
Las bioquímicas Emmanuelle Charpentier (Francia) y Jennifer Doudna (Estados Unidos) fueron galardonadas con el Premio Nobel de Química este jueves por la Academia Sueca por sus trabajos sobre las “tijeras CRISPR” y cómo estas son capaces de modificar el ADN (por ácido desoxirribonucleico) de un ser vivo, uno de los descubrimientos más importantes de la biología molecular.
Las “tijeras CRISPR” permiten a los científicos cortar el ADN exactamente donde sea necesario para, por ejemplo, crear o corregir una mutación genética y tratar enfermedades extrañas, genéticas o que se creían sin cura. Esta técnica, denominada de modo coloquial como “corte y pega”, es capaz de alterar una cadena de ADN, ya que, al eliminar una parte, la cadena se restablece creando una nueva secuencia. De esta manera, con las tijeras se hace posible reescribir los genes de organismos vivos.
Las tijeras genéticas de Charpentier y Doudna revolucionaron la biología molecular al brindar nuevas oportunidades para el fitomejoramiento (mejoramiento genético de plantas), contribuir a técnicas novedosas contra el cáncer y ser capaces de curar enfermedades hereditarias.

Curiosamente, el descubrimiento de las tijeras sucedió de pura casualidad en 2012. Doudna, con su equipo de científicos de la Universidad de California, en Berkeley, se encontraba investigando sobre el funcionamiento de la inmunidad bacteriana. Con ese fin, analizaron células de bacteria, más concretamente las denominadas secuencias CRISPR: una familia de secuencias de ADN que se hallan en los genomas de organismos procarióticos como bacterias y arqueas. Los científicos llegaron a la conclusión de que estas secuencias eran la forma en que las bacterias se “vacunaban” contra infecciones virales.
Doudna ha explicado que las bacterias se defienden utilizando esta “memoria genética” en la que registran información viral, lo que les permite contar con un sistema inmune que se adapta y así combaten las infecciones.

Luego de ese hallazgo, la bioquímica estadounidense y su equipo decidieron investigar más a fondo la forma en que las bacterias son capaces de programar a las enzimas para hallar y destruir virus. En su afán por estudiar el funcionamiento de estas “tijeras enzimáticas” utilizadas por las bacterias para cortar ADN defectuoso y así defenderse frente a infecciones virales, descubrieron que CRISPR/Cas9 podía ser programada para cortar secuencias de ADN de forma muy precisa.
“Las tijeras CRISPR pueden tratar una secuencia dañada de ADN, cortarla y reemplazarla con una versión sana”, explicó el profesor francés Rodolphe Barrangou, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, quien también centra su investigación en CRISPR-Cas9 en bacterias.
Sin buscarlo, los científicos de Berkeley fueron artífices de uno de los descubrimientos más destacados en la historia de la biología, que abrió las puertas a la edición genética y a la posibilidad de reescribir la estructura del ADN, es decir, del código de la vida.
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