La carrera por la vacuna en Brasil se transformó en una batalla previa a las presidenciales del año que viene

El inminente comienzo de la vacunación, previsto para este mes, reavivó esta semana la rivalidad política entre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, de centroderecha y que pasó de ser un antiguo aliado del gobernante a convertirse en un enconado adversario desde que dejó entrever sus aspiraciones políticas

Joao Doria y Jair Bolsonaro
Joao Doria y Jair Bolsonaro

Sumergido en la segunda ola de la pandemia y con más de 200.000 muertos y 8 millones de casos por la covid-19, Brasil trabaja a contrarreloj para poder comenzar este mismo mes la vacunación, una campaña que llega con retraso y que se ha convertido en una antesala de la disputa por la presidencia de 2022.

El inminente comienzo de la vacunación, previsto para este mes, reavivó esta semana la rivalidad política entre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, de centroderecha y que pasó de ser un antiguo aliado del gobernante a convertirse en un enconado adversario desde que dejó entrever sus aspiraciones políticas.

Sao Paulo informó esta semana que la vacuna desarrollada por el laboratorio chino Sinovac y el brasileño Instituto Butantan, adscrito al Gobierno paulista, consiguió un 78 % de eficacia contra el coronavirus en casos leves, y 100 % en moderados y graves, lo que algunos analistas interpretaron como un triunfo político de Doria, principal promotor de dicho antídoto.

El anuncio, realizado por el propio Doria en una rueda de prensa, supuso el primer paso para iniciar el proceso de inmunización y aumentó la presión sobre el Gobierno de Bolsonaro, uno de los líderes más negacionistas sobre la gravedad del virus y quien ha cuestionado en numerosas ocasiones la confiabilidad de las vacunas.

Horas después del anuncio sobre la eficacia de la llamada Coronavac, el ministro de Salud, el general Eduardo Pazuello, anunció la compra por parte del Gobierno federal de 100 millones de dosis de la vacuna china y planteó el inició de la vacunación el 20 de enero, cinco días antes de la fecha fijada en Sao Paulo, que tiene la prerrogativa de comenzar su propia campaña.

El comienzo de la vacunación, sin embargo, depende de la autorización por parte de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa). El órgano regulador debe dar luz verde en los próximos días al pedido realizado la víspera para el uso de emergencia tanto de la Coronavac como del antídoto desarrollado por la farmacéutica AstraZeneca y la Universidad de Oxford.

La vacuna de Oxford ha sido la gran apuesta del Gobierno de Bolsonaro, pero Brasil todavía no ha recibido ninguna de las dosis solicitadas de dicho antídoto, mientras que el Instituto Butantan ya cuenta con 10,7 millones de dosis de la Coronavac y con los insumos necesarios para su producción en el país.

Presionado, Bolsonaro mostró repentina celeridad por la adquisición de la vacuna, una actitud que contrasta con el desdeño mostrado en los últimos meses en los que adelantó que no iría a vacunarse e insinuó que el antídoto tiene efectos colaterales.

En ese sentido, envió una carta la víspera al primer ministro de India, Narendra Modi, en la que pidió ayuda para que el país asiático adelante el envío de 2 millones de dosis de la vacuna de Oxford que está produciendo también en el Instituto Serum indio y que fueron solicitadas por Brasil.

UNA SEMANA DE RÉCORDS DE COVID

Pero la batalla entre los dos rostros más visibles del campo conservador en Brasil se produce en pleno auge de la pandemia y tras varios récords diarios a lo largo de una semana en la que Brasil superó la marca de los 200.000 muertos y los 8 millones de casos.

Un sepulturero lleva una cruz en medio del brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19), en el cementerio de Parque Taruma en Manaus, Brasil, el 8 de enero de 2021. REUTERS/Bruno Kelly
Un sepulturero lleva una cruz en medio del brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19), en el cementerio de Parque Taruma en Manaus, Brasil, el 8 de enero de 2021. REUTERS/Bruno Kelly

Las cifras confirman a Brasil, con sus 210 millones de habitantes, como uno de los epicentros globales de la pandemia, como el segundo país con más muertes por covid en el mundo después de Estados Unidos y como el tercero con más casos después de la nación norteamericana e India.

Pese a que los números ratifican que Brasil vive una segunda ola del virus, millones de brasileños en diversas partes del país siguen entregados al relajamiento del verano austral, violando las medidas de distanciamiento social necesarias para frenar la pandemia, lo que ha encendido las alarmas de las autoridades sanitarias.

Con un preocupante aumento de casos en diversas partes del país, algunas localidades del país, como Manaos, ya han adoptado duras cuarentenas, mientras que Belo Horizonte decretó a partir de este lunes el cierre de bares y comercios.

Con información de EFE

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