
Con la misión Artemis III, la NASA aspira a regresar a la Luna en 2027. Esta misión implicará márgenes de tiempo precisos en los lanzamientos, una tripulación internacional y maniobras nunca antes realizadas. Después de que Artemis II terminara en abril de 2026, comenzó una fase distinta en el programa lunar de la NASA, que pretende llevar astronautas a la superficie lunar tras más de 50 años de ausencia. Según informó Euronews el próximo paso del cronograma tiene una dificultad mayor que la de las misiones previas.
Jeremy Parsons, responsable del programa Artemis, calificó a Artemis III como “una de las misiones más complejas y ambiciosas que la NASA ha llevado a cabo nunca”. Será indispensable orquestar la participación de naves, empresas y equipos técnicos dentro de un lapso limitado.
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Se espera que la misión transcurra en la segunda parte del próximo año. En primera instancia, los astronautas despegarán hacia la órbita terrestre baja mediante Orion —propulsada por el Space Launch System (SLS)— y, a continuación, deberán llevar a cabo maniobras de encuentro y acoplamiento con módulos de alunizaje fabricados por otras compañías.
Una tripulación internacional para el siguiente paso del programa lunar

La tripulación de Artemis III incluirá por primera vez a un astronauta europeo. El italiano Luca Parmitano fue elegido como piloto de la misión. El equipo lo completan los estadounidenses Randy Bresnik, Frank Rubio y Andre Douglas, en una formación que refuerza la cooperación internacional en el programa.
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Según informó Euronews, los entrenamientos ya comenzaron en instalaciones especializadas. Hace dos semanas, la tripulación visitó la United States Naval Test Pilot School en Maryland, donde realizó ejercicios de pilotaje y tareas de ingeniería a bordo de dos aviones para entrenar la reacción ante situaciones complejas y la toma de decisiones bajo presión.
El programa de preparación también incluye simulaciones con trajes espaciales y pruebas orientadas a familiarizar a los astronautas con los sistemas de la nave. Parmitano relató que él y Douglas participaron en un ensayo de seis horas con incidentes simulados, centrado en la resistencia física y la respuesta ante emergencias.
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“La primera en el simulador fue completamente equipados, para familiarizarnos con nuestros trajes espaciales”, explicó en declaraciones recogidas por Euronews.
Durante el verano seguirán las prácticas y en otoño el foco pasará a los sistemas de aterrizaje. La planificación puede sufrir ajustes si surgen contratiempos técnicos, una posibilidad que obliga a la tripulación a mantener un alto nivel de adaptación.
Maniobras inéditas y lanzamientos coordinados

Uno de los tramos más delicados de la misión será el encuentro y acoplamiento entre naves en vuelo. Esa fase combinará procedimientos automáticos y manuales y exigirá una preparación específica para operar en el espacio profundo.
Parmitano explicó que esas maniobras demandarán “preparación rigurosa y máxima concentración”. La dificultad aumenta porque no existen antecedentes de una arquitectura de misión de este tipo en una operación tripulada de estas características.
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La secuencia de lanzamientos también forma parte del reto. El módulo de alunizaje de Blue Origin despegará primero, después partirá Orion y más tarde lo hará el módulo lunar de SpaceX. Ese orden responde a la autonomía de cada vehículo y a la necesidad de sostener una coordinación precisa entre sistemas distintos.
El módulo de Blue Origin puede permanecer hasta 30 días en espera en el espacio, mientras que Orion dispone de recursos para 21 días. Parsons describió esa coordinación como “un baile altamente coreografiado”, en declaraciones citadas por el medio.
Las compañías ya desarrollaron versiones de prueba de sus módulos. En una etapa de la misión, dos astronautas de Orion abrirán la escotilla y pasarán al módulo de Blue Origin, una transición que exigirá integrar tecnologías de origen diferente dentro de una misma operación.
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Exigencia física y psicológica en un entorno reducido

La misión también pondrá a prueba la capacidad de adaptación de la tripulación. Los astronautas convivirán durante semanas en un entorno limitado, con recursos finitos y tareas críticas bajo presión. El espacio habitable de Orion es de ocho metros cúbicos.
La rutina a bordo impondrá disciplina constante. El aislamiento, la convivencia permanente y la necesidad de sostener la concentración durante maniobras de alta exigencia añaden una carga psicológica para los cuatro tripulantes.
Parmitano sostuvo que la preparación mental tiene tanto peso como la física. El astronauta italiano expresó su disposición a asumir esas condiciones con tal de participar en el regreso humano a la órbita lunar, según recogió el portal de noticias europeo.
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Obstáculos recientes en el camino hacia 2027
El desarrollo de Artemis III también afrontó problemas técnicos recientes. En mayo, el cohete New Glenn de Blue Origin, previsto para transportar el módulo lunar de la compañía a la órbita, explotó durante una prueba y dañó la plataforma de lanzamiento.
El incidente representó un revés para el cronograma. Aun así, la dirección de la NASA mantiene el objetivo de lanzar la misión en la segunda mitad de 2027. El administrador Jared Isaacman reiteró ese plazo mientras los equipos técnicos y la tripulación continúan con los preparativos.
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