
El jaguar o yaguareté y el puma son grandes felinos carnívoros que habitan en América. Ambos ocupan el rol de depredadores tope en los ecosistemas donde viven y eso llevó a creer que las poblaciones de esas dos especies eran enemigas.
Sin embargo, una nueva investigación realizada por científicos de la Argentina y Brasil derribó esa idea. El yaguareté y el puma logran compartir territorio porque reparten sus presas y cumplen funciones ecológicas parecidas.
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El hallazgo redefine la visión clásica sobre la competencia entre los mayores felinos de América y aporta claves valiosas para la conservación.
Hilton Entringer Jr., del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, que depende del Conicet, y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco de Argentina, junto con Ana Carolina Srbek-Araujo, de la Universidad Vila Velha de Brasil, hicieron la investigación. Publicaron los detalles en la revista Biology.
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Consultado por Infobae Andrés Novaro, doctor en biología, investigador en manejo de fauna silvestre y director de conservación terrestre de la organización WCS Argentina, comentó: “El nuevo estudio publicado en la revista Biology resalta que ni los depredadores tope, como el yaguareté o el puma, ni sus presas principales son redundantes en los ecosistemas. Tienen diferencias clave en sus roles ecológicos, como el tipo de presas que selecciona el depredador o los hábitats que usa una presa”.
“Por lo tanto, cuando se piensa en conservar no solo es importante considerar la presencia sino también la funcionalidad de cada especie. Por ejemplo, los armadillos y especies con roles similares pueden ser muy importantes para que los pumas puedan coexistir con los yaguaretés en lugares donde están los dos carrívoros presentes”, sumó Novaro.
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Dos felinos, una pregunta de la naturaleza

Durante años, los investigadores se han preguntado cómo el yaguareté (Panthera onca) y el puma (Puma concolor) pueden convivir en los mismos ambientes, desde México hasta Argentina. Ambos pesan decenas de kilos y dependen de animales medianos o grandes para alimentarse.
La teoría ecológica tradicional sostiene que especies con necesidades similares tienden a competir hasta que solo una permanece.
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Entringer y Srbek-Araujo buscaron entender por qué, en la naturaleza real, ambos felinos siguen presentes en los mismos paisajes, aun cuando sus dietas se superponen en parte.
Intentaron identificar los mecanismos que permiten esa convivencia: ¿se basa en separar recursos, en parecerse mucho o en una combinación de ambas tácticas?
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El menú escondido del yaguareté y el puma

Los investigadores analizaron la dieta de ambos felinos en 21 poblaciones de América Latina. Usaron estudios publicados en tres idiomas y eligieron muestras de heces para comparar lo que comen y cómo varía según la región.
El yaguareté suele preferir ciervos y pecaríes, mientras que el puma opta por una gama más amplia de animales, como grandes roedores, armadillos y osos hormigueros.
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Esa diferencia aparece en los niveles más finos, como la familia o el género de las presas, lo que reduce el choque directo entre ambos.
Los investigadores destacaron que “esa segregación dietética probablemente reduce la competencia directa entre ambas especies”. Así, cada uno explota grupos de presas diferentes y el conflicto disminuye.
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El puma mostró una dieta más variada y flexible. Se detectó que tiene una base de presas más amplia (87 especies y 65 géneros frente a 69 y 58 en yaguaretés) y consistentemente mayor dispersión dietética. Esta adaptabilidad le ayuda a sobrevivir en ambientes dominados por el yaguareté.

Pese a las diferencias taxonómicas, ambos buscan presas con características similares: tamaño corporal, hábitos y modo de desplazamiento.
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El resultado es que cumplen funciones parecidas en el ecosistema, aunque usen especies distintas. Los dos ayudan a regular las poblaciones de sus presas y el equilibrio en la naturaleza.
Esa “tarea” compartida es clave porque asegura que ninguna especie de presa se vuelva dominante, lo que protege la diversidad y el funcionamiento del ecosistema.
Equilibrios frágiles y desafíos de conservación

La convivencia entre el yaguareté y el puma depende de separar especies de presas y compartir funciones ecológicas. Este balance resulta sensible a la pérdida de hábitat, la caza y la reducción de animales silvestres.
Los investigadores advirtieron que “ambas especies han sufrido disminuciones locales de población debido a la pérdida de hábitat, el agotamiento de presas nativas y los conflictos con humanos”.
Las actividades humanas y la presión sobre la fauna afectan la supervivencia de esos grandes felinos.
Consideraron que la protección debe incluir no solo a los depredadores, sino también a la variedad de presas y ambientes donde viven.

Entre las limitaciones, los investigadores aclaran que el análisis se centró en la dieta y no en datos demográficos directos.
A pesar de esto, sus resultados ofrecen una base sólida para políticas de conservación y para comprender cómo los grandes depredadores pueden compartir territorio en los paisajes más extensos y diversos de América.
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