Juan Corvalán, director del Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Facultad de Derecho de la UBA, advirtió durante una entrevista exclusiva en Infobae en vivo sobre los riesgos laborales y sociales de los sistemas autónomos
En una charla con el equipo de Infobae al Amanecer, integrado por Nacho Girón, Luciana Rubinska y Belén Escobar, Corvalán propuso evitar tanto la parálisis como la confianza sin límites ante esta tecnología. “Yo creo que hay que temerle un poco y tampoco tenemos que paralizarnos en relación con esta tecnología”, dijo.
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El especialista planteó que el rechazo aparece cuando las personas sienten que un dispositivo creado por humanos puede desplazarlas. “Cuando las personas sienten que un objeto, un aparato, un dispositivo que inventaron los humanos viene por ellos, obviamente que hay un efecto de rechazo y de resistencia al cambio”, explicó.
Corvalán separó los usos productivos de herramientas disponibles para empresas y usuarios de los desarrollos que se prueban en los mayores laboratorios tecnológicos. “No significa: ‘Che, no uses la IA en tu Pyme para acelerar tu proceso productivo’”, aclaró.

Sobre los sistemas con mayor autonomía, precisó que se trata de una tecnología distinta. “Está la IA de frontera, la IA muy autónoma, que tiene mucha agencia, que se está experimentando en grandes laboratorios en Estados Unidos. Esa es una IA”, señaló.
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Para el director del laboratorio de la UBA, el peligro aumenta cuando esos agentes tienen capacidad de intervenir sobre sectores sensibles. “Esa IA es riesgosa en el corto plazo si, por ejemplo, tiene acceso a infraestructura crítica como redes de energía, laboratorios de biotecnología”, afirmó.
En ese punto, cuestionó los mensajes de referentes de la industria que combinan promesas sobre el potencial de sus productos con pedidos de regulación. “Están generando hace años una situación bastante bipolar”, sostuvo sobre figuras como Dario Amodei, Sam Altman y Elon Musk.
Corvalán describió una tensión entre la carrera empresarial, la competencia geopolítica y la pretensión de trasladar el control hacia los Estados. “Por un lado, hacemos lucir que estamos cambiando el mundo y que podemos inventar inteligencia incluso que supere a los humanos. Y, por otro lado, dicen: ‘Bueno, regúlennos, porque lo que estamos inventando se nos va de las manos’”.
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Según su lectura, ese pedido puede apuntar a reducir responsabilidades ante eventuales consecuencias de los desarrollos. “Yo creo que lo hacen en primer lugar para tratar de eximirse de responsabilidad”, aseguró.
La competencia con empresas de otros países también aparece en esa discusión. “Además, está China, es una carrera geopolítica”, indicó, antes de resumir la posición que, según él, adoptan las compañías: “Intentemos desacelerar, pero que venga alguien de afuera y me pare”.
El encuentro sobre IA y dignidad humana que impulsa la UBA
La conversación también abordó el encuentro “Sabiduría y Dignidad en tiempos de la IA”, previsto para los días 15 y 16 de octubre por la Facultad de Derecho de la UBA, la Conferencia Episcopal Argentina y la Academia Vaticana de Ciencias Sociales.
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Corvalán recomendó leer el documento papal dedicado a esta materia, más allá de las creencias personales de cada lector. “Yo le recomendaría leer la encíclica del papa sobre la IA”, expresó.
El investigador ubicó una de las preguntas del debate en la relación que las personas comienzan a establecer con los asistentes conversacionales. “Dónde queda la dignidad humana y el ser humano cuando una tecnología te antropomorfiza”, formuló.
Como ejemplo, mencionó las consultas que usuarios realizan a ChatGPT frente a problemas personales. “Hay gente que hoy el uso más frecuente de ChatGPT es asistencia terapéutica. O sea, las personas le dicen: ‘Hola, me siento mal’, y se lo dicen a ChatGPT”, advirtió.
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El director del laboratorio sostuvo que esa interacción no debe derivar en una mirada fatalista, pero sí exige revisar hábitos de pensamiento. “No, con esto no quiero generar un discurso apocalíptico. Lo que quiero decir es: estamos antropomorfizando esa tecnología, la tratamos como si fuese un humano”, manifestó.
