
La relación entre el sistema inmune y el cerebro muestra algo sorprendente. Cuando una persona evita el contacto social al enfermarse, no lo hace solo porque se siente mal, sino porque su cerebro activa un proceso específico.
Así lo explica un estudio de investigadores del Instituto Picower del MIT y la Universidad de Harvard, que encontraron el mecanismo por el cual los animales, y probablemente las personas, se aíslan al enfermarse. Publicaron los resultados en la revista Cell.
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“Nuestros hallazgos muestran que el aislamiento social tras un desafío inmunológico es autoimpuesto y está impulsado por un proceso neural activo, en lugar de ser una consecuencia secundaria de los síntomas fisiológicos de la enfermedad, como la letargia”, afirmó Gloria Choi, profesora asociada del Instituto Picower y del Departamento de Ciencias Cognitivas y del Cerebro del MIT.
En su equipo trabaja el biólogo argentino Matías Andina, quien estudió en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.
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El científico dijo en diálogo con Infobae: “Nuestro estudio muestra que la respuesta a una infección involucra mucho más que al sistema inmune. En este caso, identificamos una región del cerebro que detecta señales inflamatorias y coordina una retirada social específica”.
Estos hallazgos —aclaró Andina— “se suman a un cuerpo creciente de evidencia que indica que los cambios en el comportamiento y la fisiología durante un desafío inmunológico forman parte de un programa organizado a nivel de sistema, no de una colección de síntomas aislados”.
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Disparo molecular y conducta social

El equipo encabezado por Choi y Jun Huh, profesor asociado de inmunología en la Escuela de Medicina de Harvard, quiso descubrir qué molécula del sistema inmune causa el aislamiento social y cómo actúa en el cerebro.
Para investigar eso, los investigadores inyectaron 21 citocinas distintas en el cerebro de ratones, una por una. Fue para ver cuál provocaba el comportamiento de aislamiento, como ocurre cuando los ratones reciben LPS, una sustancia que simula una infección.
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Solo la interleucina-1 beta (IL-1β) consiguió que los ratones se aislaran tanto como con el LPS. “Nuestros hallazgos implican a la IL-1β como el principal efector que impulsa el aislamiento social durante la activación inmune sistémica”, escribieron en Cell.

Luego, los científicos buscaron dónde actúa esta molécula en el cerebro y encontraron que el receptor de la IL-1β, llamado IL-1R1, se encuentra en grandes cantidades en una zona llamada núcleo del rafe dorsal (DRN).
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Este lugar es importante para el comportamiento social y, por estar cerca del acueducto cerebral, puede recibir señales del sistema inmune que circulan en el líquido cefalorraquídeo.
Los experimentos identificaron neuronas en el DRN con ese receptor; muchas de ellas producen serotonina, relacionada con el estado de ánimo.
Red neuronal y mecanismo de aislamiento

El estudio demostró que cuando la IL-1β se une a su receptor en estas neuronas del DRN, las neuronas se activan y aparece el aislamiento social.
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Los investigadores también comprobaron que, si se bloquea la actividad de estas neuronas, los ratones no se aíslan aunque reciban IL-1β, y que desactivar el receptor IL-1R1 tiene el mismo efecto.
Curiosamente, esas acciones no cambiaron la letargia que acompaña a la enfermedad: el aislamiento social y el cansancio siguen rutas distintas en el cerebro.
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Para entender cómo se comunica la señal de aislamiento, los expertos siguieron las conexiones de las neuronas del DRN hacia otras zonas del cerebro ligadas al comportamiento social. Al usar a la optogenética, una técnica que permite activar células con luz, estimularon cada una de esas conexiones.

Solo al activar la conexión del DRN con una región llamada septum lateral intermedio, los ratones se aislaban, igual que al recibir IL-1β o LPS.
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Para asegurarse de que este mecanismo ocurre de verdad en situaciones naturales, los científicos infectaron a algunos ratones con la bacteria salmonella y observaron el mismo patrón: neuronas activadas en el DRN y conductas de aislamiento.
“En conjunto, estos resultados revelan un papel de las neuronas del DRN que expresan IL-1R1 en la mediación del aislamiento social en respuesta a la IL-1β durante un desafío inmune sistémico”, afirmaron.
En el estudio también participaron Mario Witkowski, Hunter King e Ian Wickersham.

Recibieron subsidios del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos, la Fundación Nacional de Investigación de Corea del Sur, el Centro Simons sobre el Cerebro Social, el Instituto Picower y la Fundación Freedom Together, entre otras organizaciones.
“Aunque trabajamos en modelo de ratón, el principio general es relevante, ya que mostramos que la inflamación puede modular componentes complejos del comportamiento a través de vías neuronales definidas y potencialmente independientes entre sí”, afirmó Andina en la entrevista con Infobae.

Resumió: “Estos hallazgos refuerzan la idea de que, para entender y tratar enfermedades, no basta con abordar un síntoma puntual, sino que hay que considerar cómo interactúan los distintos sistemas biológicos. En los seres humanos, sabemos que el aislamiento social crónico empeora el pronóstico de muchas patologías y la expectativa de vida”.
Para identificar puntos de intervención más precisos y combatir el aislamiento social cuando deja de ser adaptativo, “es necesario comprender los mecanismos que utiliza nuestro organismo durante una respuesta inmune”, añadió.
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