“Aquello con lo que luchas es lo que retienes.” Esta afirmación, que puede sonar como una simple advertencia motivacional, esconde una verdad respaldada por la neurociencia y la psicología cognitiva. Según Psychology Today, la clave para un aprendizaje duradero se encuentra en la dificultad: el cerebro humano consolida el conocimiento gracias al esfuerzo y a la fricción cognitiva. Esta perspectiva desafía la creencia habitual de que aprender debe resultar siempre sencillo y placentero, mientras redefine la relación entre el reto y la memoria.
La idea central postula que los métodos que implican un mayor esfuerzo mental generan una retención y comprensión más profundas que las técnicas pasivas y cómodas. Esta conclusión se fundamenta en décadas de investigación, en especial en los estudios del psicólogo Robert Björk, quien acuñó el concepto de “dificultades deseables” para describir cómo la incomodidad potencia la memoria a largo plazo.

El análisis de Psychology Today parte de una observación reconocible: cuando la adquisición de información resulta fácil, el cerebro suele descartarla rápidamente. La conocida “curva del olvido” actúa con mayor intensidad si el conocimiento no ha requerido un esfuerzo relevante. En cambio, la información obtenida a través de la dificultad se consolida con más solidez y perdura durante más tiempo. Esta dinámica respalda el dicho “lo que fácil viene, fácil se va”, dotándolo de un fundamento biológico.
La investigación de Robert Björk, publicada en 1994, marcó un hito en la comprensión del aprendizaje. Sus experimentos demostraron que la facilidad es la enemiga del verdadero dominio. Entre las estrategias más eficaces que identificó se encuentran la repetición espaciada, la práctica deliberada de recuperación (autoexamen) y la variación en las condiciones de estudio. Aunque estas técnicas pueden ofrecer resultados inmediatos más bajos y suponer incomodidad, su valor reside en la profundidad y durabilidad del aprendizaje que promueven.
Estudios posteriores reforzaron estos hallazgos. Un trabajo de Deslauriers et al. (2019) mostró que los estudiantes sometidos a métodos de aprendizaje activo recordaron más información que quienes asistieron a clases magistrales tradicionales, pese a que estos últimos creyeron haber aprendido más. Este fenómeno, la “ilusión de aprendizaje”, evidencia que una sensación de fluidez no siempre se traduce en una mejor retención.

Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano no evolucionó para aprender en entornos controlados y silenciosos, sino en escenarios caóticos y cambiantes, donde la repetición, la variabilidad y la presión eran habituales. La información asociada a un esfuerzo considerable, a una carga emocional o a la repetición en distintos contextos tiene más probabilidades de ser percibida como relevante y almacenada de forma duradera. Por ello, el conocimiento adquirido de manera superficial puede servir para exámenes inmediatos, pero desaparece con rapidez, dejando espacio para lo verdaderamente importante: lo aprendido con esfuerzo.
El artículo de Psychology Today enfatiza que el cerebro retiene mejor la información recuperada bajo presión, como durante un examen, o aquella unida a consecuencias emocionales. Este mecanismo explica por qué muchas personas recuerdan momentos estresantes de su época escolar, como la ansiedad ante una prueba significativa.

Para quienes desean optimizar su aprendizaje, la recomendación es clara: incorporar dificultades deseables en la planificación de cualquier proceso formativo. Entre las estrategias más eficaces destacan:
- Espaciado: distribuir las sesiones de estudio a lo largo del tiempo interrumpe la curva del olvido y refuerza la memoria.
- Intercalación: alternar temas o problemas obliga al cerebro a adaptarse y buscar patrones, fortaleciendo la comprensión.
- Autoevaluación: realizar pruebas periódicas consolida los recuerdos y ayuda a identificar carencias de conocimiento.
Aunque estas técnicas implican mayor esfuerzo, son las que aseguran que el aprendizaje se mantenga a largo plazo. Reflejan la preferencia cerebral por el esfuerzo activo frente a la exposición pasiva. Como concluye Psychology Today, “vale la pena complicarse la vida a propósito, al menos cuando se trata de aprender”, pues el esfuerzo invertido predice lo que será recordado.
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