Por qué algunas personas duermen poco y no experimentan consecuencias en la salud

Estudios liderados por expertos de la Universidad de California han identificado cómo ciertas variantes genéticas permiten a algunos vivir sanos con muy pocas horas de sueño

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Investigadores de la Universidad de California identifican variantes genéticas que permiten dormir menos sin afectar la salud
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Dormir entre siete y nueve horas diarias se considera la recomendación básica para garantizar el buen funcionamiento físico y mental. Sin embargo, según reportó Knowable Magazineexiste un grupo minoritario de personas que apenas requieren cuatro o seis horas de sueño cada noche y no muestran consecuencias negativas para su salud. Estos individuos, denominados “natural short sleepers” (dormidores cortos naturales) , desafían la visión tradicional sobre la cantidad de descanso que necesita la mayoría de la población.

La comunidad científica, liderada por el neurólogo Louis Ptáček y la genetista Ying-Hui Fu, ambos de la Universidad de California, San Francisco, ha identificado que la razón de este fenómeno radica en la genética.

Café - sueño - neurociencia - despertar - Perú - salud - 21 mayo
El modelo tradicional del sueño es desafiado por la existencia de personas con mutaciones genéticas que requieren menos descanso (Freepik)

Los estudios de estos investigadores permitieron detectar varios genes asociados al sueño corto y eficiente, entre los que destacan DEC2ADRB1NPSR1 y GRM1. Las personas portadoras de ciertas mutaciones en estos genes parecen tener un sueño más eficiente, procesando en menos horas lo que a otros les lleva casi el doble de tiempo.

A diferencia de quienes sufren privación crónica de sueño, los short sleepers no experimentan afectaciones cognitivas, metabólicas ni inmunológicas, de acuerdo con los resultados recogidos por Knowable Magazine. Resisten el estrés, muestran una alta capacidad de recuperación y, en algunos casos, suelen ser personas energéticas, optimistas y posiblemente con una mayor longevidad, como sugiere la literatura científica reciente.

Este fenómeno contradice el modelo propuesto por Alexander Borbély en los años 70, que plantea la alternancia entre ritmo circadiano y presión homeostática de sueño. La existencia de este grupo evidencia que aún quedan aspectos por descubrir sobre la función y regulación del sueño.

El neurólogo Louis Ptáček destaca que, a pesar de dedicar un tercio de la vida a dormir, la naturaleza y el propósito real del sueño continúan siendo un enigma.

La mutación dio forma a una rara variante del gen TP53 en el ADN del donante.
Los genes DEC2, ADRB1, NPSR1 y GRM1 están asociados a un sueño corto y eficiente en los llamados 'dormidores cortos naturales' (Unsplash)

El sueño se comprende hoy como un fenómeno dinámico esencial para el cerebro y el cuerpo, que permite reponer energía, eliminar residuos y consolidar recuerdos. La privación crónica se asocia a deficiencias de memoria, trastornos metabólicos, enfermedades cardíacas y fragilidad inmune. La reducción de las horas de descanso, incentivada con la aparición de la bombilla eléctrica, es particularmente notable en Estados Unidos, donde aumenta la cantidad de personas que duermen menos de cinco horas diarias.

Genética del poco sueño

Los avances en genética han permitido localizar variantes asociadas a este patrón. La mutación DEC2 fue la primera identificada, tras estudiar a una familia cuyos miembros despertaban temprano y se sentían completamente recuperados tras solo seis horas de descanso. En modelos animales, esta mutación generó una menor necesidad de sueño y mayor producción de orexina, hormona que promueve la vigilia.

Actualmente, se han identificado siete genes relacionados con el sueño corto natural. La mutación ADRB1 incrementa la facilidad para despertar y prolongar la vigilia; otra variante en el NPSR1 posibilita dormir poco sin deterioro cognitivo relevante; también se hallaron alteraciones en GRM1 relacionadas con una gestión más eficiente del sueño.

¿Privilegio biológico?

Las personas que duermen poco y se mantienen sanas parecen inmunes a las consecuencias negativas del insomnio clásico y además muestran una conducta ambiciosa, resiliente y tolerante al dolor. Algunas investigaciones citadas por Smithsonian Magazine consideran incluso que podrían disfrutar de una esperanza de vida mayor que el promedio.

Frente a estos hallazgos, científicos como Ptáček proponen incluir un tercer elemento al modelo tradicional del sueño: el impulso conductual. Este impulso explicaría cómo ciertos individuos superan las barreras biológicas y cumplen con sus tareas pese a dormir menos. Otra hipótesis apunta a que sus cerebros terminan los procesos de recuperación y limpieza con mayor eficiencia en menor tiempo.

Dormir bien es indispensable para rendir en las actividades diarias - crédito Freepik
El entorno y la genética influyen en la cantidad de sueño necesaria, abriendo nuevas estrategias para mejorar la salud general (Freepik)

La calidad, más importante que la cantidad

El trabajo de Phyllis Zee, directora del Centro de Medicina Circadiana y del Sueño en la Universidad Northwestern, se centra en la calidad del descanso. Investiga si los dormidores cortos concentran fases más reparadoras y aceleran la eliminación de residuos cerebrales. En línea con esta visión, Fu comenta: “Sea lo que sea que su cuerpo necesita hacer durante el sueño, pueden hacerlo en poco tiempo”.

El equipo de Fu halló que los genes del sueño corto natural mejoran la capacidad para eliminar sustancias tóxicas vinculadas al deterioro cerebral.

Aunque se han detectado mutaciones que brindan resistencia a los efectos adversos de dormir poco, persiste la incógnita sobre el modo exacto en que alteran la eficiencia del sueño. Para encontrar respuestas, Fu y Ptáček examinan la actividad cerebral de los dormidores cortos, aunque la pandemia de Covid-19 ralentizó el progreso de sus estudios.

Existen también mutaciones que provocan un requerimiento superior de horas de sueño. Sin embargo, estas personas enfrentan obstáculos sociales, pues los horarios laborales y educativos suelen oponerse a sus ritmos biológicos, lo que aumenta el riesgo de privación y problemas de salud mental.

Aunque la genética es decisiva, el entorno también influye en cuántas horas necesita dormir una persona. Investigar los mecanismos de eficiencia abre la puerta a nuevas estrategias para proteger la salud general. Por ejemplo, en el laboratorio de Zee se empleó ruido rosa para estimular la memoria sin modificar la duración del sueño, logrando mejoras cognitivas en los participantes.

Los especialistas recalcan que cada individuo debe adaptar sus hábitos de descanso a sus propias necesidades. Ptáček rechaza los estándares rígidos y compara la recomendación universal de ocho horas con suponer que toda la población debe tener una sola altura.

Dormir bien no tiene una fórmula única: la genética y la eficiencia pueden marcar la diferencia.

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