Corvalán llamó a ese proceso “sedentarismo cognitivo masivo” y lo comparó con el cambio que produjeron las máquinas sobre la actividad física. “Esta IA va a hacer que tengamos menos actividad cognitiva”, señaló.
También mencionó el uso de herramientas generativas por parte de niños y adolescentes. “Pensemos que un chico de siete años no esté manipulado por una IA y su lóbulo frontal no pueda entender lo que está pasando en esa dinámica”, planteó.
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Para el especialista, la discusión puede reunir posiciones que suelen estar enfrentadas en otros asuntos públicos. “Pareciera que frente a esta tecnología no hay grieta”, dijo.
Desde esa mirada, propuso que el debate no se limite al temor por los avances técnicos. “¿Podemos usar la IA para que nos ayude en la salud, para que ayude en tareas rutinarias, para que nos haga más productivos? Ahora bien, mientras tanto, ¿hasta qué punto perdemos o no el control?”, preguntó.

Al analizar el mercado laboral, Corvalán ubicó la principal preocupación en empleos que hasta hace pocos años parecían menos expuestos a la automatización. “La principal preocupación hoy es el reemplazo de tareas y de algunos puestos de trabajo de actividades cognitivas de alto nivel, los que se llama trabajadores de cuello blanco”, explicó.
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El abogado recordó que la evolución de estas herramientas modificó su capacidad para producir contenidos y documentos. “Hoy la IA te edita un libro de 40, 50 páginas con el mismo estándar, incluso mejor que un editor humano”, aseguró.
Frente a ese escenario, señaló que los oficios físicos pueden ganar terreno en el corto y mediano plazo. “Ser plomero hoy, estudiar plomería, tiene muchas más chances de empleabilidad que, por ejemplo, si estás trabajando de hacer posteos en las redes sociales”, sostuvo.
La explicación, según Corvalán, está en que los agentes de IA ya pueden asumir una parte de esas tareas. “Los agentes de IA pueden prepararte el posteo, sacarlo, hacer una estimación de métricas y muchas cosas más vinculadas a ese trabajo”, enumeró.
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De todos modos, rechazó la idea de que profesiones como programación, abogacía o contabilidad vayan a desaparecer por completo. “El ingeniero en sistemas de alto nivel es muy importante”, afirmó.
El especialista dijo que quienes tienen experiencia pasan a cumplir funciones de revisión, control y seguridad sobre los resultados de las herramientas. “Un ingeniero en sistemas y una persona con mucha trayectoria en programación hoy lo que está haciendo es editar el código, revisar ciberseguridad”, detalló.
Sobre las previsiones de desempleo masivo, Corvalán pidió considerar que los puestos se transforman y adquieren nuevas funciones. “Se extinguen tareas, se renuevan tareas y la lógica de trabajo se expande”, sostuvo.
Para ilustrarlo, comparó las tareas que integraban un empleo décadas atrás con las que se exigen en la actualidad. “Cuando vos analizás un trabajo, hace 50 años tenía 12 tareas. Analizás el mismo trabajo de hoy, tiene 120”, indicó.
Corvalán definió ese error de cálculo como un “sesgo de proyección”. “Yo me imagino cómo se va a extinguir el laburo de hoy en función de que no conozco las tareas del mañana”, explicó.
El director del laboratorio recurrió al ajedrez para discutir la relación entre rendimiento automatizado y valor humano. “Si ya Deep Blue le ganó a Kasparov, las máquinas juegan millones de veces mejor. ¿Por qué la industria del ajedrez creció? Porque los humanos no querían consumir máquinas jugando. Los humanos querían consumir humanos jugando”, argumentó.
En ese marco, propuso ponderar la experiencia, la escucha y el vínculo entre personas en trabajos que incluyen asistencia o cuidado. “Cuando una víctima va a denunciar, no quiere que estés con la computadora una hora. Lo que quiere es que la escuches, que la atiendas, que la abraces, que la contengas. Después, que la IA llene el formulario”.
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