Revelan posibles vínculos del expresidente Virgilio Barco con el genocidio de la UP, que dejó más de 6.000 muertos en Colombia

La persecución y asesinato de miembros y simpatizantes de la Unión Patriótica marcó una de las épocas más sangrientas del país. El presidente de ese entonces, y un espía israelí, estarían detrás de todo según la investigación del periodista Alberto Donadío.

Discurso de posesión Virgilio Barco
Discurso de posesión Virgilio Barco

El portal de periodismo independiente Los Danieles, conformado por Daniel Samper Pizano, Daniel Coronell y Daniel Samper Ospina, publicó una ‘explosiva’ revelación que agitó las tendencias en Twitter. La investigación del periodista Alberto Donadío para ese portal reveló cómo el expresidente de la República, Virgilio Barco, con su amigo israleí, Rafi Eitan, estarían detrás de una de las épocas más oscuras de Colombia, donde se exterminaron a miles de personas pertenecientes a la Unión Patriótica (UP), movimiento político de izquierda en el país.

La Unión Patriótica, fundada en mayo de 1985, y que surgió tras las negociaciones por la paz entre el Gobierno del entonces presidente Belisario Betancourt y las FARC, se convirtió en uno de los movimientos víctimas de persecución, asesinatos, torturas, secuestros, y todo tipo de crímenes que atacaban los derechos humanos. Este domingo, el periodista Alberto Donadío confirmaría que se trataba de un plan orquestado directamente por el Gobierno nacional.

Según relata Donadío, el panorama era bastante preocupante en la época en la que Barco asumió la presidencia de Colombia, años 80. Apoyado de las cifras que consultó con sus fuentes, durante el gobierno de cuatro años de Barco, fueron asesinadas cerca 78.000 personas.

“Lo más grave es que hay razones para pensar que el presidente Barco tuvo un papel determinante en el exterminio de este conglomerado cercado al Partido Comunista”, escribió Alberto antes de soltar los antecedentes que dejan evidencia de la responsabilidad de lo que, en su conclusión, sería un crimen de Estado.

Rafu Eitan es la pista clave en el caso. Se trataba de un israelí, nacido en Palestina en 1926 y fallecido en Tel Aviv en 2019. Eitan era un amigo cercano de Barco. Se conocieron cuando Barco fue embajador de Colombia en Washington entre 1977 y 1980. Rafu Eitan había participado en varias movidas gubernamentales a lo largo de su vida. En 1960, por ejemplo, había ejercido como comandante en la operación de secuestro de Adolf Eichmann en Buenos Aires.

Tiempo después, habría hecho parte de la lucha antiterrorista en la oficina de Relaciones Científicas, una agencia de espionaje israelí. Según la investigación de Donadío, Rafu Eitan tenía, incluso, licencia para matar si es que así lo requería algún caso que estuviera investigando. El hombre participó en el seguimiento y homicidio masivo de los palestinos que asesinaron a atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972.

De acuerdo con la información recopilada por el periodista para su columna en Los Danieles, Barco y Eitan se habían puesto en contacto por el interés que tenía el presidente colombiano en el trabajo de espionaje del israelí.

El hombre fue contratado por Barco para hacer parte de su bancada bajo el cargo de agente de inteligencia. Como lo comentó Donadío, el hombre ni hablaba español, ni tenía idea de la situación interna colombiana.

Con el objetivo de “descubrir cómo acabar con la guerrilla”, Eitan llegó al país para apoderarse del cargo que su amigo Barco había destinado para él, sin refutar y sin poner en discusión con su bancada la decisión de contratar al israelí para asumir operativos de inteligencia en el país. Para pagarle por sus trabajos, Barco delegó a Ecopetrol como el encargado de los honorarios del supuesto espía.

Así estuvo durante un periodo de tiempo hasta que, antes de que se firmara un segundo contrato con el extranjero, Germán Montoya, entonces secretario de Gobierno, se opuso a que el hombre continuara haciendo labores que le correspondían a las autoridades locales y no a un espía extranjero, continúa la investigación.

Con información de una fuente que le pidió al periodista reservar su identidad, el plan del israelí era “eliminar” a los miembros de la Unión Patriótica (UP), y que él se encargaría de hacerlo siempre y cuando el Gobierno nacional le diera un segundo contrato. La persona que le dio esta información al periodista aseguró que el presidente “no cuestionó” la propuesta de su amigo Rafu Eitan.

A pesar de que parecía una tentadora propuesta para el presidente, siguió lo dicho por Germán Montoya, quien aseguró que renunciaría al cargo si se celebraba un segundo contrato con el extranjero. El segundo contrato para el israelí fue negado.

Sin embargo, a pesar de ello, según esa misma fuente consultada por Alberto Donadío, el presidente llamó a Juan José Turbay, entonces miembro de la junta directiva de Ecopetrol, para solicitarle, nuevamente, pagarle al espía israelí para entonces, darle luz verde a la macabra propuesta.

Antonio Donadío explicó que, en medio de la investigación adelantada para escribir su nota, que hoy pone en tendencia de Twitter su nombre, al portal de Los Danieles, al expresidente, al movimiento político, y a la sangrienta época del país en boca de los colombianos, encontró, en el archivo de la Secretaría Jurídica de la Presidencia de la República, un borrador de un contrato de 1987 con una firma de seguridad de Israel.

Para resaltar los oscuros años bajo los que se vieron sometidos los integrantes del movimiento de izquierda Unión Patriótica y sus simpatizantes, el periodista encargado de hacer la denuncia recopiló las alarmantes cifras de personas que perdieron su vida, fueron torturadas y desaparecidas.

Antes de la llegada de Barco a la casa de Nariño, como el nuevo gran mandatario del país, la línea de medición de asesinatos en Colombia se disparó al alza. Durante los primeros 14 meses de mandato, según cuenta Donadío en su nota, la cifra pasaba las 400 víctimas de muertes violentas. Uno de los datos más alarmantes que otorga el periodista es que esa época de Colombia dejó más muertos que la misma dictadura chilena de Augusto Pinochet. Entre 1973 y 1990, los muertos en Chile superaban por poco las 3.000 personas. La cifra de personas fallecidas en Colombia por ser de la UP o ser afín a sus ideales supera las 6.000, información que el comunicador extrajo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.