Fósiles jurásicos muestran que el vuelo de las aves surgió antes de lo pensado y de forma inesperada

Una investigación mostró adaptaciones que les permitieron volar que antes no habían sido documentadas, lo que abre nuevas perspectivas sobre la evolución de las especies actuales

La luz ultravioleta ayuda a revelar tejido blando preservado junto con los huesos de un fósil de Archaeopteryx en el Museo Field de Chicago, Illinois (Delaney Drummond/Museo Field)
La luz ultravioleta ayuda a revelar tejido blando preservado junto con los huesos de un fósil de Archaeopteryx en el Museo Field de Chicago, Illinois (Delaney Drummond/Museo Field)
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Un reciente avance paleontológico está modificando el conocimiento sobre la evolución de las aves. El descubrimiento del fósil de Baminornis en China, sumado al análisis de un nuevo ejemplar excepcional de Archaeopteryx en Chicago, permite a especialistas citados por la Revista Nature afirmar que las aves ya presentaban una notable diversidad y rasgos asociados al vuelo antes de lo que se pensaba.

Hace aproximadamente 150 millones de años, durante el Jurásico, Europa se hallaba cubierta por mares tropicales. En un conjunto de islas, convivían algunas de las aves más antiguas. Entre ellas se encontraba Archaeopteryx, de tamaño similar al de un cuervo, con garras en las alas y dientes en el pico. Estos rasgos muestran un vínculo directo con los dinosaurios terópodos.

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Sin embargo, como señala la Revista Nature, los fósiles de estas aves primitivas son sumamente escasos por la delicadeza de sus huesos y la necesidad de condiciones muy específicas para su conservación. El registro fósil del Jurásico sufrió grandes vacíos durante décadas.

El Archaeopteryx, hallado en Alemania en la década de 1860, fue durante mucho tiempo la única ave jurásica conocida. Su análisis lo convirtió en un fósil de transición icónico. Aunque presentaba plumas adecuadas para el vuelo en las aves modernas, carecía de un esternón óseo y tenía una larga cola, lo que generó dudas entre los científicos sobre su aptitud para el vuelo sostenido. Así lo explicó Stephen Brusatte, paleontólogo de la Universidad de Edimburgo.

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El paleontólogo Min Wang señala los huesos de la cola fusionados, o pigóstilo, de Baminornis, un ave jurásica descubierta en China (Jin Liwang/Xinhua/Alamy)
El paleontólogo Min Wang señala los huesos de la cola fusionados, o pigóstilo, de Baminornis, un ave jurásica descubierta en China (Jin Liwang/Xinhua/Alamy)

Otros expertos, como Talia Lowi-Merri, de la Universidad de Harvard, sostienen que el esternón comenzó a evolucionar gradualmente en aves posteriores y que tal vez el Archaeopteryx solo tenía una estructura de cartílago, insuficiente para un vuelo potente.

El escenario cambió a partir de 2025 con el hallazgo de Baminornis en la provincia de Fujian, China, descrito por el equipo dirigido por Min Wang. El fósil muestra un pigóstilo completamente desarrollado, el hueso de la cola típico en las aves actuales, que no estaba presente en Archaeopteryx. Según Wang, esto sugiere que el origen de las aves podría situarse en un periodo todavía más antiguo y que la diversificación comenzó antes de lo que se creía.

Pese al avance, el registro jurásico sigue siendo limitado y muchas incógnitas permanecen abiertas. Aunque científicos como Brusatte destacan la rápida expansión de aves en el Cretácico en regiones como Asia, América, España, Madagascar y la Antártida, el periodo jurásico aún presenta importantes lagunas. Jingmai O’Connor, paleontóloga del Museo Field de Chicago, advierte de la necesidad de mantener la prudencia ante las conclusiones, al remarcar que “las aves y los dinosaurios similares a ellas son extremadamente raros en el registro fósil”.

La comparación anatómica revela que, mientras Archaeopteryx no poseía esternón óseo, Baminornis ya lo había desarrollado de manera notoria. La aparición, además, del pigóstilo en Baminornis da cuenta de un escenario evolutivo mucho más variado y sofisticado, en el que diversas líneas de aves adquirirían adaptaciones al vuelo. Estudios recientes añaden que determinadas plumas terciarias detectadas en el espécimen de Chicago cubrían el espacio entre las alas y el cuerpo, creando una superficie que ayudaba en las maniobras aéreas, según Nature.

El descubrimiento de las plumas terciarias (recuadro) facilita la comprensión del vuelo del Archaeopteryx  (Delaney Drummond/Museo Field)
El descubrimiento de las plumas terciarias (recuadro) facilita la comprensión del vuelo del Archaeopteryx (Delaney Drummond/Museo Field)

El debate sobre el origen del vuelo en dinosaurios está lejos de resolverse. O’Connor defiende la posibilidad de que el vuelo evolucionara varias veces de forma independiente, citando fósiles como Microraptor —un dinosaurio con cuatro alas— y Yi, que presentaba membranas similares a las de un murciélago. Por su parte, Lowi-Merri y otros investigadores consideran más plausible una transición gradual única, desde dinosaurios no voladores hasta aves modernas, a través de diferentes experimentaciones anatómicas.

La publicación de un nuevo ejemplar de Archaeopteryx en Chicago, analizado por O’Connor, Wang y su equipo en 2025, ofrece datos inéditos. El fósil, con alas separadas del cuerpo y restos de plumas terciarias, permitió estudiar por primera vez la estructura palatina del cráneo, fundamental en la alimentación especializada de las aves vivas. Investigaciones posteriores demostraron que Archaeopteryx ya poseía una lengua móvil y adaptaciones que favorecían una alimentación eficiente, asociadas a las exigencias energéticas del vuelo propulsado.

Los recientes hallazgos impulsan a los especialistas a reconsiderar la cronología y la complejidad de la evolución aviar. Reconocen que muchas características esenciales para el vuelo ya estaban presentes en el Jurásico tardío, y esperan que futuras excavaciones, especialmente en Asia, saquen a la luz especies aún más antiguas y reveladoras.

Tras más de 160 años de estudios, Archaeopteryx sigue sorprendiéndonos y aportando información básica completamente nueva sobre el origen de las aves, según destacan los científicos a la Revista Nature.

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