
Indonesia, en el sudeste asiático, muestra un trágico récord: la tasa de mortalidad de niños por COVID-19 más alta del mundo. Si bien este dato parece desafiar recientes estudios que indican que las posibilidades de morir por el nuevo coronavirus que tienen los niños es de 1 en 500.000, los expertos señalan que en los países en desarrollo cualquier tipo de enfermedad infecciosa provoca un número de muertos mucho más alta que en los países desarrollados, incluidos los menores de edad. Esto es consecuencia de las más precarias condiciones sanitarias de países como Indonesia.
Si bien los datos que difunde el gobierno de Indonesia son considerados poco confiables, la asociación de pediatras informó que durante julio registró la muerte de más de cien niños por semana a causa del COVID-19, muchos de ellos menores de cinco años, lo que implica el nivel más alto del mundo de mortalidad infantil por esta enfermedad.
Las malas condiciones sanitarias favorecen la propagación de las infecciones y el sistema inmunológico de las personas, en especial de los niños, suele tener deficiencias que los hacen más permeables a diversos patógenos.
Esto quedó contrastado en la baja cantidad de contagios de niños que hubo en países desarrollados como los europeos, EEUU o Israel. Por ejemplo, en Italia murieron 10 niños durante la pandemia, todos con enfermedades de base graves, que los hacían más vulnerables al contagio de COVID-19. Incluso especialistas de ese país dijeron que en alguno de esos enfermos fue difícil discernir si la muerte se produjo por un agravamiento del cuadro anterior o por el coronavirus.
Por ejemplo, por comparar el caso de Indonesia con un país europeo, el número de niños hospitalizados en Italia es muy bajo y, en esos pocos casos, tener un hisopo positivo fue un hallazgo casi totalmente “ocasional” con respecto a las patologías que llevaron a la hospitalización de estos niños.
Indonesia está viviendo el brote más importante de COVID-19 desde el inicio de la pandemia y su gobierno está siendo duramente criticado por la imprevisión y la falta de reacción para evitar el avance de los contagios.
El país, lo mismo que el resto del sudeste asiático, está atravesando un avance muy acelerado de los contagios ya que la variante Delta es la prevalente en la región, mientras la vacunación avanza de manera lenta. Esta situación es compartida por Tailanda, Malasia, Myanmar y Vietnam.
Esa mutación del virus no ha demostrado que provoque cuadros más graves de la enfermedad, pero sí un elevado nivel de propagación.
Pediatras de Indonesia informaron que en este mes el 12,5% de los casos de COVID-19 fueron niños, lo que implicó un aumento respecto de meses anteriores, informó Aman Bhakti Pulungan, director ejecutivo de la Sociedad de Pediatría de Indonesia, y agregó que tan solo en la semana del 12 de julio murieron de COVID-19 más de 150 niños, y que más de la mitad eran menores de 5 años.

En el país los hospitales se encuentran completos y se ha resentido la atención, una situación que afecta también a los niños, sobre todo a los que presentan cuadros de riesgo. Indonesia ha vuelto a marcar un récord de muertes de todas las edades por el nuevo coronavirus ya que hoy informó 2.064 en las últimas 24 horas.
La especial afectación de los niños de Indonesia aparece así como una consecuencia no tanto del un virus especial como el SARS-CoV-2 sino por las condiciones sanitarias precarias del país.
Lo que han visto los médicos en todo el mundo desde el inicio de la pandemia es que las hospitalizaciones de niños se produjeron por el síndrome inflamatorio multisistémico (MIS-C) que ha afectado a varios niños infectados con coronavirus con un test negativo cuatro semanas después de infectarse de COVID-19, que muchas veces eran asintomáticos. Padecían de este síndrome que puede provocar daños en el corazón, los pulmones y el sistema nervioso central. Algunos de ellos estuvieron en reanimación, pero todos se recuperaron y se recuperaron bien con el tiempo. Sin embargo, la cantidad de síndrome inflamatorio multisistémico disminuyó con las variantes Alfa y Delta y hubo menos informes.
Los científicos han dicho que los niños deberían vacunarse no tanto por el riesgo personal que corren con el contagio, sino porque son un vehículo de infección para las personas débiles que los rodean y también porque el número de trastornos del comportamiento, estados de ansiedad y trastornos alimentarios en los niños ha aumentado significativamente cuando se enferman. La vacunación generalizada permitiría evitar nuevos cierres y devolverlos a la sociabilidad normal.
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