La ciencia detrás de los tornados: cómo se forman y qué ocurre dentro del vórtice

La experiencia relatada por un científico atrapado en medio de este fenómeno extremo revela los riesgos que se esconden en estos eventos capaces de arrasar todo a su paso y generar escenas de destrucción inimaginable

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Un tornado es una columna de aire en rotación violenta que se extiende desde una tormenta eléctrica hasta el suelo (Ronald W. Erdrich / Abilene Report / via REUTERS)
Un tornado es una columna de aire en rotación violenta que se extiende desde una tormenta eléctrica hasta el suelo (Ronald W. Erdrich / Abilene Report / via REUTERS)

Un tornado es una columna de aire que gira violentamente y se extiende desde una tormenta eléctrica hasta el suelo. Este fenómeno se reconoce por su embudo vertical de aire en rápida rotación, capaz de alcanzar velocidades superiores a 400 kilómetros por hora.

Los huracanes suelen ir acompañados de granizo y presentan un cielo oscuro, a menudo verdoso, con nubes negras y un rugido estruendoso. Aunque pueden aparecer en diversas regiones del mundo, los más frecuentes y destructivos se registran en Estados Unidos, especialmente en el llamado “Corredor de los Tornados”, que abarca estados como Kansas, Oklahoma y Texas.

La formación de este fenómeno requiere una combinación precisa de factores atmosféricos. Primero, se necesita aire cálido y húmedo cerca del suelo y aire seco en las capas superiores. Esta diferencia de temperaturas genera inestabilidad, permitiendo que el aire cálido ascienda. Sobre este aire se encuentra una capa de inversión, que actúa como una tapa hasta que la atmósfera logra atravesarla, explica National Geographic.

Tornado en Nebraska
La formación de tornados requiere aire cálido y húmedo cerca del suelo y aire seco en altura, generando inestabilidad y mesociclones (Chris Machian/Omaha World-Herald via AP)

La interacción entre el aire húmedo proveniente del Golfo de México y el aire seco del oeste, conocida como la línea seca, provoca que el húmedo se eleve abruptamente. Además, los cambios en la velocidad y dirección a diferentes alturas favorecen que el movimiento ondulatorio de la atmósfera se convierta en rotación vertical, creando un mesociclón. Finalmente, la corriente en chorro, a varios kilómetros de altura, intensifica la rotación y aporta energía adicional al sistema.

Dentro de la denominada supercélula, la corriente ascendente y el mesociclón permiten que se forme una nube en forma de embudo. Cuando toca el suelo, se convierte en un tornado. En promedio, cada uno mide en promedio 200 metros de ancho y se desplaza a una velocidad de 48 kilómetros por hora, aunque los más grandes pueden superar los 480 kilómetros por hora y causar destrucción en franjas de más de 1,6 kilómetros de ancho. El tiempo de duración varía desde unos segundos hasta varias horas, aunque la mayoría no recorre más de 10 kilómetros antes de disiparse.

Los huracanes son más comunes en primavera y verano, especialmente al final de la tarde, cuando el calentamiento diurno intensifica la inestabilidad. Aproximadamente una de cada mil tormentas eléctricas se convierte en supercélula, y cerca del 30% de estas generan un tornado.

Daños y consecuencias de los tornados

Los tornados causan grandes pérdidas económicas e infraestructura, con un promedio anual de 80 muertes y más de 1.500 heridos en Estados Unidos (REUTERS/Seth Herald)
Los tornados causan grandes pérdidas económicas e infraestructura, con un promedio anual de 80 muertes y más de 1.500 heridos en Estados Unidos (REUTERS/Seth Herald)

La potencia destructiva radica en sus vientos extremos, que pueden arrasar todo a su paso. Estos fenómenos son capaces de derribar casas y grandes estructuras, destruir puentes, volcar trenes y lanzar vehículos a gran distancia. Los vientos pueden incluso arrancar la corteza de los árboles y provocar que un río pierda temporalmente su cauce.

