
La imagen popular de las ardillas como animales olvidadizos, que pierden la mayoría de las nueces que esconden cada otoño, ha sido ampliamente difundida en la cultura general. Sin embargo, investigaciones científicas recientes y de décadas anteriores desmienten este mito: lejos de ser despistadas, logran recuperar hasta el 85% de sus reservas, según estudios citados por Popular Science.
Esta notable eficacia se debe a una combinación de memoria espacial, olfato agudo y una observación constante de su entorno y de otros individuos.
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El origen del mito se remonta a bromas y creencias populares, como la difundida por la comediante Sarah Silverman, quien afirmaba que las ardillas olvidan el 80% de sus nueces, lo que supuestamente favorece la plantación de árboles.
Sin embargo, el Dr. Noah Perlut, profesor de la Universidad de Nueva Inglaterra y especialista en comportamiento de ardillas, sostiene que estos animales son “sorprendentemente buenos” en la recuperación de sus alimentos. “No puedes ser una ardilla promedio o morirás. Solo sobreviven y se reproducen por encima del promedio”, explicó a Popular Science.
Las cifras respaldan esta afirmación. Un estudio realizado en 1980 en entornos urbanos determinó que las ardillas grises recuperan aproximadamente el 85% de las nueces que esconden.
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Más recientemente, una investigación de 2023 documentó que las ardillas rojas en un parque urbano lograron encontrar la mayoría de sus reservas, incluso cuando competían con otros ejemplares por los mismos recursos.

Estos datos contradicen la idea de que la mayoría de las semillas quedan olvidadas y demuestran la sofisticación de las estrategias de estos roedores.
Estrategias cognitivas y sensoriales de las ardillas
El éxito de las ardillas en la recuperación de alimentos se basa en una serie de habilidades cognitivas y sensoriales. Según el Dr. Perlut, estos animales emplean un “conjunto completo de herramientas” que incluye el olfato, la vista y la interpretación de señales dejadas por otros individuos.
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No obstante, la memoria espacial desempeña un papel central. En experimentos de campo, los científicos intentaron engañar a las ardillas creando escondites falsos con el mismo olor que los reales, pero los animales lograron identificar y excavar sus propios depósitos sin perder tiempo en los impostores. Esta capacidad de distinguir entre sus reservas y las ajenas subraya la precisión de su memoria.
El almacenamiento de alimentos varía según la especie y el entorno. Las ardillas grises, comunes en el este y medio oeste de Estados Unidos, practican el almacenamiento disperso (scatter-hoarding), repartiendo cientos de nueces en un área extensa que puede abarcar entre 2,4 y 3,2 hectáreas.
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En cambio, las ardillas rojas prefieren el almacenamiento en despensa (larder-hoarding), acumulando su comida en un solo lugar defendido como una “despensa” personal.
En regiones frías, donde la nieve y el hielo dificultan excavar en el suelo, las ardillas optan por esconder alimentos en huecos y ramas de los árboles, lo que exige una memoria aún más compleja para recordar la ubicación exacta dentro de múltiples refugios.
Comportamiento social y curiosidades
El comportamiento social de las ardillas añade otra capa de complejidad. Estos animales no son territoriales y observan atentamente las acciones de sus congéneres, llegando a robarse comida entre sí.
El Dr. Perlut describe cómo las ardillas mantienen un “mapa mental codificado por colores” de su territorio, diferenciando entre los lugares donde han escondido sus propias nueces y aquellos donde han visto a otros hacerlo.
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Desde una rama, pueden vigilar el suelo y decidir si es mejor recuperar su propio alimento o intentar un robo. De hecho, Perlut considera que suelen optar primero por el hurto y, si no tienen éxito, recurren a sus propias reservas.
Además, las ardillas pueden simular el acto de enterrar una nuez para despistar a posibles ladrones, una táctica de engaño que revela la sofisticación de su comportamiento.
A pesar de la frecuente sustracción de alimentos, las ardillas rara vez castigan a quienes les roban, y este sistema de robos mutuos contribuye a una convivencia relativamente pacífica.
La memoria de estos animales es especialmente aguda durante las dos primeras semanas tras esconder la comida, aunque puede mantenerse eficaz hasta dos meses.
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Además, muestran inteligencia al priorizar el consumo de ciertos tipos de bellotas: las de roble blanco, que germinan rápidamente, son consumidas antes que las de roble rojo, que tardan más en brotar.
El día a día de las ardillas, según las observaciones recogidas por Popular Science, no se limita a la búsqueda constante de alimento. De hecho, dedican una parte considerable de su tiempo a descansar, observar y socializar.
Esta vida relativamente tranquila es posible gracias a la eficacia de sus estrategias de almacenamiento y recuperación, que les permite asegurar su supervivencia sin necesidad de estar activas durante toda la jornada.
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