
Un nuevo estudio que fue publicado en la revista Trends in Immunology reveló que el síndrome del COVID prolongado repite un patrón de síntomas persistentes que ya existía en otras epidemias.
El equipo detectó que la recuperación de una infección no siempre devuelve la salud previa. Según los autores, comprender estas secuelas modifica la forma en que médicos y científicos encaran los tratamientos, y potencialmente abre la puerta a mejores diagnósticos para millones en el mundo.
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La investigación fue realizada por científicos de la Universidad de Yale y el Instituto Médico Howard Hughes. El trabajo detalló alteraciones en la microbiota intestinal y el estado del sistema inmune, pistas que podrían explicar por qué solo algunos pacientes desarrollan síntomas de larga duración.

También se informó que hoy existen pruebas inmunológicas y genéticas para distinguir el COVID prolongado y síndromes relacionados. Se pueden detectar cambios en la función de los linfocitos y el sistema inflamatorio.
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“Esperamos que este estudio concientice sobre la prevalencia y la continuidad de los síndromes de infección posaguda que preceden al COVID Prolongado”, afirmó la científica y coautora Akiko Iwasaki, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale.
“Al situar el COVID prolongado en el contexto histórico de las enfermedades posinfecciosas, nuestro objetivo es reducir el estigma y fomentar esfuerzos coordinados para desarrollar tratamientos eficaces”, enfatizó.
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Por más de 100 años, virus, bacterias y parásitos dejaron síntomas duraderos en quienes los padecieron.
De acuerdo con estos científicos, el mayor problema radica en que los síndromes postinfecciosos permanecieron sin estudio a pesar de ser frecuentes. Quienes los sufren enfrentan dudas incluso de médicos, porque los análisis clásicos no muestran cambios claros.
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Con la emergencia del coronavirus que causa la enfermedad COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) empezó a estudiar la afección pos-COVID-19 en la primera oleada en 2020.
En ese momento, empezaron a aparecer informes que indicaban que algunos pacientes presentaban síntomas persistentes semanas o meses después de la infección por SARS-CoV-2.
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En septiembre de ese año, la agencia sanitaria estableció códigos de emergencia en la clasificación internacional de enfermedades para esta afección.
Los años siguientes muchas personas tenían fatiga, dificultades cognitivas y dolor, pero los estudios que les hacían no encontraban nada fuera de lo normal.
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El pasado ya mostraba las señales

Los investigadores se propusieron explorar pandemias como la gripe de 1889-1890, donde médicos ya dejaron registro de pacientes con síntomas que nunca desaparecían.
Los relatos clínicos sobre agotamiento post-influenza tras epidemias históricas coinciden con los síntomas que muestran actualmente los pacientes con Long COVID, detectaron los investigadores.
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No solo la gripe, también el virus Epstein-Barr, la fiebre Q (una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Coxiella burnetii) y la enfermedad por el virus del Ébola provocaron síndromes parecidos, en los que la ciencia no encuentra aún marcadores claros para diagnosticar.
El estudio expuso que el 10% de quienes tuvieron la infección por el coronavirus desarrolló COVID prolongado, con múltiples síntomas que se mantienen y afectan la vida diaria.
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Las mujeres aparecen entre las más afectadas, igual que en otras enfermedades autoinmunes, un patrón que se repite en los registros históricos y actuales.
Los científicos remarcaron que la recuperación de la infección no siempre equivale a restablecer la salud previa. Insistieron en que las expectativas de una curación total muchas veces no se cumplen.
También advirtieron que existen prejuicios que dejan a los pacientes estigmatizados, con sufrimiento físico y emocional ya que no encuentra alivio en los tratamientos actuales.
Nombres y respuestas para el futuro

El estudio pide priorizar la investigación en síndromes postinfecciosos agudos, y que se desarrollen más pruebas, tratamientos y explicaciones.
Los científicos afirmaron que entender el COVID Prolongado ayudará a quienes enfrentan dolencias similares por otras infecciones antiguas y modernas.
Reconocieron que aún faltan explicaciones sobre por qué unos pacientes se recuperan enseguida y otros quedan marcados por síntomas eternos.
Pero algo es seguro, de acuerdo con los expertos: “Invertir en la investigación de estos síndromes es clave para comprender la salud humana y avanzar hacia mejores soluciones clínicas”.
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