
Entre el 10% y el 20% de las personas que tienen la infección por el coronavirus sufren luego diferentes secuelas que se engloban como COVID prolongado o Condición Post COVID-19. Un estudio realizado por científicos de Canadá y Estados Unidos describió con más detalles el impacto del síndrome en las personas.
Encontraron que el COVID prolongado se asocia con una reducción de los niveles de oxígeno en el cerebro, un peor rendimiento en las pruebas cognitivas y un aumento de los síntomas de trastornos de la salud mental como la depresión y la ansiedad.
Para llevar a cabo la investigación, los expertos combinaron los resultados de dos nuevos estudios paralelos: uno de laboratorio, que incluía pruebas cognitivas e imágenes de los niveles de oxígeno en el cerebro, y una encuesta nacional de población de canadienses en 2021 y 2022.

El estudio de laboratorio descubrió que los individuos que habían experimentado el COVID con síntomas rendían peor en dos tareas informáticas. Una mide la inhibición y otra la toma de decisiones impulsivas. En comparación con quienes no habían sido infectados, las personas que lo habían sido mostraban una falta de aumento de la saturación de oxígeno en una zona del cerebro que normalmente se activa durante una de las tareas.
“Somos los primeros en demostrar una menor captación de oxígeno en el cerebro durante una tarea cognitiva en los meses posteriores a una infección sintomática por COVID-19″, afirmó el doctor Peter Hall, autor principal e investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud Pública de la Universidad de Waterloo, Canadá.
“Esto es importante porque se cree que la falta de suministro suficiente de oxígeno es uno de los mecanismos por los que el COVID-19 puede causar deterioro cognitivo”, remarcó el experto.

El segundo estudio de este trabajo consistió en una encuesta poblacional a más de 2.000 canadienses de entre 18 y 56 años. Examinó las relaciones entre el COVID, la función cognitiva y los síntomas de trastornos de salud mental.
Los encuestados que tuvieron COVID informaron sobre dificultades de concentración y problemas de inhibición, así como de un aumento de los síntomas de ansiedad y depresión. Estos efectos parecían ser marginalmente más fuertes entre los individuos que no se habían vacunado y seguían siendo detectables tras controlar el tiempo que hacía que los encuestados se habían infectado.
Estudios anteriores habían demostrado una relación entre la COVID y el rendimiento en los exámenes, los síntomas cognitivos autodeclarados y las diferencias en la estructura cerebral medidas por resonancia magnética. Pero no había detectado los cambios de oxigenación en el cerebro.
Las mujeres mayores se vieron más afectadas que las demás en el caso de los resultados de las imágenes cerebrales. “No sabemos a ciencia cierta por qué, pero otros estudios han demostrado que las mujeres de más edad se ven especialmente afectadas por algunos síntomas del síndrome postCOVID″, comentó Hall.

En el caso del estudio de población, “parece que, independientemente del sexo y de otros factores demográficos, la infección por COVID-19 al inicio del estudio se correlaciona con un aumento de los problemas de regulación de las emociones seis meses después: depresión, ansiedad y agitación. En algunos casos, estamos hablando de niveles de síntomas que están en o por encima de los recomendados como puntuaciones de corte para los diagnósticos psiquiátricos”, dijo Hall.
Los estudios se realizaron durante las primeras olas de la pandemia. Por lo cual, los investigadores no examinaron si la variante Ómicron del coronavirus y sus sublinajes tienen los mismos efectos en el cerebro que las variantes anteriores.
“Nuestros dos estudios, que utilizan métodos muy diferentes, ponen de relieve la necesidad de comprender toda la gama de daños de la enfermedad COVID-19″, afirmó Hall.

“Todavía necesitamos saber más sobre cómo afectan factores como la vacunación a la evolución del COVID prolongado. También necesitamos saber cómo algunas condiciones físicas como la diabetes, la obesidad y la hipertensión podrían afectar a estos mecanismos y resultados”, resaltó. El artículo, se publicó en la revista Brain, Behavior, and Immunity - Health.
Recientemente, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó la primera revisión sistemática viviente de estudios clínicos sobre potenciales tratamientos para COVID prolongado.
Las intervenciones que parecen prometedoras para los síntomas de falta de aire y la fatiga son los ejercicios y la rehabilitación, pero la certeza en la evidencia es baja. Otras intervenciones, incluyendo diversos fármacos, mostraron potenciales beneficios, pero la certeza sobre sus beneficios y su seguridad también son bajas. Se necesitan más estudios.
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