
La madrugada de este jueves, el frío golpeó con más dureza la capital chilena, donde la impresionante vista de la Cordillera de Los Andes cubierta de nieve anuncia la llegada del invierno austral.
Para las más de 15.000 personas que hay en situación de calle en el país, casi 7.000 de ellas en la región Metropolitana, el mal tiempo ha agravado todavía más sus difíciles condiciones de vida.
“Lo están pasando muy mal, se está juntando el hambre con el frío”, dijo a EFE Francisco Javier Román, director ejecutivo de la Fundación Gente de la Calle, que atiende a más de un centenar de personas con comida, ropa o apoyo para pedir ayudas públicas.
Activación del Código Azul
El Gobierno activó por primera vez este año el llamado Código Azul, una iniciativa público-privada que amplía los servicios de emergencia cuando el termómetro desciende a menos de cero grados o cuando hay chubascos con temperaturas inferiores a los cinco grados.
El plan prevé un incremento de 4.000 a 5.000 atenciones diarias a personas sin hogar, en las que se entrega alimentación, ropa de abrigo o sacos de dormir, y se realizan traslados a albergues, anunció este miércoles el ministro de Desarrollo Social y Familia, Cristián Monckeberg.
Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo de Hogar de Cristo, una de las organizaciones más grandes del país para personas que viven en la calle y colaboradora con el Código Azul, informó que las rutas que realizan unos 100 voluntarios se ampliaron de 30 a 40.
Afectados por partida triple
Al hambre que sufren miles de sin techo se les añade el frío cada invierno, pero este año llegó en medio del peor momento de la pandemia de coronavirus en el país austral, que ya acumula casi 260.000 contagios desde que se confirmó el primer caso el pasado 3 de marzo.

Chile figura como el séptimo país del mundo con más infectados, y los fallecidos ascendieron este jueves a 4.903, aunque según un conteo paralelo que incluye los decesos con síntomas sospechosos, el total de muertes superó las 7.000 hace una semana.
Pese a que Santiago y sus conurbaciones llevan más de dos meses en cuarentena obligatoria, y la mayoría de los negocios que no son de primera necesidad permanecen cerrados, los contagios diarios todavía oscilan alrededor de los 4.000.
En este contexto, el catastro del Ministerio de Desarrollo Social reveló el pasado abril que en los últimos 15 años se ha más que doblado el número de personas sin casa en Chile, cifrado ahora en 15.500.
Además, un 35% sufre enfermedades crónicas, y el 43% supera los 50 años, circunstancias que aumentan el peligro para su salud ante un posible contagio de coronavirus.
Una política “seria” para el eslabón más vulnerable
“La situación de las personas sin hogar ha empeorado mucho más porque los albergues están orientados a cobijar sobre todo a los que se han contagiado o han estado en riesgo de contagio”, señaló Miguel Riquelme en una entrevista con EFE desde el Refugio Buen Pastor.
Según el director de esta ONG, los albergues han limitado sus cupos para poder mantener la distancia social por la crisis sanitaria, lo que ha causado que muchas personas, sobre todo del centro de Santiago, se queden desamparadas, como el caso de una mujer embarazada que duerme en un vehículo con su pareja.

El Refugio Buen Pastor acoge a una quincena de personas porque decidió dar prioridad a los adultos mayores o a los que tienen algún problema de salud, y en paralelo entrega comida a diario a otro grupo de 15.
Pese a agradecer medidas como el Código Azul, Riquelme lamentó la "deficiente" y "tardía" respuesta del Ejecutivo durante la pandemia ante el eslabón más vulnerable de la sociedad.
"Las asociaciones queremos una política seria y continuada para la gente de calle, no generar estos parches paliativos en invierno para evitar muertes, que es justo lo que hace el Gobierno como publicidad", criticó.
“La cobertura es absolutamente insuficiente, ya que como máximo alcanza a 6.000 personas, aunque por supuesto que ayuda”, aquejó por su parte el director de la Fundación Gente de la Calle, Francisco Javier Román.
“Las condiciones de vida de las personas sin hogar siempre son extremas, con o sin COVID-19. Sin embargo, con la pandemia se han agudizado algunas situaciones, a la vez que también se han visibilizado”, sentenció Román.
(Con información de EFE)
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