
Un reciente informe de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha revelado que, en promedio, al menos tres satélites antiguos o restos de cohetes reingresan a la atmósfera terrestre cada día.
Este fenómeno, que ya genera preocupación entre científicos y expertos, podría intensificarse en los próximos años debido al creciente número de lanzamientos espaciales y la acumulación de basura orbital.
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Según el informe recientemente por la ESA, durante el año pasado se registraron aproximadamente 1.200 objetos intactos que reentraron en la atmósfera, además de innumerables fragmentos de desechos espaciales.
A pesar de estos reingresos, el volumen total de basura espacial sigue aumentando.
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La ESA estima que actualmente hay alrededor de 45.700 objetos mayores a 10 centímetros orbitando la Tierra, junto con millones de fragmentos más pequeños.
Este incremento se debe tanto al fin de la vida útil de satélites como a colisiones y explosiones en órbita, que en 2024 generaron al menos 3.000 nuevos fragmentos rastreables.
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Además, se calcula que hay aproximadamente 9.300 satélites activos en órbita, y las continuas misiones espaciales añaden más objetos al entorno orbital.
Impacto ambiental de los reingresos y preocupación científica
El informe de la ESA subraya que la actividad espacial está afectando tanto el espacio como las capas superiores de la atmósfera terrestre.
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Según explicó el astrofísico Jonathan McDowell, experto en desechos espaciales a Space, el aumento de reingresos de satélites y fragmentos plantea riesgos ambientales significativos.
McDowell señaló que, en un solo día de abril de 2024, tres objetos reingresaron a la atmósfera: dos satélites de la constelación Starlink de SpaceX y un satélite espía ruso de 43 años llamado Kosmos 1340.
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Los satélites, en su mayoría compuestos de aluminio, generan óxido de aluminio al quemarse en la atmósfera. Este compuesto químico puede acelerar la destrucción de la capa de ozono y alterar las condiciones térmicas en las capas superiores de la atmósfera.

Eloise Marais, profesora de química atmosférica en el University College London, calificó en una entrevista con Space, la tasa actual de reingresos como “un territorio inexplorado” y expresó su preocupación por el impacto ambiental.
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Riesgos para la seguridad en la Tierra
Aunque la mayoría de los satélites y fragmentos se desintegran completamente al reingresar, algunos restos logran llegar a la superficie terrestre.
Si bien el riesgo para los seres humanos sigue siendo bajo, este podría aumentar con el incremento de reingresos.
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En febrero de 2024, fragmentos carbonizados de un cohete Falcon 9 de SpaceX cayeron en Polonia y Ucrania, mientras que en marzo, un trozo de metal de 10 centímetros perforó el techo de una casa en Florida.

Este último fragmento fue identificado como parte de un pallet de baterías descartado por la Estación Espacial Internacional tres años antes. McDowell advirtió que, aunque la mayoría de la superficie terrestre está cubierta por océanos o áreas deshabitadas, el riesgo de que un fragmento cause daños graves o lesiones humanas no puede descartarse por completo.
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Casos recientes de impacto en comunidades locales
Un incidente reciente en Kenia ilustra los riesgos potenciales de los desechos espaciales. Según informó New York Times, un anillo metálico de más de 2,4 metros de diámetro y 500 kilogramos cayó en un pueblo remoto del condado de Makueni, al sureste de Nairobi.

El objeto, identificado como parte de un cohete de lanzamiento, aterrizó en una zona boscosa, aplastando árboles y arbustos, pero sin causar heridos.
Los residentes, alarmados por el impacto, inicialmente temieron que se tratara de una bomba.
El Kenya Space Agency confirmó que el objeto era un anillo de separación de un cohete y aseguró que este tipo de componentes están diseñados para desintegrarse en la atmósfera o caer en áreas deshabitadas, como los océanos.

El desafío de gestionar la basura espacial
Según la ESA, incluso si el 90% de los satélites en órbita baja terrestre (LEO) se retiran al final de su vida útil, la cantidad de basura espacial seguirá aumentando.
En algunas regiones de LEO, el número de satélites funcionales ya se aproxima al de objetos inactivos o fragmentos de desechos.
Además, los fragmentos más pequeños, aunque no rastreables, pueden causar daños catastróficos al colisionar con satélites u otros objetos en órbita.
Este fenómeno, conocido como Síndrome de Kessler, podría desencadenar una reacción en cadena de colisiones que dificultaría el acceso al espacio.
El aumento de las megaconstelaciones de satélites, como Starlink de SpaceX y Kuiper de Amazon, podría agravar aún más la situación.
Según contó McDowell, si SpaceX expande su constelación a 30.000 satélites, se podrían registrar hasta 15 reingresos diarios. Además, proyectos similares en China y otros países contribuirán al crecimiento exponencial de objetos en órbita.
Aunque existen directrices internacionales para mitigar los desechos espaciales, estas no han evolucionado al ritmo de los lanzamientos.

En 2023, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos impuso su primera multa por desechos espaciales, sancionando a Dish Network con 150.000 dólares.
Sin embargo, expertos como Webb consideran que estas medidas son insuficientes para abordar el problema de manera efectiva.
El espacio, que alguna vez fue considerado un entorno seguro y vasto, enfrenta ahora desafíos sin precedentes debido a la actividad humana.
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