
Un nuevo estudio, que fue publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología, sugiere que el cansancio excesivo durante el día y la falta de motivación en adultos mayores podrían asociarse con un mayor riesgo de desarrollar un síndrome que precede a la demencia.
Ese problema previo se conoce como “síndrome de riesgo cognitivo motor” (o MCR, por sus siglas en inglés), y se caracteriza por una disminución en la velocidad al caminar y por problemas de memoria que son reportados por la persona.
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La primera descripción del síndrome de riesgo cognitivo motor se hizo en el año 2013, y desde entonces varios investigadores lo han estudiado.

Se manifiesta en personas mayores que, aunque no presentan demencia, experimentan dificultades para recordar y caminar con normalidad.
Los investigadores que hicieron el estudio en instituciones de los Estados Unidos descubrieron que las personas con somnolencia diurna excesiva y falta de entusiasmo para hacer las cosas tenían más probabilidades de desarrollar el síndrome que las personas sin esos problemas relacionados con el sueño.
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Aunque aclararon que el hallazgo no prueba que estos problemas relacionados con el sueño causen el síndrome. Solo muestra una asociación.
Por qué importan los resultados del estudio

“Nuestros hallazgos destacan la necesidad de detectar problemas de sueño”, afirmó la primera autora del estudio Victoire Leroy, quien investiga en el Albert Einstein College of Medicine en Nueva York. “Existe la posibilidad de que las personas puedan recibir ayuda para mejorar sus problemas de sueño y prevenir el deterioro cognitivo en el futuro”, resaltó.
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El estudio incluyó a 445 personas con una edad promedio de 76 años, que no tenían diagnóstico previo de demencia. Los participantes respondieron cuestionarios sobre su sueño al inicio del estudio, y fueron consultados sobre problemas de memoria y evaluados en su velocidad al caminar en una cinta.
Las pruebas con los participantes se realizaron al inicio del estudio y luego una vez al año, durante un promedio de tres años.
La evaluación del sueño incluyó preguntas sobre la frecuencia con la que las personas tenían problemas para dormir debido a que despertaban en mitad de la noche o porque podían conciliar el sueño en menos de 30 minutos.
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Además, los investigadores preguntaron si tomaban medicamentos para ayudarse a dormir. Para evaluar la somnolencia diurna excesiva, se les consultó con qué frecuencia tenían dificultades para mantenerse despiertos mientras conducían
Aunque la investigación no demuestra que las dificultades para dormir causen directamente el síndrome de riesgo cognitivo motor, sugiere una relación entre ambos factores.
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Además, aún se desconoce qué mecanismos específicos vinculan los problemas de sueño con el desarrollo de este síndrome y su avance hacia el deterioro cognitivo.
En diálogo con Infobae, la presidenta de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño y jefa del Laboratorio de Medicina del Sueño del Hospital Italiano de Buenos Aires, Stella Maris Valiensi, consideró: “El envejecimiento se asocia a trastornos en la visión, cambios en el aparato digestivo y en el aparato respiratorio. También se producen cambios en el sueño nosotros llamamos presbisueño”.
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Durante estos últimos años, “estamos también observando a muchas personas mayores con problemas de sueño, y nosotros lo llamamos “presbisueño”, dijo la especialista, quien con su equipo está por publicar un trabajo en una revista con revisión de expertos.

“El nuevo estudio publicado en Neurology es muy interesante. Es parte de diferentes estudios que demuestran hay como una asociación circular entre sueño y el riesgo de demencia. Las personas que duermen mal tienen mayor riesgo de desarrollar demencia. A su vez, las personas con demencia tienen alteraciones del sueño”, explicó a Infobae el doctor Agustín Ibáñez, quien forma parte del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat), la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, la Universidad de San Andrés, en Argentina, y del Instituto de Salud del Cerebro Global.
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Durante el sueño, el sistema glinfático limpia de toxinas al cerebro por la noche. También los procesos de consolidación de aprendizaje y memoria ocurren durante el sueño. “Hoy hay suficiente evidencia para que las personas y los profesionales de la salud presten más atención a los problemas de sueño como una manera de actuar para prevenir o desacelerar la demencia”, sostuvo Ibáñez.
La doctora Tara Spires-Jones, catedrática de neurodegeneración y directora del Centro para el Descubrimiento de las Ciencias Cerebrales de la Universidad de Edimburgo, Escocia, comentó a CNN que el estudio tiene algunas limitaciones: “Las mediciones del sueño fueron autoinformadas, no las midió un científico, y estos autoinformes podrían estar sesgados por personas con problemas de memoria”.
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Cuáles son los factores de riesgo de las demencias

A medida que aumenta la esperanza de vida, sigue creciendo el número de personas que viven con demencia en todo el mundo. La Comisión Lancet dedicada a ese problema de salud pública identificó ya 14 factores de riesgo desde la infancia y a lo largo de toda la vida.
Son modificables y controlarlos podría prevenir o retrasar casi la mitad de los casos de demencia, incluso cuando las personas de todo el mundo viven más tiempo y el número de personas con demencia va a aumentar drásticamente en todos los países, según informó la Comisión en julio pasado durante la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer.

Este año sumó dos factores de riesgo que se asocian con el 9% de todos los casos de demencia: se calcula que el 7% de los casos se atribuyen a un nivel elevado de lipoproteínas de baja densidad (LDL) o colesterol “malo” en la mediana edad, alrededor de los 40 años, y el 2% de los casos se atribuyen a la pérdida de visión no tratada en edades avanzadas.
Estos nuevos factores de riesgo se suman a los 12 identificados previamente: bajo nivel educativo, discapacidad auditiva, hipertensión, tabaquismo, obesidad, depresión, inactividad física, diabetes, consumo excesivo de alcohol, traumatismo craneoencefálico, contaminación del aire y aislamiento social, que están relacionados con el 40% de todos los casos de demencia.
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