
Una nueva investigación científica publicada en British Journal of Ophthalmology dio como resultado que existe un vínculo entre los problemas oculares y el deterioro de la capacidad mental. Los problemas oculares podrían aumentar el riesgo de demencia hasta en un 60%, según un estudio que realizó la Academia de Ciencias Médicas de Guangdong en China, con datos de 12,364 adultos de 55 a 73 años.
Si bien aún no pueden establecer las razones de los vínculos de estas afecciones debido a que se trató de un estudio observacional, el estudió reveló que las enfermedades cardíacas, la diabetes, la depresión y los accidentes cardiovasculares pueden ser factores de riesgo para la demencia. Y ese riesgo aumenta en caso de tener problemas oculares.
A su vez, determinaron que el deterioro visual incrementa las posibilidades de sufrir problemas de memoria. Además, puede implicar menor actividad dentro de algunas partes del cerebro, generando dificultades de reconocimiento de personas conocidas y falta de autonomía.
Según la Organización Mundial de la Salud, “se estima que aproximadamente 1300 millones de personas viven con alguna forma de deficiencia visual” y que “la mayoría de las personas con visión deficiente tienen más de 50 años”. A su vez, “hay al menos 2200 millones de personas con deterioro de la visión cercana o distante”, y en casi la mitad de los casos el deterioro visual podría haberse evitado.

Ante este panorama y los nuevos descubrimientos, ¿cómo evitar entonces el deterioro cognitivo?
“Está demostrado que cuando la gente grande no tiene buena visión, le cuesta conectarse con el entorno y empieza a desconectarse de la realidad”, asegura a Infobae el oftalmólogo Franco Pakoslawski (MN 113535), del Servicio de Oftalmología del Sanatorio Finochietto. “Otra cosa que existe es el síndrome de Charles Bonnet. Es gente con muy baja visión que padecen ilusiones ópticas. Son como alucinaciones pero se diferencian en que quienes las tienen se dan cuenta de que no son reales”.
El especialista explica que la baja visión está relacionada con la desconexión con el mundo externo porque, por ejemplo, al no poder leer, ver televisión o ver claramente a las personas, entre otras tantas actividades, “comienzan a enfrascarse y pueden empezar a tener problemas de tipo cognitivo”.
En esta línea, la OMS asegura que “las tasas de participación en el mercado laboral y de productividad de los adultos con deterioro de la visión a menudo son más bajas y suelen registrar tasas más altas de depresión y ansiedad”. Y en adultos mayores, “el deterioro de la visión puede contribuir al aislamiento social, a la dificultad para caminar, a un mayor riesgo de caídas y fracturas, y a una mayor probabilidad de ingreso temprano en residencias de ancianos”.
¿Cómo hacer para prevenir estos problemas? “Lo primero que hay que hacer es controlarse. Una de las causas de baja visión es la catarata, que se va produciendo de a poco, y la gente se va acostumbrando. Con la cirugía de cataratas ya no se espera como antes. Cuando empieza a molestar, ya se opera para que el ojo sufra menos con el ultrasonido”, dice Pakoslawski.
Existen otras afecciones como la degeneración macular relacionada con la edad pero también hay problemas de visión pueden resolverse simplemente con anteojos. En cualquier caso, el chequeo resulta fundamental para poder tener acceso a un diagnóstico y tomar una decisión.
“Hay gente que nunca se hizo revisar y a los 60 años se da cuenta que tiene problemas de visión cuando con un simple anteojo puede mejorar. Muchas en lugar de revisarse con un oftalmólogo recurren a las ópticas, y cuando viene a vernos ya tiene enfermedades avanzadas”.
Según el médico oftalmólogo, Germán Bianchi, jefe de trasplante de córnea de la clínica Dr. Nano (MN 98.952), “en la Argentina, las consultas oftalmológicas de rutina cayeron prácticamente a cero entre marzo y septiembre de 2020″. “En oftalmología, existen patologías cuyas manifestaciones iniciales son asintomáticas, silenciosas, como, por ejemplo, el glaucoma, las alteraciones retinianas en asociación con la diabetes o, incluso, diferentes procesos neoplásicos (sean generales o exclusivos del ojo), que, de no ser diagnosticados y tratados oportunamente, no sólo podrán evolucionar a la ceguera, sino que podrían tener un desenlace fatal”.
Pakoslawski finaliza: “Como en todo, mientras antes se realiza un diagnóstico, más chances hay de tener éxito con la terapéutica y evitar otros problemas a futuro”.
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