Luis Lacalle Pou protagonizó dos momentos importantes en la tensa cumbre de la CELAC en México ante los dictadores de Cuba y Venezuela: en ambos casos exigió democracia.
“El presidente de Cuba utiliza argumentos de mi nación que, obviamente, no comparto ni son ciertos. Sí hay algo que es cierto: en mi país, por suerte, la oposición puede juntar firmas, la oposición tiene resortes democráticos para quejarse… Esa es la gran diferencia con el régimen cubano”, afirmó el uruguayo y recitó una estrofa de “Patria y Vida”, la canción que se transformó en una emblema de la lucha contra la dictadura cubana: “Quiero citar una canción muy linda que quienes la cantan se sienten oprimidos por el gobierno: ‘Que no siga corriendo la sangre por querer pensar diferente, quién les dijo que Cuba es de ustedes si mi Cuba es de toda mi gente’”.
La canción “Patria y vida”, abiertamente contraria al régimen de la isla y sus políticas, es una contraposición a la consigna revolucionaria cubana “Patria o muerte”. En ella se alude a acontecimientos recientes como la protesta en noviembre pasado del Movimiento San Isidro, que acabó con el desalojo y detención de artistas y activistas encerrados en huelga de hambre en protesta por la detención del rapero contestatario Denis Solís. Y, además, se transformó en un símbolo de las históricas protestas del 11 de julio pasado.
Tras el lanzamiento del tema, la dictadura sintió el impacto que tuvo en la sociedad cubana e incrementó la persecución contra algunos de los artistas que participaron del proyecto, como el caso de Luis Manuel Otero Alcántara, quien estuvo un mes recluido contra su voluntad en un hospital de La Habana tras iniciar una huelga de hambre, y es constantemente perseguido por las fuerzas de seguridad del régimen.
“¡Ya no gritamos Patria y muerte, sino Patria y vida!”, “el pueblo pide libertad, no más doctrina” y “Cuba es de toda la gente”, son varias de las frases que provocaron la reacción furibunda del régimen en los últimos meses.
En la popular canción también hay referencias a la dolarización parcial de la economía cubana en medio de la grave crisis que atraviesa el país, donde el Estado comercializa desde hace meses en divisas buena parte de los alimentos y productos básicos, pese a que la mayoría de la población no cobra en esa moneda ni puede adquirirla por vías oficiales. En la letra se menciona la irrupción de agentes de Seguridad del Estado el 26 de noviembre a la sede de la agrupación para reprimir a los acuartelados que leían poesía y participaban en una huelga de hambre para exigir la liberación del rapero contestatario Denis Solís. “Rompieron nuestra puerta, violaron nuestro templo y el mundo está consciente de que el Movimiento San Isidro continúa puesto”, cantan los intérpretes, todos ellos muy populares en Cuba y en Miami, donde está la mayor parte del exilio político y una gran comunidad de emigrados de la isla.
El impacto de la canción es indudable. Desde que salió a la luz, no hay marcha, tanto en Cuba como en el exterior, en la que se no se reclame libertad bajo la consigna “Patria y vida”.
Tras la intervención de Lacalle Pou, el dictador Díaz- Canel tomó la palabra sin permiso y acusó al uruguayo de tener “muy mal gusto musical”. Leyendo su respuesta y visiblemente nervioso, replicó: “Si el presidente Lacalle quiere discutir cosas con nosotros, le pedimos que nos propicie un espacio y los discutamos frente a frente sin tener que traer temas a la CELAC”.
El segundo momento impactante de la intervención del presidente uruguayo fue cuando identificó por su nombre a las dictaduras de la región y exigió democracia: “Participar de este foro no significa ser complaciente. Y con el respeto debido, cuando uno ve que en determinados países no hay una democracia plena, cuando no se respeta la separación de poderes, cuando se utiliza el aparato represor para callar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los DDHH, nosotros en voz tranquila pero firme debemos decir con preocupación que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela”.
En la sala, además del dictador cubano, estaba el venezolano Nicolás Maduro que le tocó la palabra inmediatamente después. Enfurecido, comenzó su intervención con un desafío directo a quienes denunciaron la brutalidad de su régimen: “Que ponga Lacalle la fecha y el lugar. O usted López Obrador. Y Venezuela está lista para debatir de democracia, de libertades, de resistencia, de revolución y de lo que haya que debatir de cara a los pueblos, en transmisión en vivo y en directo, o en privado. Como ustedes quieran. Con respeto y sin exclusiones”.
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