensivos: flores, plumas, perfume, vino, pan, uvas. Entre los objetos de destrucción hay un cuchillo, tijeras, barras de hierro, hojas de afeitar y hasta una pistola con un cartucho. Si de riesgo hablamos…

Al principio, durante las primeras horas, no pasó gran cosa. Los que se acercaban eran antes que nada fotógrafos. Pero poco a poco las cosas empiezan a cambiar: la empujan, la besan, le hacen levantar los brazos y adoptar otras poses, le dan flores. Gestos inocentes…
PUBLICIDAD

Pero a partir de la tercera hora, empiezan a utilizar los "objetos de destrucción". Un grupo la lleva hasta la mesa, la ata y clava un cuchillo, amenazante, entre sus piernas. Luego desgarran su ropa con las hojas de afeitar y un hombre le hace un corte en el cuello y bebe su sangre.

Algunos la agreden sexualmente. El sadismo se va intensificando.

El crítico de arte norteamericano Thomas McEville, testigo de la performance, recuerda: "Durante la tercera hora, le desgarraron la ropa con hojas de afeitar. Durante la cuarta hora, empezaron a hacerle cortes. Fue agredida sexualmente".
PUBLICIDAD

"Me sentí violada, arrancaron mi ropa, me clavaron espinas de rosas en el vientre, me pusieron la pistola en la cabeza", recuerda Marina Abramovic sobre las dos últimas horas.
Transcurridas las seis horas, la gente del público no puede mirarla a la cara. Ella ya no es la muñeca que se dejaba hacer sino nuevamente un ser humano.
PUBLICIDAD

De todos modos, hubo diferentes reacciones. Mientras un sector del público la agrede, otro la protege. Luego de que uno le apunta con la pistola, se produce un principio de pelea entre ambos grupos.
"Este trabajo revela lo que hay de más horrible en la gente. Esto muestra a qué velocidad puede alguien decidirse a herirte cuando está autorizado. Esto muestra hasta qué punto es fácil deshumanizar a alguien que no se defiende. Esto muestra que la mayor parte de la gente 'normal' puede volverse muy violenta en público si se les da la posibilidad", dice la artista.
PUBLICIDAD

No es casual la fecha en la cual Abramovic hace su "experimento". Son los tiempos del auge de la psicología social, de la psicología de masas, se estudia el comportamiento del hombre en contextos grupales.

De algunos años antes data el "experimento Milgram", una serie de estudios llevados adelante por Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale, que busca medir la predisposición de una persona para obedecer órdenes de una autoridad aun cuando éstas están en conflicto con sus parámetros morales y su conciencia. El experimento fue recreado en la película I, como Ícaro, del director francés Henri Verneuil, en 1979.
PUBLICIDAD
La performance de la artista serbia se inscribe en una línea muy similar. Y sus resultados son igualmente inquietantes.
Una vez sola, Abramovic constata las marcas que le dejó la experiencia: "Recuerdo haber ido al hotel, mirarme al espejo y ver que me habían salido algunas canas…"
VIDEO: MARINA ABRAMOVIC EVOCA SU EXPERIENCIA
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Trabajó 38 años como chofer de ambulancias, se jubiló y ahora toca el saxo en los lagos de Palermo: “La gente es muy generosa conmigo”
Antonio Luis Brunacci todos los fines de semana sale con su instrumento a hacer lo que más le gusta y, de paso, ganarse algún dinero extra. Los años conduciendo una ambulancia, las historias de sus hijos y su relación con la música

La AMIA difundió un video que recuerda todo lo que las 85 víctimas no pudieron vivir desde el atentado terrorista de 1994
En el clip “Hoy no podemos perder, la memoria” aparece Jennifer Dubin. Claudio, el papá de esta joven, murió el 18 de julio de 1994 en el ataque a la mutual judía

Esta es la nueva modalidad de extorsión ligada al crimen organizado, denuncia el periodista Héctor de Mauleón
El comunicador señala que hay un modus operandi en diversas entidades del país

Mikel Oyarzabal anuncia que será padre de su segundo hijo con una emotiva celebración tras marcar con España
El delantero de la selección española confirmó que ampliará la familia con Ainhoa Larrauri al celebrar su gol frente a Austria con un gesto que no dejó lugar a dudas

La soledad no deseada y una respuesta cultural: la apuesta de Fundación Navarro Viola, 35 talleres y 1.300 silvers reunidos
Un programa pensado para romper el aislamiento tras la jubilación o la viudez sumó a personas de más de 60. Actividades presenciales y online, con una meta clara: reconstruir lazos y propósito


