
Para reducir el riesgo de complicaciones y muertes, se han desarrollado vacunas contra el coronavirus que causa la enfermedad COVID-19 que se complementan con el uso adecuado del barbijo, el distanciamiento, reducir los encuentros en lugares cerrados y en usar la ventilación cruzada y permanente en los espacios cerrados. Ya hay 9 vacunas autorizadas en el mundo para aplicar masivamente y otras 113 están evaluándose en ensayos clínicos. El científico que lidera la respuesta a la pandemia en Estados Unidos, Anthony Fauci y otros colegas, hicieron un llamado de atención para que se desarrollen de manera “urgente” vacunas universales contra diferentes especies de coronavirus para que la humanidad esté mejor protegida en el futuro.
A través de un artículo en la revista especializada The New England Journal of Medicine, Fauci y sus colegas advirtieron que en los últimos 20 años se han producido cuatro brotes mortales de coronavirus: el primero fue el que llamó inicialmente SARS (síndrome respiratorio agudo severo) en los años 2002 y 2003. Luego, se produce el brote del MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) en 2012, y ahora el COVID-19.
“Las pruebas científicas y la realidad ecológica sugieren que los coronavirus volverán a emerger en el futuro, lo que podría suponer una amenaza existencial”, afirmaron en el artículo. “Los betacoronavirus que causaron estas epidemias están distribuidos globalmente en numerosas especies de murciélagos. Se desconoce todo el alcance virológico y geográfico de este reservorio enzoótico; sin embargo, se ha ido extendiendo cada vez más a los seres humanos y a otros mamíferos”, escribieron.

Por la conservación de los receptores genéticos y estructurales entre las especies de mamíferos, muchos de esos betacoronavirus animales están “preadaptados” para infectar a los seres humanos al unirse a los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), explicaron. Esa característica facilita la propagación viral y la transmisión. “Ya se han identificado algunos coronavirus animales que pueden tener potencial pandémico, y quedan muchos más por detectar”, alertaron.
Fauci y sus colegas sugirieron un cambio para conseguir las vacunas universales contra los coronavirus. “Necesitamos un enfoque de investigación que pueda caracterizar el “universo coronaviral” global en múltiples especies, caracterizar la historia natural y la patogénesis de los coronavirus en animales de laboratorio y en humanos, y aplicar esta información en el desarrollo de vacunas universales de amplia protección (que protejan contra todos los betacoronavirus, e idealmente contra todos los coronavirus)”, remarcaron.
En este momento, “conocemos poco el universo de los coronavirus endémicos y potencialmente emergentes. Aunque los coronavirus están distribuidos por todo el mundo, los focos más importantes de betacoronavirus se encuentran en el sudeste asiático y en las zonas contiguas del sur y el sudoeste de China. La identificación y secuenciación preliminares de coronavirus adaptados a murciélagos y otros mamíferos de esta región revelan una rápida evolución y una enorme complejidad viral”, detallaron.

“El hecho de que se hayan encontrado diferentes coronavirus, cada uno de los cuales contiene la mayor parte del genoma del coronavirus SARS-CoV-2, en una localidad de Laos, sugiere que los componentes básicos de los coronavirus pandémicos se están intercambiando continuamente a través de la recombinación genética”, mencionaron Fauci con Jeffery Taubenberger, y David Morens, del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas (NIAID), parte de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Las medidas que Fauci y sus colegas proponen son, en primer lugar, que se realice “un esfuerzo de colaboración internacional para tomar muestras extensas de coronavirus de murciélagos, así como de animales salvajes y de granja, para ayudar a comprender el “universo” completo de los coronavirus existentes y emergentes. Estos estudios podrían proporcionar una alerta temprana sobre los coronavirus que podrían causar brotes en los seres humanos”.
Otra sugerencia dentro del artículo es que proponen hacer más “ensayos de exposición a infección controlada”. Son un tipo de ensayo clínico que implica la exposición intencional del sujeto de los voluntarios a los patógenos. Desde el siglo pasado, se han realizado ese tipo de estudios para desarrollar vacunas contra 15 patógenos. En febrero pasado, un comité de ética de la investigación de Inglaterra consideró que estaba bien hacer ese tipo de estudio de exposición en el contexto de una emergencia de salud pública como la pandemia del coronavirus. Tras su recomendación, el gobierno de ese país autorizó el ensayo, que expone al virus a los voluntarios jóvenes que se registren. Hasta ahora no fueron difundidos los resultados del estudio.

