
El calentamiento del Ártico expone a los osos polares a nuevos patógenos
- El Ártico se calienta cuatro veces más rápido que el resto del planeta.
- Los osos polares están más expuestos a parásitos, bacterias y virus.
- Este cambio afecta sus fuentes de alimentación y aumenta su vulnerabilidad.
Lo esencial: el acelerado calentamiento del Ártico está alterando su ecosistema y exponiendo a los osos polares a nuevos patógenos, según PLOS ONE. A medida que el hielo marino se derrite antes en primavera y tarda más en formarse en otoño, los osos deben pasar más tiempo en tierra, lo que los lleva a consumir alimentos contaminados, incluida basura humana. Además, el deshielo podría liberar microbios antiguos, como bacterias letales. Un estudio en el mar de Chukchi encontró que la exposición a patógenos como Toxoplasma gondii y Neospora caninum ha aumentado drásticamente, afectando potencialmente la salud y supervivencia de esta especie.
Por qué importa: el impacto del cambio climático en el Ártico es una señal alarmante de cómo afecta a especies emblemáticas.
- La alteración en los patrones de alimentación de los osos podría desequilibrar el ecosistema ártico.
- La exposición a patógenos podría aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades a otras especies árticas.
- Este fenómeno revela los riesgos a largo plazo de la pérdida de hielo marino y el deshielo del permafrost.

El impacto del cambio climático
En los vastos paisajes helados del Ártico, los osos polares han sido durante mucho tiempo un símbolo de resistencia ante las condiciones extremas. Sin embargo, en las últimas décadas, el calentamiento acelerado de esta región está exponiendo a estos majestuosos depredadores a nuevas amenazas invisibles: parásitos, bacterias y virus que antes no formaban parte de su entorno cotidiano. Según un estudio publicado en la revista PLOS ONE, el cambio climático está transformando el ecosistema ártico, y con ello, los osos polares están enfrentando una mayor exposición a diversos patógenos a través de sus fuentes de alimentación.
A medida que el hielo marino se derrite más temprano en primavera y tarda más en formarse en otoño, los osos polares se ven obligados a pasar más tiempo en tierra, lejos de sus fuentes tradicionales de alimento, lo que los lleva a consumir basura y comida humana.
Esto no solo altera su dieta, sino que también los expone a patógenos potencialmente peligrosos que podrían afectar su salud. Además, el deshielo del suelo y del permafrost podría estar liberando microbios atrapados durante milenios, incluyendo bacterias letales como el ántrax.
Aunque todavía no está claro cómo la mayor exposición a patógenos está afectando la salud de los osos polares, los investigadores sugieren que este es solo un ejemplo más de las múltiples formas en que el cambio climático está alterando el equilibrio natural del Ártico. A pesar de que los osos polares son conocidos por su resistencia ante las enfermedades, la creciente prevalencia de parásitos, virus y bacterias podría estar aumentando su vulnerabilidad frente a otros factores de estrés ambientales.

Los patógenos detectados
Para comprender mejor cómo el cambio climático está afectando a los osos polares, un equipo de científicos realizó un estudio detallado de la población de osos que habita en el mar de Chukchi, una región situada entre Alaska y Rusia. Estos osos, al igual que otros en el Ártico, se ven obligados a pasar más tiempo en tierra cada verano debido al deshielo temprano del hielo marino, lo que altera sus patrones de alimentación y aumenta su contacto con fuentes de alimentos contaminados.
Entre 2008 y 2017, los investigadores recolectaron muestras de sangre y heces de 232 osos de esta región con el fin de detectar la presencia de anticuerpos, proteínas que indican que el sistema inmunológico ha combatido un patógeno específico. Luego compararon los resultados con muestras históricas obtenidas entre 1987 y 1994, informó Smithsonian Magazine.
El análisis reveló un aumento significativo en la exposición de los osos a ciertos patógenos. Los anticuerpos detectados indicaban la presencia de cinco patógenos: Toxoplasma gondii, Neospora caninum, Francisella tularensis (que causa la tularemia, o “fiebre del conejo”), Brucella abortus/suis y el virus del moquillo canino.

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue el incremento en la exposición al parásito Neospora caninum, que suele infectar a perros y vacas, pasando de un 14 % en las muestras históricas a un alarmante 65 % en las muestras más recientes. Otro aumento notable fue el del parásito Toxoplasma gondii, que pasó de un 2,2 % a un 14,1 % en el mismo período.
Estos resultados sugieren que los osos polares están adquiriendo la mayoría de los patógenos a través de sus presas habituales, como focas, morsas y ballenas, que podrían estar igualmente expuestas a patógenos debido a los cambios en el ecosistema ártico. Aunque los investigadores no analizaron directamente a estas especies, sus conclusiones indican que otros animales del Ártico podrían estar enfrentando riesgos similares.
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