
Adriana Rivas era estudiante de secretariado en 1973, cuando el golpe de Estado de Augusto Pinochet derrocó al gobierno democrático de Salvador Allende. Después del hecho, Rivas fue contratada para trabajar como secretaria en la repartición de Defensa.
Sin embargo, el cargo era sólo una fachada. En realidad, Rivas ejercía labores para la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), que operó en Chile entre 1973 y 1977.
Conocida por su crueldad extrema, Adriana Rivas González se desempeñó como secretaria del considerado principal criminal de la dictadura, Manuel “el Mamo” Contreras, quien murió mientras purgaba más de 400 años de prisión. Los testimonios de los torturados destacan que Rivas era una persona despiadada en los interrogatorios que se realizaban en el cuartel Simón Bolívar, donde operaba la llamada Brigada Lautaro de la DINA, a la que ella pertenecía.

Según consta en el registro del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile, en mayo de 1976 la DINA dirigió una operación contra el Comité Central del Partido Comunista PC, conocida como “caso Calle Conferencia”.
Se describe en el testimonio del Museo: “El lugar fue ocupado por agentes que llevaron a cabo una acción conocida como ratonera, aparentado normalidad con el objetivo de detener a las personas que se presentaran. Fue así como Mario Zamorano Donoso, Onofre Muñoz Poutays, Uldarico Donaire Cortez, Jaime Donato Avendaño y Elisa del Carmen Escobar Cepeda; fueron secuestrados y posteriormente trasladados hasta Villa Grimaldi, desde donde se perdió su rastro hasta el día de hoy. Días después, en similares condiciones, fueron detenidos otros miembros del PC: Fernando Lara Rojas, Lenin Diaz Silva, Marcelo Concha Bascuñán, Víctor Manuel Díaz, Eliana Espinoza Fernández y César Cerda Cuevas. Todos estos hombres y mujeres se encuentran en calidad de detenidos desaparecidos hasta la actualidad”.

Las desapariciones fueron atribuídas a la brigada Lautaro, cuyo jefe máximo fue el Coronel de Ejército, Juan Morales Salgado.
En 2016, el programa de investigación periodística, Informe Especial, logró conseguir el testimonio de un agente de la DINA que estuvo presente en varios de los crímenes que se cometieron en cuartel de Simón Bolivar. El reporte relata: “Todos participaban en lo que es la tortura, a la máquina con la que se aplicaba corriente la llamaban “Yiyi”. De un motor se sacaban dos cables. Uno se le ponía debajo de la lengua y el otro en los órganos genitales de los detenidos, lo que provocaba un dolor espantoso. Se hacían sus necesidades fisiológicas, se hacían de todo, era espantoso. Si un preso que entraba a ese cuartel era obvio que iba a divulgar las torturas que había pasado. Por lógica, entonces, se le eliminaba, se les mataba”, declaró.
En el mismo lugar en el que Adriana Rivas desarrollaba labores de inteligencia como agente desapareció Reinalda Pereira Plaza, una tecnóloga médica que en ese momento estaba embarazada. El mismo agente que dio testimonio en Informe Especial se refirió al brutal destino de Plaza: “Fue torturada, le aplicaron corriente, pero antes le pasaban bala a la pistola y le ponían la pistola en la sien. Era tanta la desesperación que ella pedía que la mataran. Cuando se hizo, se le hizo de todo. La metieron a la ducha y cuando entró, como le habían puesto corriente, hubo una reacción que le provocó la muerte. Después le quemaron las huellas y la arrojaron a un túnel con cal arriba”.

Este y otros seis crímenes espantosos que constan en la investigación le costaron ser intensamente requerida por la justicia tras el término de la dictadura en Chile. Sin embargo, Rivas había escapado a Australia poco antes. Durante más de 30 años pasó desapercibida mientras trabajaba limpiando casas y como niñera, pero fue detenida en 2019. Cinco años antes los tribunales chilenos habían emitido una orden de extradición en su contra, pero hasta ayer Australia no lo había concedido alegando un comportamiento “intachable” durante su permanencia en prisión.
Sin embargo, el pasado miércoles el juez Philip Stewart, magistrado del tribunal del estado de Nueva Gales del Sur de Australia, determinó que Adriana Rivas, hacer el lugar al pedido.
La doble vida de Adriana Rivas como secretaria del Gobierno chileno y agente secreto, fue relatada en el documental ‘El pacto de Adriana’. El filme fue realizado por su sobrina, Lissette Orozco, quien se interesó por el secreto de la tía “Chany”. El filme fue estrenado en 2017 y galardonado con el Premio de la Paz en el Festival Internacional de Cine de Berlín.
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