Fauci y sus colegas argumentan: “Para conocer la historia natural y la patogénesis, será importante estudiar los coronavirus que probablemente fueron pandémicos en su momento pero que ahora se han convertido en endémicos. Estos cuatro virus -los betacoronavirus OC43 y HKU1 y los alfacoronavirus 229E y NL63- causan en su mayoría infecciones respiratorias superiores leves y pueden estudiarse en animales de laboratorio y en seres humanos para caracterizar su epidemiología, su tropismo celular, las respuestas inmunitarias provocadas, los epítopes de reacción y protección cruzadas y los mecanismos por los que sobreviven y evolucionan frente a la elevada inmunidad de la población. Los estudios de exposición controlada a infecciones pueden llevarse a cabo utilizando modernas herramientas genómicas, transcriptómicas e inmunológicas”.
Los resultados de esos ensayos con voluntarios podrían servir para la otra sugerencia de los autores: “Necesitamos urgentemente vacunas universales contra coronavirus”. En Estados Unidos, la pandemia por COVID-19 se ha controlado parcialmente con medidas de salud pública estándar como el distanciamiento social, el barbijo o mascarilla, el aislamiento de los enfermos y de los contactos estrechos, el cierre de los lugares donde se reúnen las personas en lugares cerrados y otras medidas, así como con las vacunas contra el SARS-CoV-2 (dos vacunas de ARN mensajero y una vacuna con un adenovirus como vector).
“Sin embargo, a pesar de la importancia de esas vacunas, su eficacia protectora disminuye con el tiempo, por lo que es necesario aplicar dosis de refuerzo. La vacunación tampoco ha sido capaz de prevenir las infecciones en personas ya vacunadas, permitiendo la posterior transmisión a otras personas incluso cuando la vacuna previene la enfermedad grave y mortal”, afirmaron.

Las personas que se han infectado de forma natural con el coronavirus SRAS-CoV-2 también pueden reinfectarse de forma natural, como se ha demostrado con los coronavirus endémicos, los virus de la gripe, el virus respiratorio sincitial (VRS) y muchos otros virus respiratorios. Además, la inmunidad tras la infección natural por el SRAS-CoV-2, combinada con la inmunidad inducida por la vacuna, no ha impedido hasta ahora la aparición y rápida propagación de variantes como la variante Delta -altamente transmisible-, y la “variante preocupante” Ómicron, recientemente identificada, que a finales de noviembre parecía ser altamente transmisible. “Sigue sin saberse si se puede conseguir una inmunidad protectora permanente y cómo, y si ésta puede evitar la aparición de variantes de escape inmunológico del coronavirus SARS-CoV-2″, reconocieron.
Señalaron qué puede pasar en el futuro: “Es poco probable que el SARS-CoV-2 se elimine, y mucho menos que se erradique; probablemente seguirá circulando indefinidamente en brotes periódicos y endémicos. Mientras tanto, es muy posible que en un futuro próximo aparezca un número desconocido de coronavirus animales, de transmisibilidad y letalidad desconocidas. Por lo tanto, debemos acelerar enormemente nuestros esfuerzos en materia de vacunación contra los coronavirus”, escribieron.
Las limitaciones de las vacunas contra el SARS-CoV-2 sugieren que, en última instancia, tendrán que ser sustituidas por vacunas de segunda generación que induzcan una inmunidad más amplia y duradera. “Ahora debemos dar prioridad al desarrollo de vacunas ampliamente protectoras como las vacunas universales contra la gripe en las que hemos estado trabajando en los últimos años. Una vacuna universal contra el coronavirus protegería idealmente contra el SARS-CoV-2 y los numerosos coronavirus derivados de animales que podrían causar futuros brotes zoonóticos y pandemias. Las características ideales de tales vacunas incluyen propiedades asociadas a la protección tanto individual como comunitaria en las pandemias”, señalaron.

