
El cáncer se mantiene desde hace décadas como una de las mayores amenazas para la salud. A pesar de los muchos descubrimientos y progresos en otras áreas de la medicina, las incógnitas se mantienen en varios aspectos de esta enfermedad.
De hecho, si bien se logró avanzar en el conocimiento de la biología del cáncer, y hallar nuevas vías de tratamiento, quedan lagunas clave en el entendimiento de esta enfermedad por abordar. Una de ellas está relacionada con la manera en que la enfermedad se propaga de un órgano a otro del cuerpo, lo que se conoce como metástasis.
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Un reciente estudio liderado por investigadores suizos de la Escuela Politécnica Federal (ETH) de Zúrich, el Hospital Universitario de Basilea y la Universidad de Basilea y publicado por la revista Nature halló que la propagación mortal del cáncer ocurre predominantemente durante el sueño, según lo reveló un análisis de células tumorales humanas que migran en el torrente sanguíneo.
Y si bien los investigadores reconocen que “hace falta validar en estudios clínicos”, aseguran que “la migración agresiva del cáncer, asociado a la metástasis, y al 90% de muertes por la enfermedad, se produciría preferentemente durante las horas de sueño”.
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“Entre los muchos fenómenos que ocurren durante el desarrollo del cáncer, ninguno puede ser más importante de comprender que el proceso, denominado metástasis, mediante el cual el cáncer se disemina desde su tejido de origen para crecer en otras partes del cuerpo”, comenzó a explicar Zoi Diamantopoulou, el investigador principal del trabajo.

La metástasis está relacionada con hasta el 90% de todas las muertes por cáncer, y un área principal de investigación clínica durante la última década fue el estudio de cómo las células tumorales pueden circular por todo el cuerpo. “En las personas con cáncer, se teoriza que los progenitores celulares de la metástasis son células cancerosas que se encuentran en la sangre, denominadas células tumorales circulantes (CTC) -explicaron los investigadores en la publicación de las conclusiones-. Las CTC que se han “desprendido” del tumor en su sitio original (el tumor primario) pueden conservar su capacidad de proliferar y sobrevivir incluso en el duro entorno circulatorio”.
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Según vieron los investigadores, las CTC pueden circular en el torrente sanguíneo ya sea como células individuales o como agregados de dos o más células, conocidas como grupos de CTC. “Estos grupos a menudo se observan junto con otras células no cancerosas, como las células inmunitarias, que podrían aumentar la conexión con nuestro ciclo de sueño -señalaron-. A lo largo de un período de 24 horas, nuestros cuerpos experimentan una serie de cambios mentales y físicos que se correlacionan con nuestro ciclo diario de sueño y vigilia, que se denomina ritmo circadiano”.
Y tras asegurar que “en general, sin embargo, la dinámica temporal que dicta la generación de CTC competentes para la metástasis no está caracterizada en gran medida y, a menudo, se supone que los CTC se eliminan constantemente a partir de tumores en crecimiento o se eliminan como consecuencia de agresiones mecánicas”, los investigadores observaron “un patrón sorprendente e inesperado de la dinámica de generación de CTC tanto en pacientes con cáncer de mama como en modelos de ratón, lo que destaca que la mayoría de los eventos de intravasación de CTC espontáneos ocurren durante el sueño”. “Además, demostramos que las CTC en fase de reposo son muy propensas a metastatizar, mientras que las CTC generadas durante la fase activa carecen de capacidad metastásica”, agregaron.
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El trabajo sugiere que los ritmos circadianos podrían estar relacionados con la liberación de CTC del tumor primario.
La regulación de hormonas como la melatonina (que actúa para regular el sueño) y el cortisol (que ayuda a controlar los niveles de azúcar en la sangre) es una función clave de este ciclo. La alteración del ritmo circadiano está vinculada a una serie de enfermedades crónicas, incluido el cáncer. Estudios epidemiológicos y experimentales previos indican que el ritmo circadiano puede influir en el desarrollo del cáncer.
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El estudio

Diamantopoulou y sus colegas recolectaron muestras de sangre de 30 personas con cáncer de mama, tomando muestras a las 4 am y a las 10 am, horas que representan las fases de “reposo” y “actividad” del cuerpo, respectivamente. Sorprendentemente, descubrieron que más del 78% de todas las CTC obtenidas procedían de las muestras tomadas durante la fase de reposo.
Para probar si se podían obtener resultados consistentes con estos datos usando otro sistema, los autores llevaron a cabo un tipo similar de experimento usando una serie de modelos de ratones representativos. El nivel de CTC en los animales osciló, alcanzando su punto máximo mientras los ratones estaban en reposo.
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Los autores monitorearon los niveles de CTC cuando los ritmos circadianos de los ratones se interrumpieron por diferentes medios, incluido el tratamiento con la hormona melatonina y por alteraciones en los ciclos de luz; también monitorearon los niveles en ratones que habían sido modificados genéticamente para alterar los ritmos circadianos. En cada modelo, los hallazgos fueron consistentes con los resultados previos de los autores: los niveles de CTC fueron más altos mientras los ratones estaban descansando.
Para los ratones genéticamente modificados, los niveles fueron más bajos que los de los animales de control no modificados. Un aumento en las CTC no significa necesariamente que el cáncer de una persona progrese y se propague con éxito a ubicaciones secundarias. Esto se debe a que la mayoría de las CTC mueren en la circulación, lo que sugiere que sólo un subconjunto particularmente agresivo de estas células tienen la propensión a formar tumores en sitios secundarios.
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Sobre el final, los investigadores destacaron que “la evidencia presentada sugiere que un enfoque más holístico para estudiar las CTC, incluidas tecnologías de aprovechamiento para el monitoreo continuo in vivo, podría ser necesario para comprender completamente la dinámica de la metástasis del cáncer”.
Lo cierto es que el nuevo hallazgo podría dar inicio a un nuevo capítulo en los estudios de biomarcadores en sangre, teniendo en cuenta cómo varios reguladores, como las hormonas, afectan la proliferación y la propagación del cáncer.
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