
Las aves marinas del océano Antártico forman parte de un delicado equilibrio natural, ya que su presencia ayuda a mantener la salud de los ecosistemas y a transportar nutrientes a lugares remotos.
Sin embargo, su población puede variar drásticamente debido a las fluctuaciones del clima, lo que convierte a estas especies en verdaderos termómetros de los cambios ambientales que afectan a todo el planeta.
Para entender cómo el cambio climático influyó en la vida de estas aves a lo largo del tiempo, un grupo de científicos analizó restos de guano conservados en una isla cerca de la Antártida.
El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, reconstruye la historia de miles de años de estas poblaciones y muestra cómo los vientos y otros factores ambientales marcaron su destino en distintos períodos.
Oscilaciones históricas en las colonias de aves marinas y el rol del clima

El trabajo identificó que las primeras colonias estables de aves marinas se establecieron entre 6.800 y 6.100 años atrás. Este hallazgo adelanta la colonización de Bird Island en más de un milenio respecto de otros registros en islas subantárticas. Se realizaron análisis de mercurio en la turba, un tipo de suelo formado por la acumulación de restos de plantas en zonas húmedas y frías, como los pantanos.
Las muestras se utilizaron como indicador de la acumulación de excrementos de aves marinas, llamado guano y, por extensión, de la densidad de estos animales en la región. Los resultados mostraron que existieron al menos cinco periodos con grandes poblaciones locales.
El tamaño de las poblaciones de aves varió junto con los cambios climáticos, y las fluctuaciones en la acumulación de mercurio en la turba corresponden a los aportes de guano, lo que permite estimar la abundancia de aves en diferentes épocas.
El mercurio es un elemento que se acumula en la cadena alimentaria marina y alcanza concentraciones elevadas en las aves, que ocupan los niveles más altos. Cuando se alimentan en el océano y luego regresan a sus colonias, excretan guano rico en mercurio. Este se deposita sobre el suelo y, con el paso del tiempo, queda atrapado en capas de turba.

Al analizar la cantidad de mercurio presente en cada capa, los científicos pueden saber en qué períodos hubo más aves en la zona, ya que una mayor presencia de guano corresponde a una mayor concentración de mercurio en la turba. La investigación destaca que los periodos de mayor presencia de aves coinciden con vientos menos intensos, lo que habría favorecido la reproducción y el asentamiento de especies como el petrel de mentón blanco, el albatros errante y los petreles gigantes.
La importancia de estos hallazgos radica en la fuerte correlación entre la intensidad de los vientos y la dinámica poblacional de las aves marinas. El artículo de PNAS indica que “la intensificación contemporánea de los vientos del oeste podría provocar descensos aún más abruptos en las poblaciones de aves marinas del océano Antártico”. Además, las condiciones ambientales asociadas, como la extensión del hielo marino, influyen sobre la disponibilidad de alimento y las tasas de éxito reproductivo.
La reconstrucción a partir de mercurio en la turba: método y contexto
El método utilizado por el equipo consistió en analizar muestras de turba tomadas de Bird Island y de otros lugares seleccionados como sitios de control, donde no existen grandes colonias de aves marinas en la zona de muestreo, como un humedal en las Islas Malvinas y otra área específica de Georgia del Sur.
Las aves marinas, que ocupan los escalones más altos de esa cadena, concentran grandes cantidades de mercurio en su organismo y lo eliminan a través del guano. Cuando el guano llega al suelo y queda atrapado en la turba, deja una especie de huella química que los científicos pueden detectar.
Al comparar la cantidad de mercurio encontrada en la turba de Bird Island con la de los sitios donde no anidan aves, los investigadores observaron valores mucho más altos en la isla con colonias. Esto demostró que el principal aporte de mercurio en la turba proviene del guano de las aves.

Además, el equipo utilizó técnicas para identificar exactamente qué parte del mercurio tenía origen en el guano y cuál llegaba desde la atmósfera, lo que permitió reconstruir con detalle la historia de las colonias a lo largo de miles de años.
El análisis también incluyó el estudio del carbono en la turba para evaluar cómo los nutrientes del guano favorecieron el crecimiento de las plantas en el humedal y contribuyeron a almacenar más mercurio y materia orgánica. Así, los científicos lograron usar el mercurio como una especie de registro natural que cuenta cómo cambiaron las poblaciones de aves en el pasado.
El método desarrollado ofrece una herramienta replicable para reconstruir la historia de poblaciones de aves marinas en otras regiones donde existan archivos de turba o sedimentos. La combinación de los análisis de mercurio con herramientas como el ADN ambiental abre nuevas posibilidades para reconstruir ecosistemas del pasado y entender cómo las aves marinas responden a los cambios climáticos actuales.
La investigación advierte que la intensificación de los vientos del oeste y la reducción del hielo marino, procesos ya observados en las últimas décadas, pueden agravar la disminución de las poblaciones de aves marinas en el océano Antártico.
El artículo sugiere que los modelos demográficos deben incorporar estos factores climáticos para mejorar la precisión de las proyecciones sobre el futuro de las especies amenazadas. La importancia de las aves marinas como indicadores de la salud de los ecosistemas marinos y como agentes de transporte de nutrientes y energía subraya la relevancia de estas investigaciones para la conservación global.
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