
La Luna, nuestro satélite natural ha sido la compañera cercana de la Tierra durante miles de millones de años. Se estima que tiene casi la misma edad de la Tierra, es decir unos 4.500 millones de años. Y aunque nuestra visión de su forma y tamaño varía un poco a medida que orbita nuestro planeta, sigue siendo una presencia constante en el cielo. Pero, ¿eso podría cambiar?
Según la reciente película Moonfall, estrenada esta semana, una fuerza misteriosa expulsa la Luna de la órbita y la impulsa en un curso de colisión hacia nuestro planeta, con un impacto devastador que se realizará en solo unas pocas semanas.
Pero, ¿hay algún objeto natural en el espacio que realmente pueda empujar a la Luna fuera de su órbita? Con decenas de miles de asteroides y cometas zumbando alrededor del sistema solar, ¿podría una colisión con una roca lo suficientemente grande convertir a la luna en un proyectil que podría estrellarse contra la Tierra?

Nuestra luna es un cuerpo sólido y rocoso rodeado por una capa muy delgada de gases conocida como exosfera, y el satélite natural se formó casi al mismo tiempo que la Tierra. Una hipótesis ampliamente aceptada sugiere que la Luna emergió de escombros rocosos luego de un impacto masivo entre una Tierra joven y un protoplaneta más pequeño: un objeto hipotético llamado Theia, según la NASA. Otra hipótesis de impacto propone que tanto la Luna como la Tierra se formaron después de la colisión de dos cuerpos, cada uno cinco veces el tamaño de Marte, dice la NASA.
La Luna se encuentra a unos 385.000 kilómetros de la Tierra y tiene una masa estimada de más de 81 millones de toneladas. Tiene aproximadamente un cuarto del tamaño de la Tierra. “Las imágenes de la Luna muestran que su superficie está llena de cráteres de varios tamaños, causados por impactos pasados. Pero la mayoría de ellos se hicieron hace miles de millones de años, cuando había muchos más escombros atravesando el sistema solar”, afirmó Paul Chodas, gerente del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS) para el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Caltech en Pasadena. California.
La mayor parte de los escombros rocosos que formaron planetas y que una vez llenaron el sistema solar se disiparon hace mucho tiempo, “por lo que la cantidad de impactos ha disminuido ahora: hay mucho menos material para impactar en la Tierra o la luna”, aseguró Chodas.

CNEOS identifica y rastrea objetos cercanos a la Tierra (NEO), como asteroides y cometas, para determinar si representan una amenaza para la Tierra, la Luna o nuestros otros vecinos cósmicos, según el sitio web del centro . Hasta la fecha, CNEOS está siguiendo alrededor de 28.000 NEO, objetos que se acercan a la Tierra dentro de 1,3 unidades astronómicas (120,9 millones de millas o 194,5 millones de km).
“Comprobamos colisiones entre cualquier planeta y asteroide, y comprobamos colisiones en la Luna. En general, las colisiones de asteroides con la Luna son mucho menos probables que las colisiones con la Tierra, porque nuestro planeta es un objetivo más masivo con una gravedad más fuerte. Por lo tanto, una roca espacial descarriada que entrara en nuestro vecindario cósmico sería atraída hacia la Tierra en lugar de hacia la Luna”, explicó Chodas.
El tamaño también importa cuando los científicos están considerando el riesgo que representa un asteroide que se precipita. Para que un NEO sea clasificado como una amenaza para la Tierra, debe medir al menos 140 metros de diámetro, según la NASA. “Y para que el impacto de un asteroide afecte la órbita de la luna, el asteroide tendría que ser al menos tan grande como la propia luna. La Luna es grande, por lo que tendría que ser un objeto enorme que tendría que golpearla a gran velocidad. Tendrías que golpearlo con algo que tenga cientos y cientos de kilómetros de diámetro”, aseguró Chodas.
Afortunadamente para nosotros (y para la luna), ninguno de los asteroides conocidos en el sistema solar se acerca al tamaño de la luna. El asteroide más grande conocido es unas 70 veces menos masivo que la Luna y orbita entre Marte y Júpiter en el cinturón principal de asteroides, a unos 180 millones de kilómetros de la Tierra, según la NASA.
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