
Un estudio publicado en la revista Earth and Space Science actualizó más de diez años de mediciones de dióxido de carbono tomadas desde el espacio por la NASA.
La revisión mejora la información sobre este gas, uno de los que contribuyen al calentamiento global, y permite seguir sus cambios en la atmósfera con una frecuencia mensual.
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El estudio reúne la información captada desde septiembre de 2014 por dos instrumentos de la NASA. Uno es un satélite que orbita la Tierra y el otro está instalado en la Estación Espacial Internacional desde 2019.
Los científicos no lanzaron un aparato nuevo. En cambio, revisaron la forma en que se interpretan los datos que ya habían reunido los dos instrumentos. Con esos cambios, el registro coincide mejor con las mediciones de gran precisión que se realizan desde distintos puntos de la Tierra.
Dos equipos observan cada día cómo cambia el aire del planeta

Los datos del análisis surgen de equipos de observación llamados Orbiting Carbon Observatory-2 y Orbiting Carbon Observatory-3, o OCO-2 y OCO-3. El primero funciona como satélite desde 2014; el segundo fue instalado en la Estación Espacial Internacional en 2019.
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OCO-2 y OCO-3 observan la luz del Sol que rebota en la superficie terrestre. Esa luz atraviesa el aire antes de llegar a los instrumentos y aporta información sobre la cantidad de CO₂ que hay en la atmósfera.
Cada jornada, ambos equipos reúnen más de un millón de observaciones. Después, un sistema informático organiza esa información y calcula los niveles de dióxido de carbono presentes en el aire. El resultado permite crear una imagen más amplia de lo que ocurre en diferentes partes del planeta.
El CO₂ es un gas que se libera, entre otras causas, al quemar combustibles como carbón, petróleo y gas. También se intercambia de manera natural entre el aire, los océanos, los suelos y la vegetación. Una parte queda almacenada en bosques y mares; otra permanece en la atmósfera y retiene calor.
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Por ese motivo, seguir sus variaciones ayuda a entender mejor cómo responde la Tierra a los cambios del clima. Las mediciones desde el espacio no sustituyen a las estaciones instaladas en tierra, pero suman información en regiones donde hay pocos equipos de control y permiten comparar zonas muy distantes entre sí.
La revisión mejora una serie de datos que comenzó en 2014

El nuevo estudio se concentró en mejorar la lectura de los datos. En ocasiones, elementos como las nubes, las partículas suspendidas en el aire o el reflejo del Sol sobre el océano pueden dificultar la observación. Los investigadores ajustaron sus cálculos para reducir el efecto de esas condiciones.
También revisaron el funcionamiento de los instrumentos para afinar las mediciones. El objetivo fue que las cifras obtenidas desde el espacio se acerquen lo más posible a la cantidad real de dióxido de carbono presente en el aire.
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Tras esos ajustes, la información recogida entre 2014 y 2026 mostró una mayor coincidencia con los registros de una red mundial de equipos terrestres. Esa comparación es importante porque permite comprobar la calidad de los datos reunidos por los satélites.
Los dos observatorios también permitieron una segunda comprobación. Aunque miran la Tierra desde recorridos, alturas y horarios diferentes, OCO-2 y OCO-3 obtuvieron resultados muy parecidos. Para los investigadores, esa coincidencia respalda la utilidad del registro actualizado.
Los datos permiten ver los cambios mes a mes

Hasta ahora, muchos análisis sobre el dióxido de carbono comparaban los niveles de un año con los del anterior. La actualización permite seguir los cambios mes a mes, con una demora menor entre la observación y el análisis.
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Esa información puede ser útil cuando ocurren fenómenos que afectan el aire y los ecosistemas. Los incendios forestales liberan carbono que estaba guardado en la vegetación. Las sequías pueden hacer que bosques y suelos absorban menos. A su vez, eventos como El Niño alteran las lluvias y las temperaturas en distintas regiones.
Con datos más frecuentes, los científicos pueden estudiar con mayor detalle qué pasa antes, durante y después de esos episodios. También pueden observar cómo cambian los niveles de CO₂ en áreas urbanas, regiones cubiertas de vegetación y zonas oceánicas.
La información actualizada está disponible para el público y la comunidad científica. Según explicó Eos, el registro de más de una década puede servir para conocer mejor el recorrido del carbono en el planeta y para analizar la evolución de las emisiones que influyen en el calentamiento global.
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