La investigación en el camino hacia la vacuna universal contra el coronavirus tendrá que abordar varias cuestiones críticas, según los investigadores. “¿Qué enfoques de la vacuna provocarán inmunidad contra múltiples antígenos proteicos virales e inducirán una memoria humoral y celular a largo plazo? ¿Cuáles son los blancos inmunitarios humorales y celulares clave que nos permitirán lograr una inmunidad robusta, duradera y ampliamente protectora contra los diversos betacoronavirus, que evolucionan rápidamente? ¿Qué modelos animales pertinentes de infección e inmunidad por coronavirus pueden utilizarse para evaluar adecuadamente las respuestas inmunitarias y la eficacia de la vacuna?”, escribieron como algunas de las preguntas que se tienen que contestar.
Aunque en última instancia se necesitarán estudios clínicos sobre la eficacia de la vacuna, también debemos empezar ahora a investigar los correlatos de la inmunidad humana tras la infección natural por el SARS-CoV-2 y la vacunación, incluso evaluando la durabilidad de las respuestas y su localización (mucosa y sistémica). “Probablemente serán importantes los estudios de exposición a infección controlada con los coronavirus humanos del “virus del frío” (por ejemplo, OC43). Junto con los estudios en animales, estos estudios clínicos podrían mejorar en gran medida la eficacia de las vacunas universales contra los coronavirus, ya que ayudarían a definir el diseño del inmunógeno y las vías y formas óptimas de vacunación”.
Al final del artículo, resaltaron: “Nuestra experiencia actual con la pandemia de COVID-19, junto con la amenaza siempre presente de la aparición de otros coronavirus potencialmente pandémicos, hace necesario el rápido desarrollo de vacunas seguras y ampliamente protectoras contra los coronavirus. Se trata de un reto que ahora debemos afrontar plenamente”.
SEGUIR LEYENDO:
Últimas Noticias
Cuáles son las cinco amenazas que enfrentan los grandes ríos de Sudamérica
En el Día Internacional de Acción por los Ríos, científicos y ambientalistas advierten los riesgos que ponen en jaque a los ecosistemas acuáticos. Qué ideas se proponen para frenar el deterioro de esas fuentes de vida

Cómo los polluelos aprenden a identificar peligros: el sorprendente mecanismo social detrás de su supervivencia
Investigadores revelan que la guía de los adultos, y no solo el instinto, permite a los pequeños reconocer señales de alarma y adaptarse a amenazas del entorno desde los primeros días de vida

¿Por qué solo algunas especies logran controlar su voz? La respuesta está en el cerebro de focas y leones marinos
El hallazgo de una vía exclusiva para la vocalización en estos mamíferos marinos podría cambiar la forma en que la ciencia entiende la evolución del lenguaje. Cómo este avance abre nuevas perspectivas sobre esta capacidad presente en el reino animal y humano

El asombroso secreto de los cuervos de Yellowstone: cómo logran encontrar alimento sin seguir a los lobos
Un nuevo estudio revela que estas aves usan memoria espacial y rutas de navegación sorprendentes, desafiando las ideas tradicionales sobre la inteligencia animal y el equilibrio ecológico en el parque

Cómo el cerebro entrena su atención para silenciar los sonidos repetidos y captar lo relevante
Un equipo de la Universidad de Carolina del Norte publicó una investigación que explica cómo el sistema nervioso prioriza estímulos novedosos y reduce la respuesta ante señales auditivas ya conocidas



