
Un nuevo apagón dejó este jueves a gran parte de Cuba sin electricidad, agravando la crisis energética que mantiene a millones de personas con cortes diarios de hasta 20 horas y paralizando sectores clave de la economía.
La dictadura cubana atribuyó la caída parcial del Sistema Electroenergético Nacional a una “oscilación en la red” provocada por la falla de una central termoeléctrica en el oriente del país, según explicó el Ministerio de Energía y Minas (Minem).
El régimen, a través de la empresa estatal eléctrica, señaló que la disminución de carga generó un disparo automático de frecuencia (DAF), un mecanismo de protección que desconecta las generadoras cuando la corriente desciende a niveles peligrosos.
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Hasta el momento, la dictadura cubana no ha ofrecido cifras exactas sobre el impacto real ni sobre la cantidad de afectados, aunque admitió que la recuperación podría demorar.

A través del Minem, el régimen de Miguel Díaz-Canel aseguró en un comunicado que espera restablecer el servicio “en un breve tiempo”, una promesa que contrasta con la experiencia reciente de apagones reiterados e interrupciones prolongadas.
Mientras tanto, ciudadanos reportaron nuevas zonas afectadas a lo largo de la jornada y el sistema estatal de radio advirtió sobre posibles cortes adicionales en las próximas horas.
La situación no es aislada: en los últimos 12 meses, Cuba ha contado al menos cinco apagones nacionales totales, el último en septiembre, además de múltiples cortes localizados en provincias estratégicas. La propia empresa eléctrica había pronosticado para este jueves interrupciones generalizadas que, en horarios pico, dejarían simultáneamente a más del 54% del país sin corriente.
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La raíz del problema se ubica en la infraestructura eléctrica, que enfrenta décadas de obsolescencia y falta de inversión. Las centrales termoeléctricas funcionan en condiciones límites, con equipos fuera de servicio por carencia de repuestos, lubricantes y combustible.

La escasez de divisas y la imposibilidad de efectuar nuevas compras ha dejado a muchas plantas operando muy por debajo de su capacidad o directamente apagadas. Buena parte de los equipos llevan más de 30 años en funcionamiento y no han recibido un mantenimiento adecuado.
El régimen ha intentado mitigar la crisis con la inclusión de parques solares —32 inaugurados en lo que va del año—, que aportan algo de alivio durante las horas de sol. Sin embargo, la ausencia de baterías para acumular energía hace inviable su uso nocturno o ante picos inesperados de demanda. Mientras tanto, los intentos de mantenimiento y reparación se ven obstaculizados por la falta de recursos y piezas.
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Especialistas independientes y consultores energéticos apuntan a una subfinanciación estructural y al control estatal absoluto del sector como los principales factores de fondo de la emergencia.
Distintos cálculos coinciden en que para reflotar el sistema se necesitarían entre 8.000 y 10.000 millones de dólares, cifras actualmente fuera del alcance de la economía nacional.
La dictadura cubana insiste en atribuir la crisis a la política de sanciones estadounidenses, que según La Habana impide acceder a recursos clave e insumos esenciales. Sin embargo, estadísticas oficiales de la CEPAL confirman que la economía local atraviesa una recesión: el Producto Interno Bruto cayó un 1,1% en 2024 y suma un retroceso acumulado del 11% en el último lustro. El organismo pronostica un nuevo año de crecimiento negativo para la isla.
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El desgaste social es evidente. Los apagones han sido motor de protestas masivas y espontáneas, como las de julio de 2021, y han desatado manifestaciones recientes en La Habana, Gibara y poblados del oriente y occidente cubano. La crisis eléctrica no solo condiciona la vida doméstica, sino que afecta gravemente la salud pública, la producción, el abastecimiento y la capacidad de respuesta de hospitales y centros educativos.
Ni las zonas rurales ni las grandes ciudades escapan a los recortes. Negocios, transporte y servicios vitales han debido ajustar horarios o suspender actividades debido a la falta de electricidad. Las demoras reiteradas en la reactivación del sistema y la ausencia de anuncios concretos sobre mejoras a corto plazo aumentan la frustración ciudadana y alimentan el malestar político.
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(Con información de EFE)
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