
La energía del Sol que llega a la Tierra puede ser reflejada o absorbida por el planeta. Estos procesos son fundamentales para el funcionamiento del clima y la circulación atmosférica. Durante mucho tiempo, los científicos consideraron que ambos hemisferios (norte y sur) “devolvían” al espacio una cantidad muy similar de luz solar, lo que mantendría un equilibrio clave para los patrones climáticos.
No obstante, un trabajo publicado en PNAS por expertos de la NASA y centros de investigación de Estados Unidos y Noruega plantea que, en los últimos 24 años, el hemisferio norte absorbió más energía solar que el sur y perdió ese “equilibrio” de reflejo que antes se daba por hecho.
Un desequilibrio entre los hemisferios: lo que muestran los datos recientes
Los autores del artículo afirman que “mientras ambos hemisferios se vuelven más oscuros, el hemisferio norte lo hace más rápido”. La frase significa que el norte del planeta refleja menos luz solar de vuelta al espacio que antes, por lo cual retiene más energía y calor en comparación con el extremo sur. El informe indica que esta diferencia no existía a comienzos de este siglo y que ahora el norte absorbe más radiación solar en promedio que el sur.
Este cambio en el equilibrio de la radiación entre hemisferios tiene varias causas, según el estudio. La reducción de la contaminación en lugares como Estados Unidos, Europa y China genera menos cantidad de partículas en el aire que solían reflejar la luz solar.
Al mismo tiempo, la disminución de áreas cubiertas por nieve y hielo en el norte expone más superficie oscura que absorbe en lugar de reflejar. El aumento del vapor de agua también contribuye a la retención de más calor en el hemisferio norte.

En cuanto a las nubes, aunque estas juegan un papel en el balance de la energía terrestre porque pueden reflejar parte de la radiación, el análisis muestra que su efecto no es suficiente para contrarrestar las diferencias causadas por los otros factores. Los cambios en el comportamiento de las nubes, según observaron los autores, varían según la región del planeta y a veces pueden incluso reforzar los contrastes en lugar de suavizarlos.
De acuerdo al estudio, esta diferencia afecta no solo cómo se reparte la energía en el planeta, sino también la circulación de los vientos y océanos en gran escala, lo que puede influir en el clima a largo plazo.
Herramientas y metodologías para desentrañar el cambio climático
Para llegar a estos resultados, el equipo utilizó datos de satélites de la NASA que observan la radiación de la Tierra durante más de dos décadas (2001-2024). Analizaron cómo varió la cantidad de energía solar que absorbe cada hemisferio y cuánta se libera nuevamente al espacio como calor.
El análisis empleó métodos estadísticos avanzados que permiten determinar si las diferencias observadas son realmente un cambio importante y no solo fluctuaciones al azar de un año a otro. Además, los científicos compararon datos de temperatura, precipitaciones, concentración de hielo y otras variables usando bases de datos globales reconocidas.

Así, identificaron que gran parte de la diferencia se da porque el hemisferio norte registra más reducciones de contaminación en regiones grandes y mayores aumentos de humedad en la atmósfera, además de una disminución de la superficie cubierta de nieve y hielo.
El estudio también tuvo en cuenta eventos naturales, como los grandes incendios forestales en Australia y la erupción volcánica en Hunga Tonga, que afectan la atmósfera, pero tuvieron menos impacto que los cambios observados en el norte.
Posibles impactos y desafíos para el clima global

El hallazgo de que el hemisferio norte retiene más energía solar podría tener consecuencias para el clima global. Los investigadores observaron que, junto con esta mayor absorción de energía, esa área del planeta se calienta más rápido y recibe más lluvias en sus zonas tropicales. Estos cambios pueden desplazar los patrones de lluvia y modificar los flujos de aire y océano a gran escala.
La conclusión de los autores es clara: todavía se desconoce si las nubes podrán, en el futuro, restaurar el equilibrio entre ambos hemisferios. El estudio advierte que, si este desequilibrio se mantiene o aumenta, podría afectar la frecuencia e intensidad de distintos fenómenos climáticos a nivel planetario.
Por ese motivo, el equipo destaca la necesidad de continuar sumando datos y observaciones confiables para poder comprender hasta dónde llegarán estos cambios y cómo podrían impactar la vida en la Tierra.
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