(Fotos: Paula Carvalho)
(Fotos: Paula Carvalho)

La entrada a Complexo da Maré es un hormigueo constante de personas que van y vienen. Es martes por la tarde en uno de los complejos de favelas más grandes y peligrosos de Río de Janeiro. Por la intersección de Avenida Brasil y Teixeira Ribeiro circula diariamente buena parte de la población de Maré, ubicada en el norte de la ciudad.

Sólo el ruido de algunas motos tapan el bullicio de una de las áreas comerciales con más movimiento. Las motos son el vehículo preferido de los 150 mil habitantes de Maré para moverse por sus calles estrechas y repletas de obstáculos. También, para muchos, el único medio de transporte disponible. Algunos hombres con pecheras de colores ofrecen el servicio de mototaxi por cinco reales.

Rogerio, 40 años, empleado de un bar en el barrio Nova Holanda, se crió y pasó toda su vida en Maré. "En los últimos años empeoró mucho la situación, está mucho peor vivir aquí", dice a Infobae. Como muchos vecinos de la comunidad, asegura que "ama" el lugar donde vive, pero no oculta que "si tuviera la oportunidad iría a otro lugar".

En Teixeira Ribeiro, principal arteria comercial de la comunidad, se concentra la mayor parte de la tiendas. La disposición de los comercios es confusa. Carnicerías, peluquerías, fruterías y bares se suceden una detrás de otra, sin lógica aparente. 

"A galera (la comunidad) está tensa. El clima cambió en los últimos días. Queremos saber qué va a pasar, si va a haber tanques acá adentro de nuevo o qué piensan hacer", dice Rogerio. 

En Maré sobrevuelan fantasmas. Los moradores intentan seguir con su vida normal, pero la intervención federal que decretó el gobierno de Michel Temer los tiene en vilo desde hace dos semanas. Nadie sabe bien cómo ni cuándo llegarán los militares, pero en el ambiente se respira el temor de que la llegada de los uniformados vuelva a dejar una huella sombría, como sucedió después de la ocupación de 15 meses, entre 2014 y 2015. 

Queremos saber qué va a pasar, si va a haber tanques acá adentro de nuevo o qué piensan hacer

Si bien las fuerzas armadas ya estaban cooperando con la seguridad pública de Río en operaciones puntuales, esta es la primera vez que asumen el control total de la seguridad en el Estado. La autoridad de las policías civil y militar del Estado, junto con el área de inteligencia y el sistema carcelario, será militar al menos hasta diciembre de este año. 

La Avenida Brasil, una de las principales vías express cariocas, marca uno de los límites de Maré. Además de ser famosa por la serie homónima de la red Globo, un suceso en audiencias en los últimos años, la avenida es un corredor que se convirtió en una zona de riesgo por los frecuentes arrastoes (arrastrones) que sufren los conductores cuando el tránsito se detiene.

A 200 metros de esa avenida está la oficina del Observatorio de Favelas que dirige Jorge Luis Barbosa. En las distintas comunidades de Río, el observatorio promueve la investigación y el estudio de la vida en las comunidades.

"Después de 30 años es la primera vez que hay una intervención federal, es un atentado contra la democracia. Tememos que la presencia de más militares generen nuevos episodios de abuso y violencia, necesitamos otro tipo de política pública", dice Barbosa. 

Entre diciembre de 2014 y febrero de 2015, el gobierno federal gastó casi 600 millones de reales en la ocupación de Maré. La misión tenía como objetivo preparar el terreno para la instalación de una Unidad de Policía Pacificadora (UPP), un proyecto que, sin embargo, nunca vio la luz. 

De acuerdo a las estadísticas oficiales del Instituto de Seguridad Pública (ISP), durante ese período los registros de muertes violentas se redujeron un 30%. Fueron 73 casos contra 110 del período anterior. Sin embargo, los militares dejaron la favela con denuncias de violaciones a los derechos humanos y abusos, y se marcharon acusados por los locales de haber realizado apenas un trabajo "cosmético" en el combate al delito.  

"Los números decrecieron pero no hubo resultados a largo plazo ni ninguna evaluación de esa ocupación. Cuando se retiraron, el problema se agravó", explica el director del Observatorio de Favelas. 

Luego de que el presidente Temer anunció la intervención, comandada por el general Walter Souza Braga Netto, Richard Nunes fue ungido secretario de seguridad de Río de Janeiro. El nombramiento alimenta el miedo de los habitantes de Maré: Nunes fue quien comandó la ocupación de la comunidad en 2014.

Caminar por Maré puede ser intimidante. En la transición entre barrios -son 16 en total- dentro de la comunidad, entre Parque Maré y Nova Holanda, unos cuatro jóvenes parados en un recoveco, bajo una maraña de cables, observan todo lo que pasa a su alrededor. No se les pasa por alto ningún movimiento. Llevan armas en la cintura y una mirada desafiante. Son una muestra del estado paralelo que rige en Maré, liderado por el narcotráfico y el crimen organizado. 

A 10 minutos del aeropuerto internacional de Río y a 40 minutos del coqueto barrio de Ipanema, en una comunidad de muy bajos recursos y casas precarias, los números de la violencia son apavorantes. 

El año pasado hubo 42 muertes -una persona cada nueve días- por causa de enfrentamientos armados entre bandas y en operaciones policiales. A eso se le suman 57 heridos por el mismo motivo. Hubo la misma cantidad de muertes (42) que de operaciones policiales en todo el año, con pocos resultados a la vista. Y los niños de Maré perdieron en total 35 días de clase en las escuelas, que debieron cerrar sus puertas por razones de seguridad cada vez que los sorprendía un tiroteo en las inmediaciones. 

El año pasado hubo 42 muertes -una persona cada nueve días- por causa de enfrentamientos armados entre bandas y en operaciones policiales

Irone Santiago, 53 años, vivió muy de cerca los abusos de la policía. En la noche del 12 de febrero de 2015, su hijo, Vitor Borges volvía a su casa después de ver con amigos un partido del Flamengo. Antes de llegar a destino, en la comunidad Salsa e Merengue, el vehículo donde iba fue alcanzado por tiros de los militares. El auto había sido parado y revisado por los militares. Nadie le encontró explicación a los disparos posteriores. Vitor, de 29 años, y padre de una hija de dos años, estuvo en coma casi 100 días y luego quedó parapléjico. 

"Era un infierno todos los días esa ocupación, todos los días tiros. Y los que pagan la peor parte son los pobres, los negros", dice Irone. Los episodios del pasado generan desconfianza sobre el porvenir de esta intervención. "Va a ser mucho peor de lo que pasó la primera vez, ahora están con mucha más autoridad que antes. Asusta mucho", agrega la costurera, que tras el episodio de su hijo comenzó a trabajar en la ONG Redes da Maré, que hace trabajo social en la favela.

De acuerdo a Redes, que elaboró un relatorio de la ocupación en base a mil entrevistados, el 63% aseguró que su casa fue invadida en algún momento, el 41% sufrió agresiones verbales y un 21% dijo haber sido agredido físicamente. 

"Históricamente siempre fue difícil el nivel de violencia acá, pero en los últimos 15 años vimos un recrudecimiento muy importante. Sin embargo, creo que colocar más hombres armados y más fuerzas sólo va a generar más violencia", dice Edson Diniz, director de la ONG. 

Comenzó la cuenta regresiva. Con temor y desconfianza, los moradores de Maré se preparan para vivir recibir a los militares. Para vivir en una guerra permanente. 

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