
Las mujeres nacen con todos los óvulos que tendrán a lo largo de su vida y estos se pierden de manera progresiva con la edad. Ahora, un equipo científico de más de 180 instituciones ha identificado 290 variantes genéticas que influyen en la menopausia y en la vida reproductiva de la mujer.
Muchas de las 290 variantes gobiernan cómo responde el cuerpo a los óvulos inmaduros con ADN dañado, destacando la importancia de estos procesos y sugiriendo que algún día podrían aprovecharse para extender la esperanza de vida reproductiva natural de las personas o mejorar la tasa de éxito de las técnicas de fertilización in vitro.
El catálogo de genes publicado en la revista científica Nature también podría ayudar a los investigadores a crear una prueba de diagnóstico que permita a las mujeres predecir mejor cuándo podría ocurrir su menopausia. “En un mundo ideal, podríamos predecir qué mujeres tienen una ventana de fertilidad natural más corta, para permitirles tomar decisiones reproductivas más informadas”, advierte John Perry, genetista de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, y autor principal del estudio. “Actualmente, la mayoría de las mujeres desconocen por completo cuál podría ser esa ventana”.
A pesar de que la esperanza de vida ha aumentado drásticamente en los últimos 150 años, la edad a la que la mayoría de mujeres pasa por la menopausia se ha mantenido más o menos constante, de media en torno a los 50 años. Las mujeres nacen con todos los óvulos que tendrán a lo largo de su vida y estos se van perdiendo progresivamente con la edad, lo que se conoce como envejecimiento reproductivo. Así, la menopausia se produce una vez han desaparecido la mayoría de estos óvulos, a pesar de que la fertilidad natural disminuye sustancialmente antes.

Pese a que este conocimiento es fundamental también para un envejecimiento saludable -la aparición de la menopausia podría aumentar el riego a padecer enfermedades óseas o diabetes de tipo 2- el envejecimiento reproductivo ha sido difícil de estudiar y los detalles sobre la biología subyacente son aún bastante limitados. Para avanzar en este campo, los científicos analizaron datos, de distintas bases genéticas, de más de medio millón de mujeres en las que la menopausia se produjo entre los 40 y 60 años: la mayoría eran de ascendencia europea, pero también se incluyó a casi 80.000 de ascendencia asiática oriental, con resultados parecidos.
El examen de unos 13,1 millones de variantes genéticas permitió identificar 290 vinculadas al envejecimiento ovárico, de las que muchas están relacionadas con procesos de reparación del ADN. ”Hemos visto que el mecanismo principal al cual se asocian estas variantes está relacionado con la reparación del ADN”, señala a EFE el español Ignasi Roig, uno de los autores del trabajo y responsable del equipo del Instituto de Biotecnología y Biomedicina de la UAB.
Y es que los mecanismos que controlan la calidad del ADN y regulan cómo se repara este cuando hay un daño son muy importantes para el mantenimiento del número de óvulos y la fundación ovárica, añade Roig, quien recuerda que la menopausia está asociada con la disminución de la cantidad de óvulos, así que cuanto más permanezcan estos en los ovarios más tarde llegará el cese de la menstruación.
En concreto, los científicos se fijaron en dos genes que regulan una amplia variedad de procesos de reparación del ADN -CHEK1 y CHEK2- y comprobaron, en experimentos en ratonas, que tanto cuando se elimina CHEK2 para que deje de funcionar como cuando se sobreexpresa CHEK1 para aumentar su actividad la duración de la vida reproductiva aumenta en un 25% (entre otros, los óvulos tardan más en agotarse). Pero la fisiología reproductiva de este animal difiere de la de las mujeres en varios aspectos, incluido que no tienen menopausia. Para Roig, este hecho no desvirtúa las conclusiones del estudio porque, si bien no sufren menopausia, sí tienen un proceso de envejecimiento de la función ovárica muy parecido al de las mujeres.

Además, el equipo examinó la aparición de la menopausia en mujeres que de forma natural no tienen el gen CHEK2 activo y encontró que llegan a esta unos 3,5 años más tarde que aquellas con un gen normalmente activo. Por otro lado, constataron que la mutación en el gen Brca1 comporta una adelanto de la menopausia (2,63 años). En este sentido, Katherine Ruth, de la Universidad de Exeter, señala: “Esperamos que nuestro trabajo ayude a proporcionar nuevas posibilidades para ayudar a las mujeres a planificar el futuro”.
Los investigadores también evaluaron el impacto sobre la salud de una menopausia anterior o posterior. Encontraron que una menopausia adelantada aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 y está relacionada con una peor salud ósea y un mayor riesgo de fracturas, pero disminuye el riesgo de algunos tipos de cáncer, como el de ovario y el de mama. ”Esta investigación es increíblemente apasionante”, subraya Perry, quien concluye: a pesar de que aún queda mucho camino por recorrer, “ahora sabemos más sobre los mecanismos que regulan el envejecimiento reproductivo en las mujeres”, lo que ayudará a evitar algunos problemas de salud. El siguiente paso, según Roig, es estudiar en animales cómo alargar la reserva de óvulos mediante fármacos.
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