La magnitud del daño se evalúa a través de la escala Fujita, que clasifica los tornados desde F0 hasta F5, según los estragos causados y las velocidades estimadas del viento. En Estados Unidos, actualmente se utiliza la escala EF (Enhanced Fujita), que añade variables adicionales para asignar la intensidad exacta.

La mayoría de las víctimas de tornados no mueren a causa del viento en sí, sino por el impacto de escombros arrojados a gran velocidad: tejas, cristales, puertas, vigas de metal e incluso ramas de árboles o animales. Los tornados pueden desplazar a las personas por el suelo o levantarlas y arrojarlas desde alturas peligrosas.

Antes de que existieran sistemas de alerta y pronóstico más avanzados, el número promedio de muertes anuales era mucho mayor. Aun así, las cifras siguen siendo significativas: solo en 2025, 61 personas fallecieron en Estados Unidos por causa de tornados, y el promedio anual ronda las 80 muertes y más de 1.500 heridos, informó el National Weather Service.

Los escombros lanzados por los vientos extremos son la principal causa de muertes y heridas durante el paso de un tornado (REUTERS/Seth Herald)
Los escombros lanzados por los vientos extremos son la principal causa de muertes y heridas durante el paso de un tornado (REUTERS/Seth Herald)

La destrucción causada por un tornado puede generar pérdidas económicas de miles de millones de dólares. Además de las construcciones, otras infraestructuras críticas, como redes eléctricas y de comunicación, pueden quedar inutilizadas durante días o semanas. Tras el paso de una tormenta, los vehículos pueden terminar atascados en el barro, antenas dobladas y objetos incrustados en las estructuras.

¿Se puede sobrevivir a un tornado?

Un científico atmosférico, llamado Perry Samson, quedó atrapado de manera accidental dentro del vórtice de un huracán en Kansas mientras realizaba estudios sobre superceldas con un equipo universitario.

En su testimonio, publicado en The Conversation, describió cómo vivió en carne propia las sensaciones físicas y psicológicas de estar dentro de uno: el cambio abrupto de presión, la fuerza destructiva del viento, la oscuridad total por los escombros y el peligro constante de impacto por objetos voladores.

El investigador, que viajaba en su auto particular, vio que de forma repentina se formó una columna de viento, lo que obligó a tomar la decisión de orientar el automóvil hacia el viento para minimizar el riesgo de vuelco. De pronto, Samson se encontró rodeado de vientos y objetos que se convirtieron en proyectiles en cuestión de segundos.

La nube en forma de embudo, característica de las supercélulas, da lugar a tornados cuando toca la superficie terrestre (Navajo Police Department via AP)
La nube en forma de embudo, característica de las supercélulas, da lugar a tornados cuando toca la superficie terrestre (Navajo Police Department via AP)

En su columna, el estudioso detalló que dentro de un tornado, las condiciones son extremas: la presión atmosférica cambia de manera brusca, provocando molestias físicas como dolor de oídos y de cabeza.

Los vientos dentro del vórtice pueden superar los 241 kilómetros por hora, y el aire adquiere una densidad tal que golpea como un objeto sólido. La oscuridad es total debido a la suspensión de tierra, ramas y fragmentos de edificaciones, lo que impide cualquier tipo de visibilidad, incluso con equipos de grabación.

Sin embargo, vivió para contarlo y mencionó con qué se cruzó. La principal amenaza para la vida son los escombros levantados por el viento, que pueden incluir madera, metal y otros materiales. El viento puede ser tan intenso que impide abrir las puertas de los vehículos, restringiendo así las posibilidades de buscar refugio externo.

Una vez finalizado el huracán, que puede durar desde segundos hasta horas, el resultado es devastador. Es frecuente encontrar daños materiales severos, como vehículos atascados, antenas dobladas y objetos incrustados en las carrocerías.

También es habitual hallar casas completamente destruidas y arrasadas. En su relato, Samson abordó la percepción errónea que se tiene sobre el fenómeno natural. “Lejos de ser un espacio despejado, el interior del vórtice es una densa masa de escombros y tierra pulverizada donde la visibilidad es nula y el peligro es extremo”, detalló a The Conversation.