
El agujero de ozono sobre la Antártida es el resultado de productos químicos creados por los seres humanos que destruyen el ozono cada primavera austral.
El Servicio de Monitoreo de la Atmósfera de Copérnico, que depende de la Unión Europea, informó que el agujero de 2025 se cerró el 1 de diciembre, el final más temprano desde 2019.
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Implica una señal positiva para la recuperación. Significa que la capa de ozono está volviendo poco a poco a su estado saludable original, antes de ser dañada por sustancias químicas.
Qué es la capa de ozono

La capa de ozono es una franja de gas en la estratosfera que protege la Tierra de los rayos ultravioleta. Sin ella, el riesgo de desarrollo de cáncer de piel y problemas ambientales aumenta.
El agujero de ozono no existió siempre. Apareció en la década de 1980 y se relaciona con la liberación de sustancias humanas como clorofluorocarbonos y otros compuestos de aerosoles y refrigerantes.
Esos compuestos no estaban en la atmósfera antes de la industrialización. Al subir, rompen el ozono y debilitan su protección natural.
Qué pasó con el agujero de ozono en 2025

Este año el agujero surgió a mediados de agosto. A principios de septiembre llegó a 21,08 millones de kilómetros cuadrados, mucho menos que los 26,1 millones de 2023.
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El informe indicó que “el agujero de ozono sobre la Antártida de 2025 fue significativamente más pequeño y duró menos que en los cinco años anteriores”.
El tamaño máximo mide el debilitamiento cada temporada y se expresa en millones de kilómetros cuadrados.
Acciones globales

El informe detalló que hacia finales de septiembre seguía siendo considerablemente grande, pero después se redujo rápidamente. De 2020 a 2023, el agujero fue grande por más tiempo y tardó en cerrarse.
Las sustancias que agotan la capa de ozono son productos químicos artificiales creados en el siglo XX. Su uso causó el daño actual; antes no existían de forma natural.
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Para revertirlo, los países aprobaron el Protocolo de Montreal en septiembre de 1987 y prohibieron la producción y el uso de esas sustancias que afectaban a la capa de ozono.

El Servicio de Monitoreo destacó que “sin el Protocolo de Montreal y sus enmiendas, los niveles globales de ozono habrían caído a niveles catastróficos”. Gracias a ese acuerdo, la capa muestra señales de mejora.
Los expertos europeos aclararon que “la aparición de agujeros de ozono muy grandes y duraderos en los últimos años no contradice el éxito del Protocolo de Montreal”.
Cambios de tamaño dependen de condiciones meteorológicas, como temperaturas muy bajas y vientos intensos.

El frío de la primavera y la dinámica sobre la Antártida, además de eventos como el volcán Hunga Tonga en 2022, influyen cada año.
El monitoreo usa satélites europeos y estadounidenses que controlan el ozono y el clima casi en tiempo real. El dato clave es la Unidad Dobson: menos de 220 indica un agujero de ozono.
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Esperanza científica

Durante la temporada, los expertos usaron gráficos y animaciones satelitales para seguir el área y el mínimo de ozono sobre la Antártida.
El informe explicó que “los últimos dos años marcaron una diferencia notable con los períodos anteriores, ya que tanto en 2024 como en 2025 el agujero se redujo y se cerró en fechas más tempranas”.
El cierre de este año “alimenta la esperanza” de una recuperación constante. El ozono requiere observación porque las sustancias que agotan al ozono permanecen décadas en la atmósfera.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima una recuperación completa cerca de 2050, aunque la Antártida tardará más.
El cierre temprano de 2025 confirma avances por cooperación global y el funcionamiento real de los tratados.
La vigilancia científica y el control internacional permiten que la restauración de la capa de ozono avance, protegiendo el futuro del planeta.
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