
Más de 226 millones de personas han recibido el diagnóstico de la enfermedad COVID-19 en el mundo, y más de 4,6 millones han fallecido según la Organización Mundial de la Salud. Mientras se sigue enfatizando en que la vacunación, el uso adecuado del barbijo, el distanciamiento, la ventilación permanente en lugares cerrados, y el lavado frecuente de manos son claves para no contagiarse, la comunidad de científicos busca encontrar más pistas para evitar más fallecimientos. Aunque se han publicado diferentes estudios, la pregunta pendiente es: ¿Se puede detectar más tempranamente qué paciente hospitalizado por coronavirus puede desarrollar un cuadro crítico que lo lleve a la muerte?
Hoy ya se sabe que la tasa de mortalidad de los pacientes con COVID-19 que requieren ventilación mecánica -conocida popularmente como “intubación”- se encuentra entre el 30% y el 40%, pero no se conoce bien cuáles son los factores inmunológicos que llevan a la muerte tras el estado crítico. En el Reino Unido, un equipo de científicos encontró una respuesta que sugiere que hay una asociación entre las respuestas de inflamación sistémica y el aumento de la mortalidad de los pacientes con COVID-19.
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El estudio fue publicado en la revista PLOS Pathogens por Jonathan Youngs de la Universidad St. George de Londres y colegas. Afirman que los anticuerpos y las células linfocitos T desempeñan un papel fundamental en la protección frente a la enfermedad viral.
Para comprender mejor las anomalías inmunitarias relacionadas con la enfermedad crítica y la muerte en los pacientes con COVID-19 en la unidad de cuidados intensivos, los investigadores llevaron a cabo un estudio observacional prospectivo en el que se investigó la asociación de las respuestas de las células T y los anticuerpos con el desenlace fatal en la COVID-19 grave.
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Analizaron muestras de suero de 41 pacientes con COVID-19 que estuvieron intubados. Realizaron el inmunofenotipo de las respuestas de las células T y una serie de experimentos para analizar las respuestas de los anticuerpos. El inmunofenotipo es una técnica que se utiliza para estudiar la proteína expresada por las células. Luego, los científicos compararon sus hallazgos con un conjunto paralelo de 18 pacientes con gripe ventilados mecánicamente, así como con 12 pacientes con COVID-19 leve y 12 controles sanos.

Los investigadores descubrieron que las infecciones mortales por COVID-19 se correlacionaban con respuestas inmunitarias sistémicas mal coordinadas y que la elevada activación de las células invariantes asociadas a la mucosa era el factor de predicción más fuerte de que el paciente podía morir. Sin embargo, el estudio es limitado, ya que sólo analizaba las muestras de forma transversal y no observaba cómo cambiaban las respuestas inmunitarias a lo largo de la infección. Se necesitan estudios futuros para explicar en profundidad cómo pueden evolucionar con el tiempo las características inmunitarias asociadas a la mortalidad.
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Según expresaron los científicos, “nuestro estudio permite comprender mejor los procesos inmunopatogénicos diferenciales que impulsan la COVID-19 crítica y la gripe, lo que puede traducirse en mejores enfoques inmunoterapéuticos en pacientes con neumonitis vírica grave.”
También los investigadores comentaron: “En los pacientes críticos de la unidad de cuidados intensivos con COVID-19 y gripe, un análisis imparcial de la respuesta inmunitaria antiviral reveló la activación de un subconjunto inmunitario específico -las células T invariantes asociadas a la mucosa- como un fuerte predictor inmunológico de la muerte”.
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Además, identificaron cómo es el proceso que lleva al cuadro crítico. “La supervivencia en la COVID-19 crítica está asociada a respuestas inmunitarias focalizadas impulsadas principalmente por una citocina -el interferón alfa-, en contraste con las respuestas proinflamatorias muy amplias que se observan en quienes padecen la enfermedad mortal. Este patrón de citoquinas vinculado a la muerte frente a la supervivencia separa la COVID-19 crítica de la gripe”. Por lo cual, los resultados de la investigación podrían tenerse en cuenta no solo para la respuesta en la atención a los pacientes con el coronavirus sino también para los que sufren complicaciones por el virus de la gripe.
Recientemente, investigadores científicos de Irlanda realizaron un estudio e identificaron cómo y por qué algunos pacientes de COVID-19 pueden desarrollar coágulos. El trabajo fue dirigido por investigadores de la Universidad de Medicina y Ciencias de la Salud RCSI en Dublín y se publicó en la revista especializada Journal of Thrombosis and Haemostasis. Se enfocó en las complicaciones del COVID-19 que suele afectar a los pulmones y las vías respiratorias.
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Sin embargo, además de los problemas respiratorios, alrededor del 16% de las personas hospitalizadas experimentan problemas sanguíneos y vasculares. Esos problemas pueden provocar la formación de coágulos en las arterias, venas y pulmones. A su vez, los coágulos pueden desprenderse y viajar a otras partes del cuerpo, donde pueden causar obstrucciones que dan lugar a infartos.
Investigaciones anteriores habían establecido que la coagulación de la sangre es una causa importante de muerte en pacientes con Covid-19. Dentro del grupo de los pacientes que requieren internación, el 5% desarrolla coágulos. Si se tiene en cuenta solo a los pacientes con el coronavirus que necesitan atención en la unidad de cuidados intensivos del hospital, el riesgo de padecer un coágulo es aun mayor: va entre el 20% y 25%. Las personas con diabetes, presión arterial elevada o problemas cardíacos preexistentes tienen un mayor riesgo de presentar complicaciones con coágulos si contraen el coronavirus.
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Para entender por qué se producen esos coágulos, los investigadores analizaron muestras de sangre tomadas a pacientes con Covid-19 en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Beaumont de Dublín. Descubrieron que el equilibrio entre una molécula que provoca la coagulación, llamada Factor de von Willebrand (VWF), y su regulador, llamado ADAMTS13, está gravemente alterado en los pacientes con COVID-19 grave.
En comparación con los grupos de control, la sangre de los pacientes con Covid-19 presentaba mayores niveles de las moléculas VWF procoagulantes y menores niveles de ADAMTS13 anticoagulante. Además, los investigadores identificaron otros cambios en las proteínas que causaban la reducción de ADAMTS13.
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