
La búsqueda de justicia y la frustración ante situaciones de desigualdad parecen ser características humanas universales. Sin embargo, durante décadas, los psicólogos evolucionistas debatieron si estas emociones también se presentan en otras especies animales.
Diversos estudios sugieren que algunos animales, como los monos capuchinos y las aves córvidas, muestran comportamientos que recuerdan a la aversión a la injusticia cuando se les niega una recompensa esperada.
Estos hallazgos llevaron a muchos a pensar que los humanos no somos los únicos en reaccionar ante situaciones percibidas como injustas.

Un reciente estudio de la Universidad de California, Berkeley, desafía esta idea. Utilizaron datos de 23 investigaciones previas sobre 18 especies animales, los científicos analizaron más de 60.000 observaciones empleando un enfoque estadístico renovado. Los resultados se publicaron en la revista Proceedings of the Royal Society B.
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Los resultados mostraron que las reacciones de los animales no reflejan celos ni una verdadera aversión a la inequidad, sino desilusión ante expectativas no cumplidas.
“No podemos afirmar que los animales sienten celos basándonos en estos datos. Si existe un efecto, es muy débil y podría manifestarse en situaciones muy específicas”, afirmó Oded Ritov, investigador principal, según el medio de ciencia Phys Org. Además, aclaró que estos comportamientos no son comparables con el complejo sentido de justicia humano.
Según el estudio, los animales no protestan porque reciben menos que otros, sino porque los humanos no les brindan lo que anticipaban.

Concepto de aversión a la inequidad
El concepto de aversión a la inequidad se refiere a la incomodidad o rechazo que surge ante una distribución injusta de recursos. En los humanos, este sentimiento está profundamente arraigado y ha jugado un papel clave en la evolución social.
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Nuestra capacidad para percibir y reaccionar ante la injusticia fue fundamental para construir sociedades complejas, donde la cooperación y el reparto equitativo de bienes son esenciales para la supervivencia.
Este sentido de justicia aparece de manera temprana en la vida. Los niños pequeños, por ejemplo, suelen mostrar enojo cuando perciben que otros reciben más que ellos. No se trata simplemente de querer lo que otro tiene, sino de una protesta ante una situación que consideran injusta.
Este comportamiento es un reflejo del núcleo mismo de la aversión a la inequidad, un mecanismo que regula cómo los humanos juzgan y manejan la distribución de recursos en sus entornos sociales.
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Estudios previos y nuevas conclusiones
Durante mucho tiempo, los estudios sobre la aversión a la inequidad en animales estuvieron marcados por experimentos emblemáticos. Uno de los más conocidos fue realizado por el primatólogo Frans de Waal, quien observó el comportamiento de monos capuchinos ante recompensas desiguales.
En el experimento, dos monos recibían una rodaja de pepino como premio por completar una tarea, y ambos parecían conformes. Sin embargo, cuando uno de ellos empezó a recibir una uva, una recompensa más valiosa, el otro mono reaccionó con evidente disgusto: arrojaba el pepino y golpeando su jaula. Esta escena se hizo viral y fue interpretada como una prueba de que los animales también sienten aversión a la injusticia.
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Sin embargo, el reciente metanálisis de la Universidad de California, Berkeley, propone una interpretación diferente. Según los investigadores, los comportamientos observados en esos experimentos no se deben a una comprensión genuina de la injusticia, sino a expectativas frustradas.

“Pensamos que sería una contribución valiosa tratar de reunir la mayor cantidad de datos posible sobre esta cuestión y ver qué tipo de patrón surge con el conjunto de datos más amplio”, explicó Ritov.
En estudios posteriores, los monos reaccionaron de manera similar cuando las uvas se colocaron en jaulas vacías, donde no había otros animales con quienes compararse. Esto sugiere que los monos no estaban molestos por recibir menos que sus compañeros, sino porque no obtenían el premio que esperaban.
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Desde esta nueva perspectiva, la protesta animal no sería un acto de reivindicación de justicia, sino una respuesta a la decepción. Esto implica que el sentido humano de equidad podría ser único, ligado no solo a la gestión de expectativas, sino también a la comprensión consciente de los derechos y la justicia social.
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