(Reuters/ Ueslei Marcelino)
(Reuters/ Ueslei Marcelino)

Evo Morales ganó su cuarta elección consecutiva, pero ya no es el tsunami que fue en las tres votaciones anteriores, ganadas por 25 y hasta 39 puntos de diferencia sobre el segundo. Por eso se resiste a reconocer aún una probable e histórica segunda vuelta que lo puede sacar después de 14 años del poder. La noche del domingo los bolivianos se fueron a dormir con la sensación de que habrá balotaje, pero sin la certeza de que se realizará, porque el Tribunal Supremo Electoral no consiguió cerrar el escrutinio preliminar oficial. Una incertidumbre similar ocurrió en el referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando el Presidente apostó a los votos del campo, que tardan siempre en conocerse, para dejar abierta por unos días esa votación que finalmente perdió de manera ajustada, en medio de una creciente presión y vigilias ciudadanas para acelerar el conteo y cuidar el voto.

A Morales le faltan seis puntos para zafar del balotaje, en el que no quiere perder. Su confianza en conseguirlo está puesta en un 17 por ciento de los votos de los electores de las áreas más dispersas del país, donde él supone que arrasa a su adversario Carlos Mesa, y en el apoyo de los bolivianos, que viven sobre todo en Brasil y en Argentina, donde siempre también arrasó. De acuerdo con resultados preliminares y extraoficiales, el mandatario boliviano ha conseguido casi un 60 por ciento de los votos en el exterior, lo que le genera la expectativa de subir al menos un punto de su votación, que llegó a un 45,2 por ciento, frente a 38,1 por ciento de Mesa, de acuerdo con el conteo parcial del TSE, mediante la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP). La mayor apuesta de Morales es avanzar a más del 50 por ciento con los votos de las zonas rurales, lo que evitaría el balotaje, aunque el candidato presidencial de Comunidad Ciudadana también suba con la reporcentualización de los votos nulos y blancos, que llegan a un 5 por ciento. Por ahora, el TSE muestra una diferencia de 7 por ciento, lo que aseguraría la segunda vuelta. La única encuestadora autorizada para el conteo rápido extraoficial, la colombiana Viacencia, dio por confirmado el balotaje con su muestra que registró una diferencia de solo cinco puntos entre el primero y el segundo, insuficiente para que Evo Morales evite la segunda vuelta, prevista para el 15 de diciembre.

A medida que el TSE interrumpa el conteo o alargue la espera de los resultados oficiales, aumentará el peligro de una explosión social, que puede ser fatal para la democracia boliviana, ya que los representantes de más de la mitad de los votantes están convencidos de que habrá un balotaje, según lo expresaron la noche del domingo. Incluso Mesa fue el primero en salir a festejar la segunda vuelta como si hubiera ganado la votación, pero horas más tarde se apresuró en alertar que el TSE canceló el TREP, por lo que llamó a los ciudadanos a una vigilia para evitar la manipulación del proceso electoral a favor del Presidente de Bolivia. La misión de observadores de la OEA también pidió al TSE que no interrumpa el conteo. Una autoridad electoral ha dicho a Infobae que se han cumplido con creces las expectativas al difundir la misma noche del domingo hasta un 83 por ciento los resultados de las actas de votación, pero ahora se debe empezar el cómputo oficial, que es el que finalmente vale y para el que hay un plazo mayor, según a ley.

Más allá de la incertidumbre que persiste sobre la elección más abierta de los últimos 14 años, la votación de ayer ratificó al MAS , de Evo Morales, como la primera mayoría política del país y confirmó a Mesa como el más poderoso opositor de los últimos 37 años. Ni siquiera la mejor votación que hizo a Gonzalo Sánchez de Lozada, a Víctor Paz o a Hugo Banzer –presidentes en las décadas pasadas– se acercan a la conseguida ayer por Mesa, que logró concentrar en los últimos 15 días de campaña el “voto castigo” a Morales, expresado en cuatro cabildos de diversas ciudades y capitalizó el llamado “voto útil” para frenar a Evo.

El opositor Carlos Mesa (Reuters)
El opositor Carlos Mesa (Reuters)

Desde ahora, la política boliviana pasará por ambos actores, que concentran el 85 por ciento de la preferencia, lo que inaugura, así, un nuevo ciclo y un escenario de cuasibipartidismo. Si hay balotaje el 15 de diciembre, es muy posible que el próximo presidente boliviano sea Carlos Mesa, considerando el apoyo proclamado anoche mismo por el sorprendente candidato surcoreano Chi Hyung, que resultó tercero, y por el de Bolivia Dice No, Oscar Ortiz, que es el mayor derrotado de esta elección, al terminar cuarto en la votación.

La segunda vuelta, si la hay, la precipitó sobre todo la región de Santa Cruz, que volvió a convertirse en el bastión de la oposición en Bolivia, como lo fue en las primeras elecciones ganadas por Morales. Acabó el ciclo de la supremacía del MAS, incluso en el altiplano boliviano, ya que el partido del mandatario bajó en casi todas las regiones del país, según el conteo de Viaciencia. El voto, sobre todo urbano y joven, ha optado esta vez por el equilibrio del poder. Mesa se impuso en al menos tres regiones. Evo Morales ganó de nuevo, pero debe asumir su nueva realidad de profundo desgaste. Bolivia amaneció este lunes con una cuarta elección que no está todavía cerrada, a diferencia de las tres anteriores en las que “el tsunami Evo” no tuvo rival.

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