
Los estudios científicos para conocer más al coronavirus no se detienen, mientras la pandemia sigue su curso y el mundo vive una nueva ola de rebrotes debido a la expansión de la variante Ómicron y la subvariante BA.2.
Una de las principales armas para derrotarlo es la planificación y estudio del comportamiento del virus en una sociedad, región o país. A través de los hisopados, se puede conocer los niveles de transmisión del SARS-CoV-2, mediante la realización de millones de hisopados. Pero existe otro método eficaz para conocer cómo se desplaza el virus y qué tan fuerte es su carga viral. Y es a través también del análisis de los desechos cloacales.
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“Al virus lo podemos detectar mediante la realización de test de saliva o hisopados en las mucosas, pero también mediante el análisis de las aguas cloacales residuales ya que a través de la materia fecal, el virus también es expulsado del cuerpo”, explicó a Infobae la doctora Viviana Mbayed, profesora asociada de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) de la UBA e investigadora del CONICET.

Según precisó la experta viróloga, las aguas residuales recogen los desechos domiciliarios de la población que se vuelcan a una red cloacal. Muchas de las personas infectadas por SARS-CoV-2 no sólo excretan el virus a través de su tracto respiratorio, sino también a través de la materia fecal.
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Los autores del estudio comprobaron que las variaciones en los niveles de material genético del nuevo coronavirus en las muestras de aguas cloacales a lo largo del tiempo reflejaban, e incluso, anticipaban el ascenso o descenso de casos reportados de la infección. “Cuando hubo un aumento de casos, esto se vio reflejado en nuestras mediciones como una suba en la concentración de virus para ese período y lo mismo ocurrió con los descensos”, afirmó la experta, que junto a un equipo de 5 científicos más cuantificaron las concentraciones del material genético del SARS-CoV-2 en muestras de aguas residuales de cuatro puntos del conurbano bonaerense entre junio de 2020 y abril de 2021 y encontraron una correlación “muy buena” con los casos reportados de la infección.
“En la pandemia actual de COVID-19, la vigilancia de aguas residuales del genoma del SARS-CoV-2 se ha utilizado para complementar la epidemiología viral en diferentes países. El objetivo de este trabajo fue introducir y evaluar esta herramienta basada en aguas residuales en la región metropolitana de Buenos Aires, Argentina”, describen los autores del estudio publicado en la revista “The Science of the Total Environment”.
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“Contamos con el apoyo clave del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) de la Provincia de Buenos Aires, la Autoridad del Agua (ADA) y Aguas Bonaerenses S.A. (ABSA) para realizar la investigación en cuatro puntos de muestreo de aguas residuales en localidades del sur y norte del conurbano (dos en zona sur, en San vicente y Alejandro Korn, y dos en el norte, en San Francisco y San Pablo. Para la coordinación de estas entidades colaboró mucho el Ministerio de Ciencia”, indicó Mbayed, que viene estudiando virus en aguas residuales desde hace mucho tiempo antes de la actual pandemia.
“Hay toda una línea de investigación que nuestro equipo viene realizando en el estudio de la epidemiología basada en aguas residuales, por ejemplo con el norovirus (diarreas), adenovirus, y poliomavirus. A partir del llamado de proyectos de la Agencia I+D+i del Ministerio de Ciencia, nos presentamos para obtener un subsidio en esta investigación relacionada al COVID. Se ha tomado una dimensión más acabada de la importancia de estos estudios para el conocimiento epidemiológico de las infecciones. Esto es aplicable a otras infecciones que circulan en la población, como la circulación del virus de la hepatitis A. Y cómo la vacunación masiva impactó en la reducción de casos positivos en las muestras detectadas en los afluentes años atrás”, completó la experta.
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Mbayed y equipo debieron adaptar técnicas moleculares para establecer no sólo la presencia del material genético del nuevo coronavirus en muestras de aguas cloacales sino poder determinar la cantidad.

“En el trabajo publicado se reflejan los resultados de los primeros nueve meses de muestreo, pero se siguen recolectando y analizando muestras, para mantener un monitoreo de lo que ocurre con el virus desde una perspectiva poblacional. Estamos abordando también el análisis de la dinámica de las variantes virales en estas muestras”, agregó.
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La científica del CONICET indicó que medir los niveles del material genético del nuevo coronavirus en aguas cloacales no solo complementa la información epidemiológica sino que también permite evaluar los resultados de las medidas que se toman para contener la pandemia.
“Estos estudios se pueden aplicar a conglomerados poblacionales muy grandes, pero también a ámbitos habitacionales muy restringidos: un barrio, un hospital, una escuela. Y de esta manera se podría evaluar si hay circulación viral en un ámbito definido. Para el momento en que haya una muy baja circulación viral, el monitoreo de aguas residuales podría ser una alerta si hubiera un incremento en las concentraciones del virus”, puntualizó Mbayed.
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La viróloga agregó que como el virus se excreta por la materia fecal aún en los casos asintomáticos de infecciones, “podremos seguir detectando su presencia en las aguas, aunque el virus circulara de manera principalmente asintomática en la población”.
Del trabajo también participaron becarios de CONICET y de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i) como Melina Barrios, Sofía Díaz y Carolina Olea, investigadores de CONICET como Carolina Torres y María Dolores Blanco Fernández, todos docentes de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA. Y colaboró Damián Costamagna, de ADA y personal de OPDS y ABSA.
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