
La forma en que se transmite la autoridad de un superior a sus empleados depende de cómo ellos la reciban. A menudo, los jefes o quienes aspiran a hablar como tales, buscan asegurarse de que sus ideas sean escuchadas y comprendidas. Según los expertos profesionales y lingüistas, el lenguaje puede socavar o fortalecer la buena gestión laboral.
El desafío de los patrones de habla en el lugar de trabajo es que cada uno crece aprendiendo uno diferente, y cuando uno se convierte en líder en el trabajo, tiende a creer que su estilo lingüístico es el mejor. Deborah Tannen, profesora de lingüística en la Universidad de Georgetown y autora de Hablando de 9 a 5: mujeres y hombres en el trabajo, ha escrito extensamente sobre los diferentes estilos de conversación que los seres humanos llevan al lugar de trabajo.
"La respuesta siempre estará en que cada persona se convierta en un observador de sus propias interacciones", aseveró la especialista en una entrevista. "Si ves que no te gusta resulta una conversación, o que alguien parece reaccionar de manera extraordinaria, podrías retroceder y preguntarte: '¿Podría ser algo sobre la forma en que hablé que tuvo ese efecto? ".

Sin embargo, para Silvia Ramírez Gelbes, experta en lingüística y directora de la maestría en periodismo de la Universidad de San Andrés, lo más importante para un jefe o jefa es adquirir la sensibilidad necesaria para emplear formas corteses, pero estar convencido o convencida de la propia autoridad.
"Me parece que más que en el uso de estrategias de mitigación o de intensificación al hablar, la autoridad se manifiesta en una cierta actitud que proviene de saber que la autoridad conlleva siempre responsabilidad y, por tanto, conlleva estar en la disposición de hacerse cargo de ella", explicó la experta en diálogo con Infobae.
Cuando se hace uso de las frases "no te preocupes" o "no hay problema", la elección de palabras puede tener el efecto contrario. Al verbalizarlas el destinatario puede entender que en realidad en un comienzo había un problema subyacente por el que preocuparse. En otras palabras, tan solo decir la palabra "problema" presenta la posibilidad de que la situación no fue buena. Este tipo de lenguaje puede enviar el mensaje negativo ya que se supone que el sujeto en la situación de poder posiciona al otro como un problema pero estaría dispuesto a dejarlo pasar.
El objetivo de muchas de las conversaciones laborales no es siempre transmitir información, sino a veces establecer una relación entre empleadores y empleados. Y en ese caso, un "no te preocupes" informal puede introducir preguntas no deseadas sobre el desempeño del empleado. A pesar de que el propósito aparente es tranquilizar al otro, el impacto real es inconsciente.
En cambio, optar por "está bien", "por supuesto" o "me complace"

"En primer lugar, algo que muchos psicólogos han sostenido es que es mejor emplear formas positivas al hablar que usar formas negativas. Oswald Ducrot, un lingüista francés, por ejemplo, da pruebas lingüísticas de que detrás de una negación hay una afirmación. De allí que decir 'no hay problema' remite a 'hay problema'", añadió Ramírez Gelbes.
La sugerencia de los expertos entonces es optar por a las formas positivas "está bien", "estoy seguro de que va a ser genial", "me complacería" y "por supuesto".
A la hora de manejar los cumplidos, el lenguaje autocrítico que minimiza un halago puede ser contraproducente, dependiendo de quién lo escuche. Respuestas como "cualquiera podría hacerlo" o "no soy un experto" no favorecen como líder al comunicador que, al revés de lo que parece, está capacitado para resolver contratiempos. Se trata de expresiones minimizadoras que los hacen sonar como si le estuvieran dando poder a su equipo, pero en realidad, lo que provoca es incomodidad.

Hablar como jefe significa volverse multilingüe al equilibrar los idiomas utilizados en un equipo con los idiomas que comprenden las personas que están por encima de uno y califican su desempeño. Una solución para corregir cualquier posible suposición errónea es sobre-comunicar.
Sin embargo, para la especialista, cada comunidad tiene sus propios hábitos discursivos. "En cuanto a lo demás, creo que cada espacio tiene sus usos y costumbres y señalar como universal que no haya que emplear determinadas palabras o giros cuando se está en una posición de autoridad es demasiado rígido y poco realista", concluyó Ramírez Gelbes.
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