
Bolivia y Chile tienen muchas diferencias referidas al agua, comenzando por la salida boliviana al Pacífico que el ejército chileno ocupó en 1879, además de disputas sobre ríos fronterizos de agua dulce que amargan sus relaciones.
Este jueves 1 de diciembre, la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) respondió a una demanda planteada por Evo Morales en 2016 sobre un río que nace en Bolivia y desde 1908 es canalizado hacia territorio chileno. “Vamos a demostrar que el Silala no es un río”, prometió.
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Por eso mismo, ahora la CIJ se excusa de fallar porque, dice el documento entregado en La Haya, ambos países están de acuerdo en que se trata de un “río de curso internacional”, aunque su caudal sea de solamente 0,16 metros cúbicos por segundo. Los litigantes habían coincidido.
Es decir que Bolivia presentó la demanda pero, extrañamente, admitió al mismo tiempo que se trataba de un “río internacional”, favoreciendo la postura chilena. Cometió autogol.
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El presidente Luis Arce y su homólogo de Chile, Gabriel Boric, se han declarado conformes con la palabra de la CIJ, pero en Bolivia se habían anticipado las exigencias de un juicio de responsabilidades contra Evo Morales, a quien acusan de no haber preparado una buena defensa de la causa boliviana, que aspira a que se corte el paso del agua hacia Chile.
El Comité Cívico de Potosí denuncia al ex gobernante y lo acusa de haber conducido al país, en los últimos cinco años, a dos derrotas en la corte de La Haya.
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La primera derrota, en 2018, cuando la CIJ dictaminó que Chile no tiene ninguna obligación de conceder a Bolivia una salida al Pacífico en compensación por lo que perdió en la guerra de 1879. Fue el fin del famoso “lamento boliviano”.
El caso de los ríos que corren por los territorios de ambos países tiene historias conflictivas.
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Hace sesenta años, Chile desvió las aguas del río internacional Lauca cortando su curso que iba hacia territorio boliviano, lo que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países, que se mantienen rotas.
Chile defendió su decisión con el argumento de que el río nace en su territorio, en unas vertientes o “bofedales”, y que tiene el derecho de retener sus aguas y no compartirlas con Bolivia.
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El caso Silala es parecido, pero al revés. Las vertientes están en Bolivia, en unos 90 “bofedales”, y fue el prefecto del departamento de Potosí que, en 1908, autorizó a una empresa ferroviaria chilena hacer obras de canalización de las aguas hacia territorio chileno.
En este caso, Bolivia no hizo ningún esfuerzo por construir represas que impidan el paso del agua hacia Chile, como había hecho ese país con el río Lauca.
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En 1962, cuando se produjo el conflicto por el Lauca, Bolivia no acudió a tribunales internacionales y Chile consolidó el desvío de las aguas para que no penetren en territorio boliviano.
Ahora, el gobierno boliviano tiene que hacer malabarismos para convencer a los ciudadanos que no se trató de una derrota en el caso del Silala, y que no todo está perdido.
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El canciller boliviano, Rogelio Mayta, preocupado por la sensación de derrota que existe en Bolivia, llegó a decir que ahora se podrían destruir las obras de canalización hechas por Chile, lo que parece imposible, porque ambos países admitieron ante la CIJ que se trata de un río internacional.
Y toda la protesta boliviana se estrella contra Evo Morales. Se le acusa de haber gastado muchos millones de dólares para el juicio sobre la reivindicación marítima, y haber puesto en manos de ineptos funcionarios bolivianos la defensa del Silala.
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También se le reprocha el haber rechazado la oferta chilena, hecha en 2009, de pagar cada año 6,2 millones de dólares anuales por el agua de esos manantiales. Ahora, esa oferta no podría cumplirse porque ambos países admiten que se trata de un río de curso internacional, una actitud generosa de parte de Bolivia.
En las redes sociales de habla de “traición a la patria”, de juicios de responsabilidades a Morales y a todos los funcionarios que hubieran tenido algo que ver con el caso.
Luis Arce mira el conflicto y se mantiene en silencio. Desde su círculo más íntimo surgen alusiones a la posibilidad de que, con esta otra derrota, las relaciones con Chile entren en una nueva etapa, que podría ser beneficiosa para Bolivia.
Confían en el gobierno de Arce que Gabriel Boric mantenga su postura favorable a un acuerdo con Bolivia sobre el tema marítimo.
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