
Varias revelaciones ha traído el tercer juicio que se lleva a cabo en el Tribunal de lo Criminal del Ródano, en la ciudad de Lyon, en contra de Nicolás Zepeda (35), el ciudadano chileno acusado de asesinar en una residencia estudiantil en Besanzón a su exnovia japonesa, Narumi Kurosaki, en 2016.
Zepeda, cuyos dos juicios previos en los cuáles había sido condenado a 28 años fueron anulados por motivos “de forma” -y que ahora arriesga cadena perpetua-, reconoció este jueves en una jornada maratónica de interrogatorios que viajó hasta Besanzón específicamente para hallar a Narumi y tratar de restablecer su relación sentimental con ella, cuestión que había negado en el primer juicio.
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“Vine a Francia para encontrar a Narumi y hallar respuestas después de nuestra ruptura. Necesitaba estas respuestas”, aseguró ante el juez Eric Chalbos, de acuerdo al medio L’Est Républicain.
“¿Admites ahora que viniste a ver a Narumi?”, retrucó Chalbos.
“Sí, vine a ver a Narumi, para intentarlo de todos modos (...) Creo que tenía miedo, y un poco de vergüenza, de admitir que iba a encontrarme con ella cuando la relación había terminado, y de tener que explicar mi intimidad”, respondió Zepeda.

El bidón con combustible y los fósforos y el último testigo que los vio juntos
A renglón seguido, el juez quiso saber las razones por las que Zepeda había adquirido en un tienda cercana -previo a reunirse con Narumi- un bidón con 5 litros de gasolina, varias cajas de fósforos y detergente, ante el cual el acusado contesto que había ensuciado el auto que había arrendado y “tuve que limpiarlo”, a fin de evitar pagar una multa.
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Tocante al bidón de combustible y los fósforos, retrucó que lo había adquirido solo por el envase, guardó silencio ante la obvia pregunta de por qué no había comprado entonces un bidón vacío, y alegó que las cajas de fósforos con motivos turísticos las había llevado pues eran “baratas y bonitas”.
En paralelo, un periodista de Chilevisión entrevistó a la última persona que vio a la pareja juntos: el garzón que los atendió en el restaurante al que fueron antes de volver a la residencial estudiantil, desde donde nunca se vio salir a Narumi.
“Para mí era gente que trabajaban juntos, no una pareja enamorada. No estaban sonrientes. Un poco frío, como colegas de trabajo en una reunión”, dijo el trabajador.
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Finalmente, esta jornada el juez Chalbos informó que las nuevas diligencias que había pedido la defensa de Zepeda no resultaron positivas, pues las muestras de ADN halladas en la habitación de la chica que no correspondían a Zepeda, no pudieron ser cotejadas con algún otro individuo.

La desaparición de Narumi
Según antecedentes de la investigación, Zepeda viajó a Francia para restablecer una relación que mantuvo con Narumi cuando él estuvo estudiando en Japón, en 2014, a pesar de que ella ya tenía entonces un nuevo novio francés.
Luego de merodear unos días por la residencia universitaria Rousseau de Besanzón, el 4 de diciembre de 2016 logró hablar con ella y fueron a cenar juntos. Tras ello, ambos fueron grabados por una cámara entrando en la residencia de estudiantes, de donde unas horas después se vio salir solo al chileno. Zepeda aseguró que ambos mantuvieron relaciones sexuales con consentimiento, pero lo cierto es que Narumi nunca volvió a ser vista.
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Esa noche varios estudiantes declararon haber escuchado gritos y un “sonido sordo”, como de golpes, pero ninguno llamó a la Policía. Zepeda volvió a Chile poco después y estuvo antes unos días con un primo en España.
Poco antes de la desaparición de la chica compró el bidón con gasolina y los fósforos, lo que hizo pensar a los investigadores en la posibilidad de que pudo premeditar la desaparición del cadáver. También habría hackeado sus cuentas en redes sociales para hacer creer que la joven seguía viva, mientras él ganaba tiempo para regresar a Chile.

Otra de las pruebas dice relación con el automóvil arrendado por Zepeda, devuelto tres días después de la desaparición de Kurosaki “muy sucio” y con tierra en el maletero, y que según el GPS estuvo deambulando por la zona boscosa de Chaux, donde la parte acusadora asegura fue escondido el cuerpo.
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La defensa argumenta que al no haberse hallado el cadáver de Narumi y no existir pruebas materiales de la responsabilidad de Zepeda en su desaparición, el acusado debe ser absuelto por el llamado “beneficio de la duda”.
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