
El comercio ilegal de vida silvestre es una actividad lucrativa que mueve entre 7.000 y 23.000 millones de dólares anuales, es la cuarta industria de contrabando más grande del mundo, después del narcotráfico, el tráfico de personas y la venta de productos falsificados, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente e Interpol.
Los traficantes recurren a métodos ingeniosos para esconder artículos de alto valor, como colmillos de marfil, cuernos de rinoceronte y escamas de pangolín, que son especialmente demandados en el mercado negro, según el medio británico The Guardian.
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Para evitar que estos productos sean detectados, los contrabandistas utilizan técnicas de camuflaje avanzadas. Pintan los colmillos de marfil de negro, los cubren con chocolate o los envuelven en papel similar al de barras de dulce. También es común que estos productos se rodeen de materiales de olores fuertes, con el fin de desorientar a los perros rastreadores empleados por las autoridades.

Sin embargo, una nueva herramienta podría sumarse a los equipos de detección: ratas gigantes africanas. Investigadores descubrieron que estos roedores, de aproximadamente un metro de largo y con un agudo sentido del olfato, pueden ser entrenados para detectar productos de contrabando con una precisión sorprendente.
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Según el medio británico The Telegraph, mediante la utilización de comida como recompensa, los científicos enseñaron a las ratas a identificar olores específicos, como los de cuernos de rinoceronte, colmillos de elefante, escamas de pangolín y palo negro africano. Los resultados se publicaron en Frontiers in Conservation Science.
Para alertar a sus entrenadores cuando encuentran uno de estos productos, las ratas tiran de una pequeña bola que llevan atada a un chaleco rojo. Este comportamiento, conocido como “meterse la nariz”, mostró ser efectivo para diferenciar estos olores en medio de distracciones como granos de café o detergente.
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La empresa detrás de entrenar y brindar el servicio de estas ratas es APOPO. Es una organización sin fines de lucro de origen belga que también preapra perros para detectar otras cosas como minas terrestres y la tuberculosis.
Resultados del entrenamiento y su aplicación
Tras dominar el proceso de detección en laboratorio, los investigadores llevaron a las ratas gigantes africanas a una prueba en condiciones reales en el puerto de Dar es Salaam, un importante centro de comercio en Tanzania, informó The Guardian.
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En esta simulación de detección, las ratas demostraron ser altamente eficaces. Lograron encontrar más del 83% de los objetivos plantados, incluso cuando estos se ocultaban entre materiales de olores intensos y distracciones utilizadas comúnmente por los contrabandistas para enmascarar productos de tráfico ilegal.

Además, la capacidad de las ratas para recordar los olores específicos de los productos de vida silvestre a lo largo del tiempo se destacó en las evaluaciones de seguimiento. Meses después de su entrenamiento inicial, las ratas continuaron reconociendo y detectando los olores de escamas de pangolín, cuernos de rinoceronte, colmillos de elefante y madera de palo negro, lo que sugiere una memoria olfativa comparable a la de otros animales de detección como los perros.
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Este éxito en condiciones controladas y en pruebas de campo iniciales abre el camino para futuras aplicaciones en operaciones reales de control fronterizo y en puertos.
Ventajas frente a los perros rastreadores
Estas ratas ofrecen ventajas significativas en la detección de productos de contrabando frente a los métodos tradicionales, especialmente cuando se comparan con los perros rastreadores.
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Debido a su menor tamaño y agilidad, estas ratas pueden explorar con facilidad espacios pequeños y difíciles de alcanzar, como las esquinas de los contenedores o áreas de difícil acceso en las instalaciones de carga, donde los perros podrían encontrar limitaciones.

“Podríamos imaginarnos a perros detectores inspeccionando grandes áreas abiertas o rastreando a cazadores furtivos mientras las ratas revisan el contenido de contenedores o paquetes específicos”, explicó Kate Webb, coautora del estudio y neurocientífica de la Universidad de Duke, según Smithsonian Magazine.
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Además, el costo de mantener y transportar a estas ratas es considerablemente menor que el de los perros, haciéndolas una opción más económica para las autoridades que buscan ampliar sus recursos en la lucha contra el contrabando.
“Las herramientas de detección existentes son caras y requieren mucho tiempo, y existe una necesidad urgente de aumentar el control de la carga. Las ratas de APOPO son herramientas de detección de olores rentables”, afirmó Isabelle Szott, ecologista del comportamiento y entrenadora de ratas en APOPO.
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Otra de las ventajas que destacan los científicos es la flexibilidad en el entrenamiento de las ratas, que no solo son rápidas para aprender a detectar distintos olores, sino que también pueden trabajar con diversos manejadores sin dificultad. Este factor facilita su implementación en equipos de trabajo rotativos y reduce la necesidad de un vínculo prolongado con un único entrenador, algo que suele ser esencial en el caso de los perros.
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